En estos días he reflexionado mucho sobre si es verdad que nuestra sociedad es ahora más corrupta que antes.
Y esto abarca, sobre todo, a gobernantes y gobernados. Si partimos de lo que ha salido a relucir recientemente, algunos podrían deducir que en cuanto a corrupción se refiere estamos en la peor etapa de nuestra historia, y esto, pienso, dista mucho de la realidad.
Aunque tal vez le extrañe, entre nosotros la corrupción ha disminuido bastante en los últimos años, sin negar que hemos visto con estupor casos importantes de vulgares robos al erario público, con el agravante de que no ha habido condenas.
Pero, a grandes rasgos, la corrupción ha decrecido (no desaparecido). Veamos algunos ejemplos, empezando por los tres poderes del Estado.
En el Ejecutivo, si visitamos las oficinas públicas, ya la famosa “picada” no es lo común, al contrario, en la mayoría de instituciones se nota transparencia y un servicio honesto al usuario.
Como muestra, desde hace tiempo procuramos un pasaporte o una licencia de conducir sin necesidad de buscones o de darle dinero a nadie.
En la mayoría de oficinas públicas se respira un ambiente de integridad.
En el Legislativo, ya la corrupción como norma es cosa del pasado, independientemente de que en ocasiones pudiera estar presente el tenebroso “hombre del maletín”, o de que algunos congresistas compren o vendan proyectos al mejor postor, pero eso es la excepción.
En cuanto a probidad se refiere, el Poder Legislativo está en uno de sus mejores momentos.
En el Poder Judicial es donde más se ha notado la mejoría, y aquí incluyo al Ministerio Público.
Todos recordamos cuando la justicia era un mercado, donde muchos jueces y fiscales tenían la palabra corrupción en la frente.
Gracias a Dios, ya tenemos un Poder Judicial que, con sus fallas, actúa con integridad y eficiencia.
Aquí está el avance institucional más trascendental que hemos tenido desde hace décadas.
Por otro lado, a nadie se le ocurre sobornar a un agente de tránsito (los Amet), y tampoco ellos lo permiten; si nos dirigimos a las Fuerzas Armadas o la Policía Nacional para procurar algún documento es difícil que nos pidan plata a cambio.
Estoy consciente de que estamos progresando en materia de control de la corrupción, aunque la falta de firme supervisión y de sanción moral y legal en casos evidentes, desgraciadamente provoque que algunos concluyan que no es así.
Pedro Domínguez Brito es abogado
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