Jueves, 24 de mayo de 2012 | 4:15 am

Meditaciones varias

Sábado 29 de Octubre de 2011 Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio
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Introducción:

Se me ha ocurrido presentar en un solo bloque una serie de reflexiones, que llamo “Meditaciones varias”. Son piecesitas, que, tal vez, no le digan nada nuevo, pero que llevan semillas de sabiduría, que vale la pena recordar de vez en cuando.

1. LA COMPARACIÓN DE PERSONAS

“Toda comparación es odiosa”, se dice popularmente. Recoge esta expresión  mucha sabiduría. En comparación de personas se disminuye a una persona y se exalta a otro.  Eso es odioso.

La comparación de personas puede llevar a la baja estima de uno y a la sobrestima de otro.

La comparación de personas es un juicio.  En ella se condena, al menos, en parte a uno y se salva a otro.  Ya Jesús enseñó: “No juzguéis y no seréis juzgados”, y también:  “No condéneis.  Con la vara con que midan a los demás seréis medidos”.

Los hijos son como los dedos de la mano:  todos diferentes y cada uno tiene su propio valor.  No comparen a los hijos, como no se deben comparar los dedos de la mano por sus diferencias.

La comparación de personas es una herida al menos favorecido.  El que la hace debe pedir perdón y el desfavorecido de una o de otra manera ha de perdonarlo.

El valorado en una comparación de personas no ha de agradecer el elogio, porque en él se dice una verdad incompleta: el otro también tiene sus cosas buenas.

Todo ser humano tiene sus valores propios, de ahí que toda comparación de personas es una injusticia.

Hablar de preferencias, como decir: “éste o ésta es preferido en la vida  familiar de  tal o cual miembro de la familia” es una comparación de personas, por eso siempre es odiosa, daña las relaciones familiares, hiere afectivamente a alguien y, más tarde o más temprano, se necesitará el perdón.

2. HIJOS MÍOS, DEBO DEJARLES

En la misa oficiada en sufragio del alma de doña Ivonne Haché Vda. Richard, canadiense, con su hija y nietos residiendo en República Dominicana, en el primer mes de su partida el 16 de mayo 2009, en la Parroquia Santa Cecilia, Residencial José Contreras, se nos entregó, según la costumbre, un recordatorio.  En él estaba el siguiente texto, que he usado en algunas de mis homilías:

“Hjos míos, debo dejarles, mi peregrinaje  se ha terminado.  Me he sometido a la voluntad de Dios y veo llegar la muerte con la calma y el coraje que nos da la fe.

Si me aman verdaderamente deberán permanecer unidos entre ustedes.  Les pido que oren y recen, que reciban la Eucaristía y recen por mí.

María, Madre buena y tierna, ten piedad de los que dejo en la tierra.  Protégelos, sálvalos, Virgen  Santa”.

3. RABINDRANATH  TAGORE

El texto de la Señora Ivonne siempre trae a mi mente este poema en prosa de Rabindranath Tagore, literato indio de fama mundial.  Nació en 1861 y murió en 1941.  Esa breve piecesita viene incluida en su obra publicada bajo el título de “El Jardinero”.
Hela aquí:

“¿Por qué me hablas tan despacio al oído, Muerte mía?

Cuando las flores se inclinan, al anochecer, y el ganado vuelve a tus rediles, llegas hasta mí con paso sordo y me dices cosas que no entiendo…

¿Quieres enamorarme con el veneno de tu susurro y con tus besos yertos, Muerte mía?

¿No encantará nuestra boda el esplendor de las ceremonias?  ¿No recogerás con una guirnalda tu rizada cabellera rojiza?  ¿Nadie llegará ante ti con tu estandarte?  ¿Tus antorchas de sangre no iluminarán la noche, Muerte mía?

¡Sí, ve, tocando tu trompa, en la noche desvelada!  ¡Ponme tu manto carmín y coge mi mano!  ¡Quiero oír relinchar a mi puerta, impacientes, los caballos de tu carruaje! ¡Levanta mi velo, mira con orgullo mi rostro, Muerte mía!”

4. ASÍ QUEDA CRUCIFICADO

Mis apuntes dicen que este escrito lo redacté en Medellín, 31 de mayo 1948, y que lo dediqué al P. René Dessiletes, misionero canadiense por muchos años en República Dominicana, y a la Hna. María del Carmen Abbad.  Ambos realizaban estudios de pastoral en el Instituto Teológico Pastoral (ITEPAL) del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).  Un servidor, a la sazón, laboraba allí en el CELAM, con Sede en Bogotá, e iba con frecuencia al ITEPAL, a ofrecer mis servicios en las áreas de Catequesis y Biblia, de los que fui animador y coordinador para toda la Iglesia en América Latina, durante los años 1983-1987.

Es la primera vez que doy a conocer este texto.

“El Padre, hija mía, no puede ir ni delante ni detrás, ni con los avanzados ni con los retrasados. No puede inclinarse ni a un lado ni a otro, ni a la izquierda ni a la derecha.

¿No ves que a lo largo y a lo ancho, arriba y abajo, en la altura y en la profundidad, en todas las dimensiones y niveles, están sus hijos  esparcidos y regados?

Tiene la suficiente apertura para animar a los avanzados, la paciencia necesaria para esperar a los rezagados; prudencia para proteger de males y peligros a los que marchan en vanguardia, coraje para defender de ataques enemigos a los que conservan tesoros de la tradición.

Él ofrece su cabeza levantada, erguida hacia delante, a los retrasados para que avancen; sus piernas tendidas a los avanzados para que, en su vuelo, pisen tierra; a los de derecha alarga su izquierda y a los de la izquierda su derecha.  Así queda crucificado.

Está, pues, en mitad de la cruz y sabe que de esa manera recoge los aportes de  los creadores y vanguardistas,  los valores de los retrasados y la tradición; las cargas rebeldes de la mano izquierda y las cargas estables de la mano derecha.

Y las proclama a los cuatro vientos y los reparte al mundo entero o al pequeño grupo que está firme, junto a él, al pie de su cruz”.

5. SALMO DE TOBÍAS

El hermoso libro de Tobías sitúa su acción en los siglos VIII-VII a. de C., aunque de hecho se escribió en el siglo III a. de C.
El autor y su familia sufren en tierra extranjera, deportados, por los pecados de Jerusalén y de todo su pueblo, Israel, pero como hombre de fe se abre a la esperanza.

El texto, pues, literal e históricamente se refiere a Jerusalén, pero teológicamente hablando se aplica también a la Iglesia
De ahí que la meditación de Tobías 13, 17-19, se aplica tanto a Jerusalén como a la Iglesia.

“Dichosos los que te aman, Iglesia Santa contigo y en tu paz se gozarán.

Dichosos cuantos se  entristecieron por tu azotes y cuando vestiste luto por el mal ejemplo de tus hijos: contigo se alegrarán.

Dichosos los que lloraron cuando tus hijos te descuartizaron, con su mala conducta: contemplarán tu gloria y se regocijarán para siempre al reunir el Señor tus pedazos.

Bendice, alma mía, a Dios, rey grande, porque la Iglesia con zafiros y esmeraldas será reedificada, con piedras preciosas sus muros y con oro puro sus torres y sus al menos”.

6. DIOS NO SE REPITE

Dios no se repite. Dice las cosas de una manera siempre nueva.

Como los poetas, que han de buscar metáforas, comparaciones, frases luminosas, para decir las cosas de una manera siempre nueva.
Dios es poeta y los poetas se parecen a Dios.

En Dios hay mucha belleza.

Quiero beber, gustar las bellezas de este mundo para disfrutar de las infinitas, variadas bellezas, de Dios.

Cuando se dedica, por ejemplo, a crear atardeceres, pinta miríadas, durante millones de años, sin cansarse, día a día.  Todos se parecen, son atardeceres, pero cada uno es diferente.

Yo quería dominar la variedad de las cosas por el conociemto: dándoles un nombre y recordándolas.  Pero no puede. Me cansaba.

Ahora sé que puedo dominar las cosas por la belleza: disfrutando sus hermosuras, su variedad y diciéndolas de manera siempre nueva, como Dios y como los poetas.

Dios no se contradice a sí mismo, pero tampoco se repite.

CONCLUSIÓN

CERTIFICO: que los textos publicados bajo el título “Meditaciones Varias” las escribí en momentos muy diferentes de mi vida.

DOY FE, en Santiago de los Caballeros, a los 28 días del mes de octubre del año del Señor 2011.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es el arzobispo de Santiago

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