Introducción:
Creo que es bueno compartir con los amigos lectores lo que uno piensa, dice o hace. Así, me ha parecido bien comunicarles los puntos que me sirvieron de base para una intervención ante cientos de jóvenes, el 17 de agosto 2011, en la Plaza de España, Madrid, como uno de los muchos actos de preparación inmediata a la Jornada Mundial de la Juventud, presidida por el Papa Benedicto XVI, los días siguientes 19 al 21.
Me inspiré, precisamente, en el lema de la Jornada, indicado por el mismo santo padre: “Arraigados, edificados en Cristo, firmes en la Fe” (véase Col. 2,7).
1. Ustedes están arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe (véase Col. 2, 7).
Como un árbol: bien plantado en sus raíces. Las raíces mantienen la firmeza.
Como un edificio bien fundamentado. Sus cimientos: la roca. Es decir: Cristo. Han tenido un encuentro personal con Cristo; por alguna experiencia concreta: la familia, la predicación del Kerygma, un retiro, un seminario de vida en el Espíritu, el trato con una persona.
Han visto, han oído o han palpado a Cristo de alguna manera y han creído en Él, es decir, lo han conocido, lo han amado. Eso es creer. Y por eso lo siguen: son cristianos, discípulos de Jesús.
2. Sin embargo, aparecen tendencias culturales que enfrían la fe, como en el caso de la comunidad de Colosas, a quien San Pablo dirigió aquella exhortación: manteneos arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe. Igual en nuestra época necesitamos ser confirmados en la fe: frente a las tendencias culturales actuales, que nos invitan adorar y a servir los dioses del dinero, del poder y del placer.
También, la cruz aparece en nuestro camino, como una realidad que puede hacer tambalear nuestra fe. Fue el caso de los apóstoles. Ante la crucifixión de Cristo todos huyeron. El mejor ejemplo es Tomás. La fe se tambaleó. Incluso llegó a decir: Si no veo, no creo. Volvió a encontrarse con Cristo. Se reavivó la fe. Entonces dijo: “Señor mío y Dios mío”. La respuesta de Jesús: “Tomás porque has visto has creído. Dichosos los que crean sin haber visto”.
3. Los apóstoles, después del escándalo de la cruz, volvieron a arraigarse y a fundamentarse en el Cristo resucitado. Pero siguieron con miedo. Necesitaron Pentecostés, ser llenados de Espíritu Santo, mediante el bautismo en el Espíritu.
Entonces su fe no sólo fue firme, sino que sin miedo y con alegría se lanzaron con denuedo a evangelizar. Hoy necesitamos jóvenes, hombres y mujeres, “arraigados, edificados y firmes en la fe”, como nos invita Benedicto XVI, y con aquel entusiasmo y valentía, a los que nos invitaba Juan Pablo II para una nueva evangelización. En lenguaje del Nuevo Testamento es, usando la palabra griega original, la “parresia” que inflama el corazón del apóstol. Esta “parresia” ha de ser el sello de nuestro apostolado”, nos decía él, en el año 1992, en Santo Domingo, en el Discurso inaugural de la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano.
4. Todo esto, “arraigados, edificados en Cristo, firmes en la fe, entusiasmo”, lo veo resumido en la expresión de Juan Pablo II, el Grande, tan repetida por el, “coraggio”, como si dijera: ”Manteneos en Cristo, firmes en la fe, sin miedo, con entusiasmo”. “Sed firmes en la fe, sin miedo y con entusiasmo y valentía, dad testimonio de Él”.
5. ¿Cómo mantenerse arraigados, edificados en la fe?
Retornando al encuentro con Cristo continuamente, mediante un kerygma renovado, escuchando a Cristo en su Palabra, poniéndola en práctica, orando, viviendo en la Iglesia, y en ella en alguna pequeña comunidad específica, y ser llenados cada vez más de Espíritu Santo, es decir, pedir continuamente renovados “Pentecostés”, “Bautismos en el Espíritu Santo” .
6. Mi oración personal a esta altura de la vida es la del Salmo 70: “Dios mío, me instruiste en mi juventud y hasta hoy relato tus maravillas, ahora en la vejez y en las canas no me abandones, Dios mío”.
Desde mi juventud me he mantenido arraigado, edificado en Cristo, firme en la fe. Pero aún ahora cuando ya peino canas, he de pedir mantenerme como un árbol, fiel a mis raíces, edificado sobre la roca, que es Cristo, y firme en la fe, que recibí de mis padres y de la Iglesia.
En cambio la oración de ustedes, queridos jóvenes, tomando diferentes modelos del evangelio, puede ser una de éstas:
• “Señor, yo creo, pero aumenta mi fe”.
• “Señor, fortalece mi fe”.
• “Señor, mantén firme mi fe, ante las tendencias culturales del mundo actual que alejan de Ti y ante la cruz que encontraré en mi camino”.
Para que entonces, cuando pasen los años, puedan rezar conmigo el salmo 70: “Dios mío, me instruiste en mi juventud y hasta hoy relato tus maravillas, ahora en la vejez y en las canas no me abandones, Dios mío”.
7. Quiero, finalmente, animar al movimiento de la renovación carismática a que siga proclamando a Cristo vivo, camino, verdad y vida; mantenga, sistemáticamente, la práctica de orar pidiendo el bautismo en el Espíritu Santo; y siga creando comunidades de jóvenes o adultos, arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe, inflamados por la “parresia”, es decir, el entusiasmo y la valentía.
CONCLUSIÓNCERTIFICO: que cuanto he dicho mas arriba corresponde a los hechos anunciados en la Introducción.
DOY FE, en Madrid, España, el día 18 de agosto del año del Señor 2011.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es el arzobispo de Santiago
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