1. dios me despierta 
Cuando yo era niño, Dios me despertaba con el canto del gallo, en las mañanas lluviosas de mayo o en las secas del verano. Cuando, siendo adolescente, me tecnologicé, me despertaba Dios con un reloj despertador, en la época del cambio climático de fines del siglo XX, en la que ya no se sabía cuáles mañanas serían lluviosas o cuáles no.
Cuando de joven me enamoré, me despertaba Dios con los pasos de mi amada, al caminar ella sobre el piso de tablas de pino sin alfombras.
Cuando me sentí poeta, la voz despertadora de Dios eran las avecillas de las 5:45 de la mañana o las que se despertaban junto con el sol, tanto en el campo como en la ciudad.
Cuando duermo a la orilla del mar, me despierta Dios con el sordo retumbar de las olas que lo invaden todo, sí, las mismas olas que me dieron inmensa paz para dormir tranquilo durante la noche, tocan a la ventana de mi habitación con potente sonido por mandato de Dios.
Cuando estoy en mi habitación, me despierta Dios con el aroma del café de la mañana, recién colado, que Él mismo me trae en una bandeja portada por alguien que me ama.
Cuando ya no uso despertador, nunca me atraso al despertar, porque Dios me despierta, siempre a tiempo, mediante las almas del purgatorio, por un pacto para este fin, que firmé con ellas con la anuencia de Dios.
2. DIOS SE SENTABA CON NOSOTROS Cuando iba a mi casa en Higüey los jueves en la mañana, mi padre, mientras vivió, se levantaba muy temprano y colaba café. Mi mamá aún dormía. El aroma del café me despertaba, me levantaba igualmente, tomaba café con él, conversábamos y me volvía a acostar.
En ese momento yo creía que era Dios quien me despertaba con el aroma del café y que Él mismo me lo traía en la bandeja que portaba papá. Solamente eso. Nada más. Pero no había caído en la cuenta de que Él se sentaba con nosotros a tomar café y a dialogar. Entonces o Él callaba o yo no oía su voz.
Después que murió papá, Él me sigue despertando con el aroma del café, continúa trayéndolo en la bandeja portada por alguien que me ama, pero ahora sé que Él se sienta cada mañana conmigo a tomar café y a dialogar conmigo. Algunas veces yo retorno a la cama y Él va conmigo. O me pongo a escribir o a rezar o a bañarme y está ahí, junto a mí. Yo no tengo vergüenza de que Dios me vea desnudo cuando me baño, de la misma manera que no me avergüenzo cuando ve mi alma y mi conciencia, que permanecen desnudas siempre ante su mirada.
3. EL LIBRO Hoy, cuando tomaba el café de la mañana con el Padre Dios, pensé: Cuando esté en el cielo con Él, ¿cómo tomaremos el café de la mañana? Porque allí no hay noches ni días ni amanecer ni atardecer, porque todo es luz y Jesucristo, el Cordero muerto y resucitado, es la Lámpara que ilumina la ciudad celestial.
Entonces, el Padre me habló de “el Libro”. Me dijo: Tú hablas de tres libros, el libro de la Creación, el libro de la Historia y de la Biblia, pero en realidad existe un solo Libro, Jesucristo. Él es el Libro y aquello tres libros hablan de Él y hacia Él conducen.
Los libros de ustedes los escritores, son pequeños libros, muy pequeños, con unas pocas páginas cada uno, que tratan algo de aquellos tres libros, o mejor dicho, son un puñado de palabras del único Libro, o si se quiere, de la única Palabra.
Encontré ahí una respuesta a mi pregunta: ¿Por qué se escriben tantos libros? Descubrí que nuestros libros humanos, en realidad, todavía son muy pocos, porque de los tres libros y del Libro, ¿quién o quiénes podrán poner por escrito las infinitas palabras que contienen?
Luego me recordó el Padre, sí, fue Él, verdades que ya había recibido. Son éstas:
“Por medio de mi Palabra, que se hizo hombre, fueron creadas las cosas, celestes y terrestres, visibles e invisibles. Todo fue creado por Él y para Él y es Él es la cabeza de todo.
Sus signos aparecen en los tiempos de la historia y en todas las culturas, religiones y acciones humanas hay semillas de mi Cristo. Él está en todas ellas, hecho verdad, belleza o bondad. Él es el centro de la historia, su principio y su fin, el Alfa y Omega.
Moisés y los profetas hablaron de Él, toda la escritura bíblica se refiere a Él, es anterior a Abraham e hijo de David. Él es la Biblia, el libro de los libros, la palabra eterna, creado hombre judío, en la historia judía y de cultura judía”.
Recordé, en ese momento, aquella página mía del año 2000, al entrar el tercer milenio: “Jesucristo y mi pluma”. Hela aquí:
4. JESUCRISTO Y MI PLUMA Como escritor he puesto mi pluma al servicio de la Palabra. Ella ha sido fuente, medio y meta de mis trabajos literarios. En éstos buscaba prestar un servicio a la verdad y proclamarla. Quería construir el bien y anunciarlo. Traté de escribir con belleza sobre la verdad y el bien.
Porque la verdad, el bien y la belleza, son tres características de las personas, las cosas y los hechos y pueden ser recogidas por la pluma separadamente o juntas. Si van unidas las tres, mucho mejor. Y aunque no se las una explícitamente siempre se descubrirán semillas de una u otra en el discurso de una obra: lo verdadero hace bien; el bien es verdad y embellece a las gentes; lo bello es parte de la verdad de los entes y hace bien.
Como escritor he puesto mi pluma al servicio de la Palabra, es decir, de Cristo. Él es la fuente, el medio y la meta de todos mis trabajos, sean literarios o de otro tipo.
Cristo, la Palabra, es verdadero, bueno y bello. Cuando yo hablo o escribo (porque no tengo otro objetivo sino lo verdadero, lo bueno y lo bello), siempre hablo y escribo a Cristo, aunque no cite su nombre, porque mi objetivo es Él.
Donde quiera que haya semillas de verdad, de bondad y de belleza, correré tras ella, es decir, correré hacia Cristo, correré hacia la Palabra y trataré de pronunciarla y ponerla por escrito.
Buscaré prestar un servicio a la verdad y proclamarla; me empeñaré en construir el bien y anunciarlo; estaré atento para captar la belleza cuando pase y escribirla, si es que puedo. Si logro expresar la verdad y el bien, bellamente, tanto mejor. Entonces mis escritos recogerán mejor a Cristo, se parecerán más a Él y la Palabra será más completa y eficaz, porque será verdad, belleza y bien.
CONCLUSIÓN: CERTIFICO: que cada mañana Dios me despierta y se sienta conmigo a tomar el café de la mañana, que Él mismo me trae en una bandeja, portada por alguien que me ama.
DOY FE, en Santiago de los Caballeros, a los 2 días del mes de julio del año del Señor 2011.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es el arzobispo de Santiago
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