INTRODUCCIÓN:
Quiero presentarles hoy un libro, cuya segunda edición, ampliada y corregida, se puso a circular en el marco de la XIV Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2011 el 12 de mayo.
Cuando un libro cae en mis manos, lo primero que miro es el índice. El índice de éste que presentamos ahora, “El quehacer de la Iglesia (1511-2011). Historia y Antología”, del P. José Luis Sáez, S. J., enseguida muestra dos partes, bien definidas, con catorce títulos.
Pero cuando uno se adentra en él, tal vez usted descubra, como me pasó a mí, que se trata de una mesa en la que hay diez deliciosos platillos de entrada, la primera parte; y cuatro platos más fuertes, la segunda parte; o, quizás, como me pasó a mí también, cuando vea en más detalles sus datos, sus notas, su bibliografía y su antología de documentos diga: - “Es realmente una fuente a la que hay que acudir para referirse a los primeros quinientos años de la historia de la Iglesia en República Dominicana”.
Me parecieron, igualmente, estos catorce títulos, como si fueran personajes, llenos de vida, no simples hechos de un pasado ya ido. A lo mejor esto se deba al genio del P. José Luis Sáez, a quien siempre he percibido, como a sus ojos, muy inteligente y perspicaz, con un estilo propio que sabe destacar aspectos de la historia en los que otros no se fijan, dándoles así un sabor propio.
Pido su permiso para presentarles, brevemente estos platos, estudios o personajes, de este valioso libro que usted y yo estamos manejando.
1. LA PRIMERA PARTEDecía que la primera parte nos ofrece diez títulos o deliciosos platillos, que corresponden a diez estudios o personajes con luz propia. Son ellos magníficos resúmenes de largos períodos de la historia eclesiástica dominicana, muy condensados, como los “consomés”, que concentran mucha substancia en una taza de caldo.
Sólo un experto, que tenga a mano y domine muchos datos, como el P. Sáez, puede prepararnos tales concentrados, en un estilo, además, de fácil lectura. Basta dar una mirada a las citas y notas a pie de página para caer en la cuenta de la buena fundamentación de cada afirmación y de que realmente esos párrafos son una concentración de muchas y sólidas investigaciones.
El P. José Sáez, como usted lo verá cuando se adentre en la lectura de su obra, nos permite tener, de un golpe, una visión de conjunto de cada siglo.
Así, usted puede gustar, rápidamente, el quehacer de la Iglesia en sus primeros tiempos en el título número uno; el del siglo XVI, en el número dos; el del siglo XIX, en el número tres; y el del siglo XX, período de una Iglesia más madura, en pleno crecimiento e inmersa en circunstancias muy distintas, necesitará cinco “platillos”, los números cuatro al ocho.
Sin que se les pueda llamar “postres”, los títulos nueve y diez nos ofrecen los últimos dos “platillos”, que tienen sabor a conclusión: “Al cumplir cinco siglos de nacimiento (1511-2011) y “Balance provisional de cinco siglos de la Iglesia Dominicana”.
Debo confesar que leí con gusto los datos correspondientes a cada uno de esos títulos y aprendí que, cuando quiera buscar un buen resumen bien fundamentado de un determinado período del quehacer de la Iglesia, sé adónde acudir. Además, tanto usted como yo, si queremos profundizar un determinado tema o período, tenemos a mano, a pie de página, un apartado de notas o referencias riquísimo, al que podemos, igualmente, acudir para terminar de saciarnos.
2. LA SEGUNDA PARTELa segunda parte, como he dicho, nos ofrece cuatro títulos o trabajos, a los que me pareció apropiado llamarlos “platos fuertes”.
a) El primero, puede considerarse, sin lugar a dudas, como un marco, en el que se encuadra, de manera sintética, siglo por siglo, todo el quehacer de la Iglesia en esos quinientos años.
La labor, que se impuso aquí el P. Sáez, nos permite rápidamente ver en un par de frases acontecimientos y fecha unidos. Se puede decir que en poco tiempo usted puede echar un vistazo al conjunto de cinco siglos de historia eclesiástica; o también puede ver en ese instrumento que le sirve para encontrar con prontitud un dato o una fecha, que le interesa en determinado momento.
A simple vista parece un elenco seco y frío de fechas y datos sin mayor interés. Sin embargo, cuando se lee con los ojos del historiador o del deseoso de saber, se descubre que es una lectura, ciertamente interesante, y que nutre bien, además, al que se deja alimentar de ese contenido.
b) Otro repaso del quehacer de la Iglesia Dominicana se puede hacer a través de aquellos que han ejercido el gobierno de la misma en sus quinientos años. Es el segundo plato fuerte.
Hasta 1953 sólo existía una jurisdicción eclesiástica, la de Santo Domingo. Esta, de 1511 a 2011, ha sido guiada por 43 arzobispos y otros 64 sacerdotes más en períodos de Sede Vacante, como gobernadores eclesiásticos, provisores, o administradores apostólicos.
Los períodos, en los que no hubo un Arzobispo, nos hablan de los avatares y dificultades del quehacer de la Iglesia para realizar su misión evangelizadora. Son trozos históricos muy interesantes, que nos muestran, al mismo tiempo, la dura realidad socio-política de la nación y la repercusión que ésta tenía en la Iglesia misma.
Si en 1511 había dos Diócesis, Santo Domingo y La Vega, las cuales en 1526 se fundieron en una sola, la de Santo Domingo, con uno o dos obispos según la época, en el 2011, quinientos años después, hay 11 diócesis, cada una con su obispo al frente.
En estos cinco siglos, junto a los 43 arzobispos de Santo Domingo, la Iglesia Dominicana ha tenido otros 24 obispos ordenados para el gobierno de la Iglesia Dominicana. A ellos hay que añadir ocho obispos auxiliares, que han permanecido como tales.
El estudio del “Quehacer de la Iglesia Dominicana” del P. Sáez, como uno de sus aportes, nos dice que para la República Dominicana han sido ordenados y se han sucedido uno a otro 75 obispos en el gobierno de la misma, desde el 1511 al 2011.
c) La bibliografía, en las publicaciones, se ponen como complemento y fundamentación de las afirmaciones emitidas en la obra.
Sin embargo, en ésta del P. Sáez, he tenido la impresión de que él quiere mostrar la bibliografía con su propia fisonomía, como un personaje al que hay que acercarse para tratar directamente con él, como un capítulo más del libro, no como una fuente a la que se puede acudir eventualmente.
Así que me acerqué a este plato de la mesa y leí sus dos acápites, “Fuentes impresas” y “Literatura”, como un capítulo más para enterarme de cuánto se ha escrito sobre historia de la Iglesia Dominicana. Por supuesto, que me enriquecí con la sola lectura de la bibliografía. Además, ayuda a conocer con más detalle adónde acudir para profundizar un determinado tema, si se desea.
d) Considero que hemos de valorar, igualmente, la antología de documentos, que nos brinda el P. José Luis. Son 22 en total, que van, justamente, de 1511 a 2011. Textos éstos, a mi parecer, cuidadosamente escogidos, para mostrar aspectos clave del quehacer de la Iglesia Dominicana. Tal vez, alguien podría pedir que se incluyeran otros.
Pero no es la intención del autor, estoy seguro de ello, el entregarnos una publicación exhaustiva, contentiva de la amplísima documentación de la Iglesia Dominicana. Eso pediría varios volúmenes. Esta selección se me parece a un ensayo, donde el ensayista quiere destacar o acentuar ciertos aspectos en medio de todo lo que puede decir. Una lectura rápida del “Índice del Documento” prueba mi afirmación.
Además, enseguida se ve que el P. José Luis quiere poner en nuestras manos documentos muy buscados por los lectores o estudiosos, pero que no siempre se encuentran fácilmente. Piénsese, por ejemplo, en los seis documentos de los obispos dominicanos de 1960-1961, relativos al final de la época de Trujillo. Me consta que son muchos los que quieren tenerlos. Dígase lo mismo de cierta documentación fundamental de los siglos XVI-XIX, no tan fácil de obtener.
Creo que estos 22 documentos transcritos en esta obra son un plato sabroso, que va a nutrir la mente de muchas personas y les ayudará a tener una visión adecuada y bien fundamentada del quehacer de la Iglesia.
3. LA IGLESIA Y LA PATRIAFinalmente, quiero notar que, como las demás obras históricas del P. Sáez, también ésta no es una simple transcripción de fríos datos, sino que él hace una lectura de ellos y nos hace descubrir la vida que encierran, destacando ciertos aspectos importantes.
Así, a mí me parece que nuestro historiador nos muestra una Iglesia en la que, en su quehacer, se unen estrechamente la actividad estrictamente religiosa y la promoción humana y defensa de los derechos de los dominicanos, como lo hace ella desde el Sermón de Montesinos; nos quiere señalar que no es una Iglesia de “sacristía”, sino que está inmersa en los problemas públicos del país, sociales, económicos y políticos, los cuales influyen directamente en el devenir mismo de la Iglesia, en sus valores y fallos, y ella, a su vez, incide con sus orientaciones y posturas en esa vida misma pública dominicana.
Es una Iglesia que trata de ser fiel a ella misma, pero que tiene sus pies metidos en el polvo y lodo del pueblo al que sirve. El P. Sáez, a mi modo de ver, no quiere que se deje ver que en el quehacer de los hombres y mujeres de Iglesia han ido de la mano el amor a la religión y a la patria.
CERTIFICO y doy fe, en Santiago de los Caballeros, a los 06 días del mes de junio del año del Señor 2011.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es el arzobispo de Santiago
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