Jueves, 24 de mayo de 2012 | 3:57 am

En la era digital

Sábado 04 de Junio de 2011 Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio
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Desde mis años jóvenes, descubrí que el periódico de la Iglesia “L’OSSERVATORE ROMANO”, editado en el Vaticano, era una fuente excelente para mantenerse al día de los grandes acontecimientos de la humanidad y de la Iglesia.  No solamente esto.

También era un valioso instrumento para saber orientar lo viejo y lo nuevo, que acontece en el mundo.  La sabiduría acumulada por la Iglesia católica en sus dos mil años de existencia, sirve magníficamente para iluminar  cualquier hecho, palabra o acción.

Lo que diga de manera general de “L’osservatore Romano” se aplica de manera particular al Papa, que en esos momentos ocupe la Cátedra de Pedro.  Él trata los más diversos temas y arroja sobre ellos luces que uno no encuentra en otras partes.

Así acontece, muy concretamente con algo tan moderno y actual como la comunicación a través de Internet y los continuamente actualizados medios digitales.

Justamente para la 45ª  Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 5 de junio 2011, propiciada cada año por la Iglesia católica, el Papa Benedicto XVI ha tomado entre sus manos la así llamada  “era digital”, ha reflexionado sobre ella y nos ha ofrecido un mensaje con consideraciones profundas y bellas, que no se pueden dejar pasar por alto.

Son éstas, precisamente, las que quiero presentarles hoy.  Y, junto con él, compartirlas con todos. Cuanto cito entre comillas son palabras textuales del Papa Benedicto XVI, extraídas del Mensaje, al que nos hemos referido.

1. EL INTERNET
La propagación de la comunicación a través del Internet es un fenómeno característico de nuestro tiempo, que ha revolucionado nuestra época actual.

“Se extiende cada vez más la opinión de que, así como la revolución industrial produjo un cambio profundo en la sociedad, por las novedades introducidas en el ciclo productivo y en la vida de los trabajadores, la amplia transformación en el campo de las comunicaciones dirige las grandes mutaciones culturales y sociales de hoy. Las nuevas tecnologías no modifican sólo el modo de comunicar, sino la comunicación en sí misma, por lo que se puede afirmar que nos encontramos ante una vasta transformación cultural. Junto a ese modo de difundir información y conocimientos, nace un nuevo modo de aprender y de pensar, así como nuevas oportunidades para establecer relaciones y construir lazos de comunión”.

2. LA ERA DIGIGAL
El  nuevo mundo digital abre inmensas posibilidades, nos ofrece nuevas tecnologías, pero ¿qué sentido,  qué orientación han de tener?
“Se presentan a nuestro alcance objetivos hasta ahora impensables, que asombran por las posibilidades de los nuevos medios, y que a la vez exigen con creciente urgencia una seria reflexión sobre el sentido de la comunicación en la era digital. Esto se ve más claramente aún cuando nos confrontamos con las extraordinarias potencialidades de Internet y la complejidad de sus aplicaciones. Como todo fruto del ingenio humano, las nuevas tecnologías de comunicación deben ponerse al servicio del bien integral de la persona y de la humanidad entera.  Si se usan con sabiduría, pueden contribuir a satisfacer el deseo de sentido, de verdad y de unidad que sigue siendo la aspiración más profunda del ser humano”.

3. LAS REDES SOCIALES
“Internet”,  “era digital” equivale a decir que también allí se establece una “red social”.  Esta novedad en la comunicación nos ha llevado a renovar una serie de valores claves en la vida humana, pero también nos ha mostrado algunos límites, que se tornan peligrosos y riesgosos para el mismo ser humano.

3.1 “Transmitir información en el mundo digital significa cada vez más introducirla en una red social, en la que el conocimiento se comparte en el ámbito de intercambios personales. Se relativiza la distinción entre el productor y el consumidor de información, y la comunicación ya no se reduce a un intercambio de datos, sino que se desea compartir. Esta dinámica ha contribuido a una renovada valoración del acto de comunicar, considerado sobre todo como diálogo, intercambio, solidaridad y creación de relaciones positivas. Por otro lado, todo ello tropieza con algunos límites típicos de la comunicación digital: una interacción parcial, la tendencia a comunicar sólo algunas partes del propio mundo interior, el riesgo de construir una cierta imagen de sí mismos que suele llevar a la autocomplacencia”.

3.2 “De modo especial, los jóvenes están viviendo este cambio en la comunicación con todas las aspiraciones, las contradicciones y la creatividad propias de quienes se abren con entusiasmo y curiosidad a las nuevas experiencias de la vida. Cuanto más se participa en el espacio público digital, creado por las llamadas redes sociales, se establecen nuevas formas de relación interpersonal que inciden en la imagen que se tiene de uno mismo. Es inevitable que ello haga plantearse no sólo la pregunta sobre la calidad del propio actuar, sino también sobre la autenticidad del propio ser. La presencia en estos espacios virtuales puede ser expresión de una búsqueda sincera de un encuentro personal con el otro, si se evitan ciertos riesgos, como buscar refugio en una especie de mundo paralelo, o una excesiva exposición al mundo virtual. El anhelo de compartir, de establecer ‘amistades’, implica el desafío de ser auténticos, fieles a sí mismos, sin ceder a la ilusión de construir artificialmente el propio ‘perfil’ público”.

3.3 “Las nuevas tecnologías permiten a las personas encontrarse más allá de las fronteras del espacio y de las propias culturas, inaugurando así un mundo nuevo de amistades potenciales. Ésta es una gran oportunidad, pero supone también prestar una mayor atención y una toma de conciencia sobre los posibles riesgos. ¿Quién es mi “prójimo” en este nuevo mundo? ¿Existe el peligro de estar menos presentes con quien encontramos en nuestra vida cotidiana ordinaria? ¿Tenemos el peligro de caer en la dispersión, dado que nuestra atención está fragmentada y absorta en un mundo “diferente” al que vivimos? ¿Dedicamos tiempo a reflexionar críticamente sobre nuestras decisiones y a alimentar relaciones humanas que sean realmente profundas y duraderas? Es importante recordar siempre que el contacto virtual no puede y no debe sustituir el contacto humano directo, en todos los aspectos de nuestra vida”.

4. EL CRISTIANO EN LA ERA DIGITAL
Todo descubrimiento científico o avance tecnológico se coloca dentro de la continua evolución de la creación y de la humanidad.  Allí, en eso tan humano, está inserto el cristianismo.  De ahí que todo cristiano, como ser humano, lo quiera o no, hace parte de la era digital.  Pero su condición de cristiano, su visión del mundo, sus esperanzas, sus ideales, le llevan a ponerle un sello propio, dentro del estilo de Jesús.

4.1 “También en la era digital, cada uno siente la necesidad de ser una persona auténtica y reflexiva. Además, las redes sociales muestran que uno está siempre implicado en aquello que comunica. Cuando se intercambian informaciones, las personas se comparten a sí mismas, su visión del mundo, sus esperanzas, sus ideales. Por eso, puede decirse que existe un estilo cristiano de presencia también en el mundo digital, caracterizado por una comunicación franca y abierta, responsable y respetuosa del otro. Comunicar el Evangelio a través de los nuevos medios significa no sólo poner contenidos abiertamente religiosos en las plataformas de los diversos medios, sino también dar testimonio coherente en el propio perfil digital y en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio, incluso cuando no se hable explícitamente de él”.

4.2 “El compromiso de ser testigos del Evangelio en la era digital exige a todos el estar muy atentos con respecto a los aspectos de ese mensaje que puedan contrastar con algunas lógicas típicas de la red. Hemos de tomar conciencia sobre todo de que el valor de la verdad que deseamos compartir no se basa en la ‘popularidad’ o la cantidad de atención que provoca. Debemos darla a conocer en su integridad, más que intentar hacerla aceptable, quizá desvirtuándola. Debe transformarse en alimento cotidiano y no en atracción de un momento”.

4.3 “Con todo, deseo invitar a los cristianos a unirse con confianza y creatividad responsable a la red de relaciones que la era digital ha hecho posible, no simplemente para satisfacer el deseo de estar presentes, sino porque esta red es parte integrante de la vida humana. La red está contribuyendo al desarrollo de nuevas y más complejas formas de conciencia intelectual y espiritual, de comprensión común. También en este campo estamos llamados a anunciar nuestra fe en Cristo, que es Dios, el Salvador del hombre y de la historia. Aquél en quien todas las cosas alcanzan su plenitud (cf. Ef 1, 10). La proclamación del Evangelio supone una forma de comunicación respetuosa y discreta, que incita el corazón y mueve la conciencia; una forma que evoca el estilo de Jesús resucitado cuando se hizo compañero de camino de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35)”.

4.4 “La verdad, que es Cristo, es en definitiva la respuesta plena y auténtica a ese deseo humano de relación, de comunión y de sentido, que se manifiesta también en la participación masiva en las diversas redes sociales. Los creyentes, dando testimonio de sus más profundas convicciones, ofrecen una valiosa aportación, para que la red no sea un instrumento que reduce las personas a categorías, que intenta manipularlas emotivamente o que permite a los poderosos monopolizar las opiniones de los demás”.

CONCLUSIÓN
CERTIFICO que cuanto cito entre comillas en mi trabajo “En la era digital” son palabras textuales del Papa Benedicto XVI, extraídas de su mensaje con  motivo de la 45ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

DOY FE en Santiago de los Caballeros,  a los  3 días del mes de junio del año del Señor 2011.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es el arzobispo de Santiago

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