(2 de 2) INTRODUCCIÓN: 
He creído bueno y conveniente entregar en dos partes las “Palabras de Julio César Castaños Guzmán en ocasión de la presentación del libro “Benedicto XVI sobre el amor, la verdad, y otros temas”, de la autoría de Monseñor Ramón Benito de la Rosa y Carpio, Arzobispo Metropolitano de Santiago, en la XIV Feria Internacional del Libro, dedicada a la Santa Sede, en fecha 10 de mayo de 2011”, según titulara el mismo Dr. Castaños el presente trabajo.
En aquella primera entrega di a conocer prácticamente la mitad del discurso del Dr. Castaños. Hoy, como usted verá, aunque esta parte es completiva de aquella, tiene sentido en sí misma y se puede comprender como si fuera independiente. Hela aquí:
9. “En junio de 2009, aparece CARITAS IN VERITATE, “El amor en la verdad”, con las distinciones de amor y verdad, amor y justicia y El amor y el bien común. La encíclica “El amor en la verdad”, viene a ser además, conforme analiza monseñor de la Rosa, un pequeño tratado acerca de la globalización y el desarrollo, que él tiene a bien resumir en distintos puntos que van desde el hambre, la religión, la democracia, el gobierno, ciencia y tecnología, y medios de comunicación, entre otros.
Thomas S. Kuhn en “La estructura de las revoluciones científicas”, deja claro que la historia de la ciencia demuestra que algunos paradigmas se mantienen vigentes durante un tiempo; pero, que lo que se tenía por cierto en un momento determinado, lo que ocupaba el puesto de una verdad absoluta, incluso lo que se tenía por un dogma, había caído como consecuencia de que la “verdad” que sostenía ese postulado resultaba insostenible fruto de la comprobación de una nueva verdad.
10. La primera vez que escuché personalmente a Benedicto XVI, fue el 13 de mayo de 2007, en Aparecida, Brasil, durante el acto de la sesión inaugural de La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, evento al que asistí invitado por el Santo Padre como laico, en compañía de mi esposa Velkys, y por supuesto que acompañando nosotros a monseñor de la Rosa, quien asistió en su calidad de entonces presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano, así como de varios obispos y sacerdotes dominicanos; pero, lo que más me impresionó en dicha ocasión, fue cuando en el discurso pronunciado por el papa Ratzinger planteó:
“Formar las conciencias, ser abogada de la justicia y de la verdad, educar en las virtudes individuales y políticas, es la vocación fundamental de la Iglesia (…). Y los laicos católicos deben ser conscientes de su responsabilidad en la vida pública; deben estar presentes en la formación de los consensos necesarios y en la oposición contra las injusticias”.
Una especie de maniqueísmo que sutilmente subyace en la cultura religiosa, a veces lleva a pensar erróneamente, que la religión no tiene nada que ver con la política, llegando incluso a considerar esta última como una actividad intrínsecamente mala o diabólica; pero, si bien la religión y la política abarcan campos diferentes, no menos cierto es, que la actividad política conlleva la formulación de ideas atinentes a la filosofía que pretenden resolver las interrogantes acerca de ¿quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Para dónde voy? y se olvida que la religión abarca todas las actividades del hombre y la mujer, incluyendo la política, enjuiciándola desde el punto de vista de la moral y los valores fundamentales. Y también abarca el concepto del bien común, que es teleológicamente el fin último de cualquier doctrina política.
Belén, el lugar del nacimiento del propio Jesús de Nazaret fue determinado por una política pública, el censo ordenado por Tiberio César en tiempos en que Quirino era gobernador de Siria, obligó a sus padres a viajar por un desierto. Unos Reyes lejanos se trasladaron tras la luz de una estrella para adorarlo; pero, Herodes que para esos tiempos también reinaba, lo buscaba para matarlo. Bien conoció Jesús la brutalidad de los poderes públicos cuando Herodes hizo decapitar a su primo Juan Bautista, porque denunció una práctica inmoral del propio Rey. Y no pocas veces tuvo que ocultarse. Pero el día de su propio juicio, tipificado por sedición (le acusaban de proclamarse rey), hubo de afirmar que Pilatos no tendría ningún poder sobre él si no le hubiese sido concedido de lo alto.
Tal y como nos lo apunta el autor de la obra que ponemos a circular hoy, con una cita oportuna, “la globalización es un fenómeno, que no puede dejarse al azar, ni que sea anárquico. Se hace pues necesario gobernar la globalización…”.
“La globalización necesita ciertamente, nos dice el Santo Padre, una autoridad, en cuanto plantea el problema de la consecución de un bien común global; sin embargo, dicha autoridad deberá estar organizada de modo subsidiario y con división de poderes, tanto para no herir la libertad como para resultar concretamente eficaz”.
11. El Papa Ratzinger, hablándole a los jóvenes y seminaristas estadounidenses, en abril de 2008, acerca de lo bueno, lo bello y lo verdadero, refiriéndose a Hitler y al nazismo, hizo estas confesiones:
“Mis años de teeneger fueron arruinados por un régimen funesto que pensaba tener todas las respuestas; su influjo creció -filtrándose en los organismos civiles, así como en la política e incluso en la religión- antes de que pudiera percibirse claramente que era un monstruo”.
“Declaró proscrito a Dios, y así se hizo ciego a todo lo bueno y verdadero”.
“Demos gracias a Dios por todos los que lucharon para asegurar que puedan crecer en un ambiente que cultiva lo bello, bueno y verdadero: sus padres y abuelos, sus profesores y sacerdotes, las autoridades civiles que buscan lo que es recto y justo”.
En ese mismo viaje hablando en New York, a los educadores católicos expreso: “Den razón de la esperanza que caracteriza sus vidas, viviendo la verdad que proponen a sus estudiantes. Ayúdenles a conocer y amar a Aquel que han encontrado, cuya verdad y bondad ustedes han experimentado con alegría”.
12. Hace ya muchos años que a instancias del papa Eugenio III, San Bernardo en el siglo XII, escribió en el De consideratione: advirtiéndole al Sumo Pontífice: “Recuerda que no eres el sucesor del emperador Constantino, sino el sucesor de un pescador”.
Es su sencillez y humildad, ese discernimiento y cautela, que han preservado el ministerio de Benedicto XVI, llevándolo magistralmente por caminos insospechados, como su visita a Inglaterra en septiembre de 2010, y que es tratada ampliamente por el autor sintetizándola en grandes aspectos como los signos de una fe religiosa, la acogida al Papa, la figura del cardenal Newman y las relaciones entre la Santa Sede y el Reino Unido.
13. Quizás lo más impactante de esta obra sea su fidelidad y claridad. El autor, tal como queda plasmado en la presente obra, sintetiza con acierto y fidelidad absoluta el contenido de los datos compilados, así como los documentos. Lejos de cualquier especulación sin fundamento, acercando su contenido al gran público a los fines de que pueda utilizarse como una fuente que edifica legos y especialistas, dándole en el índice una organización temática que permite localizar el asunto de nuestro interés.
La buena fe manifiesta en estas líneas, el uso del lenguaje y el sentido de la pertinencia en cada caso, hacen de esta obra un instrumento indispensable para estudiar y comprender el pontificado del Papa Benedicto XVI.
El mayor elogio que se le puede hacer a un libro es recomendar que se lea, éste lo recomendamos como solaz del espíritu y herramienta del pensamiento que orienta la acción. Lo recomendamos como fuente válida para la comprensión del trabajo que hace la Iglesia en el mundo de hoy.
14. Esta obra nace para la Iglesia, la Comunidad Política y la Sociedad Dominicana en sentido general, en tiempo más que propicio. Viene a este mundo con toda la fuerza profética necesaria para una época que pretende relativizarlo todo. Acorralando la verdad más auténtica en conveniencias que pretenden despojar este siglo XXI de la idea de Dios. Un tiempo difícil, en el que más de una vez se ha elevado un capricho hedónico a la categoría de derecho protegido por legislaciones demagógicas, bajo el disfraz de un criterio “progresista”.
15. Finalmente, deseo concluir haciendo mención a una anécdota personal que nos revela monseñor de la Rosa, la cual tuvo lugar durante su primer encuentro con el papa Benedicto en la Ciudad Eterna, el 5 día de octubre de 2005, en esa oportunidad le comentó a Su Santidad, que justo ese día se conmemoraban 40 años de que él había llegado a Roma a comenzar sus estudios, en tiempos en que Ratzinger era ya un joven teólogo, experto en el Concilio Vaticano II, y le pidió por tal motivo una bendición en ese día. Y cuenta monseñor: “El Papa me miró con unos ojos brillantes, en los que podría leer un dejo de buen humor, y me dijo sonriente: Le voy a dar una bendición para los próximos 40 años.
Ahora bien, lo que nunca pudieron prever el Obispo de Roma y el Arzobispo de Santiago es, que casi seis años después de ese encuentro, el último publicaría un libro con 40 capítulos sobre el primero, y que esta obra que presentamos hoy formaría parte de aquella bendición que Su Santidad estaba dando, y que indudablemente monseñor de la Rosa estaba recibiendo”.
Conclusión: Certifico: que el texto transcrito más arriba es el completivo de la primera entrega, que fue publicada en este mismo periódico el sábado 21 de mayo de 2011.
CERTIFICO y doy fe, en Santiago de los Caballeros, a los 24 días del mes de mayo del año del Señor 2011.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es el arzobispo de Santiago
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