INTRODUCCIÓN:
He creído bueno y conveniente entregar en dos partes las “Palabras de Julio César Castaños Guzmán en ocasión de la presentación del libro “Benedicto XVI sobre el amor, la verdad y otros Temas” de la autoría de Monseñor Ramón Benito de la Rosa y Carpio, Arzobispo Metropolitano de Santiago, en la XIV Feria Internacional del Libro, dedicada a la Santa Sede, en fecha 10 de mayo de 2011”, según titulara el mismo Dr. Castaños el presente trabajo.
1. “Antes que todo, deseo agradecer, el honor que me dispensa el autor de esta obra que ponemos a circular hoy, nuestro querido monseñor Ramón Benito de la Rosa y Carpio, Arzobispo Metropolitano de Santiago, para que pronuncie unas palabras en la presentación de este libro que se intitula
“BENEDICTO XVI sobre el amor, la verdad y otros Temas”, y que se pone a circular hoy como una de las actividades correspondientes a la
XIV Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2011, evento que ha sido dedicado en esta oportunidad a la Santa Sede. Esta obra ve la luz como una publicación auspiciada por el Ministerio de Cultura, y corresponde en razón a la materia a una compilación de 40 trabajos publicados por él sobre diversos temas referentes al Pontificado y la persona del Papa Benedicto XVI.
2. El Arzobispo de la Rosa y Carpio, antes de referirse y tratar en esta obra la primera Encíclica del papa Benedicto XVI, intitulada: DEUS CARITAS EST, “Dios es Amor”, aborda en el libro que ponemos a circular hoy, las perspectivas que se crearon en torno al sucesor de Pedro cuando el 19 de abril del 2005, fue elegido por el Colegio Cardenalicio como el 265 Vicario de Cristo, y particularmente como continuador del papado de Juan Pablo II, quien fuera declarado recientemente por él mismo como Beato.
3. El cardenal Joseph Ratzinger, a quien correspondió, ejercer desde 1982 y durante 24 años, el delicado ministerio de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en el papado de Karol Wojtyla, así como otros importantes cargos, es un reconocido teólogo, escritor y profesor universitario valorado por su excepcional competencia para explicar sublimes e intrincadas verdades de fe en forma sencilla, sin sacrificar la profundidad y claridad del mensaje católico, que permite desde el ángulo de la razón, desarrollar la verdad revelada en la persona de Jesucristo.
Irrumpe en el mundo de las letras católicas con Introducción al Cristianismo y otras muchas obras de corte teológico, y conforme a su talla intelectual de primer orden sigue publicando encíclicas y libros. Véase a modo de ejemplo, su último libro: Jesús de Nazaret, cuya segunda parte fue publicada el año pasado y que alcanza ya la venta de millones de ejemplares.
Y un hombre confiable además, por su incuestionable seriedad como ministro calificado y hombre de Dios, a quien se le encomendó en 1986 dirigir la comisión pontificia para la preparación del Catecismo de la Iglesia Católica. Trabajo este que fue exitosamente presentado el 12 de diciembre de 1992.
Aparte de que como teólogo enfrentó los problemas del relativismo en la edad moderna, la discusión intraeclesial sobre las formas, y razón y fe en la era de la ciencia moderna.
4. Pero independientemente a todo esto, no dejaba de crear cuando menos curiosidad la forma en que el nuevo Sucesor de Pedro enfrentaría el reto de relevar tan prestante pastor y al mismo tiempo encarar tantos problemas, como los que se evidencian en esta época denominada por algunos filósofos como post modernidad.
Según refiere Benedicto XVI, en Luz del Mundo, el Papa, la Iglesia y los Signos de los Tiempos, obra publicada en octubre de 2010, Peter Seewald le preguntó: “¿Podría decirse que aquello en lo que Juan Pablo II y Benedicto XVI se diferencian es precisamente en lo que se complementan a la perfección? Y continuó expresándole el periodista al Santo Padre: “¿Cabría considerar que, de algún modo, el primero aró y el otro siembra, el uno abrió y el otro llena?”. A lo que el Obispo de Roma, sin negar ni afirmar, respondió: “Tal vez sería demasiado decirlo de ese modo. El tiempo sigue su curso. Entretanto hay una generación nueva con problemas nuevos”.
Pero al acercarnos a este hombre que se calza las Sandalias del Pescador, y que lo hace a la edad de 78 años, no deja uno de pensar ¡qué responsabilidad tan grande! Y le corresponde seguir el trabajo y suceder a un gigante, el ya Beato Juan Pablo II. El hombre que presenció la caída del muro de Berlín, el derrumbe del comunismo y la desintegración en Europa del Este del denominado Bloque Socialista.
Ahora bien, ya sea porque uno evangelizó y otro catequizó, es perfecta la analogía con lo expresado en una Carta Paulina, acerca de que Pablo sembró, Apolo regó, pero el crecimiento lo da Cristo. Y en esto es innegable que las dimensiones de uno y de otro, si bien corresponden a distintos carismas, uno mismo es el cuerpo donde ambos orgánicamente han servido y continúa sirviendo el actual papa.
Uno solo es el árbol de la Iglesia que ellos han coadyuvado a fomentar. Una misma la fe que han defendido y custodiado. Una sola, y no otra, la misma barca en la que juntos han remado mar adentro.
5. Durante su homilía en el inicio solemne del ministerio petrino, Benedicto XVI, refiriéndose a lo que sería su programa dijo: “Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por El…”.
Y con estas palabras el nuevo pontífice asumía el cargo desde las innegables limitaciones humanas frente al misterio de Dios, reconocidas por él mismo cuando en sus primeras palabras al momento de asumir el papado expresó literalmente que Dios había elegido a “un simple y humilde trabajador en la viña del Señor”. Y que lo consolaba el hecho de que el Señor “sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes”.
6. Esta entrega de monseñor de la Rosa viene a despejar muchas de las interrogantes acerca del fecundo pontificado de Benedicto XVI, una vez abarca los aspectos más relevantes de su trabajo en la Iglesia y la forma en que ha abordado los distintos y serios problemas que ha enfrentado.
Ya porque trate acerca de justicia y caridad, o porque aborde las tareas de la Iglesia, el Estado y la familia, no deja de lado la idea de S. Agustín, acerca de la tensión que determinan en este mundo dos formas de amor, el amor a sí mismo –hasta la destrucción del mundo-, y el amor a otro, hasta la renuncia de sí mismo.
7. Se pregunta el autor de esta obra, al ponderar la visita del Santo Padre a los Estados Unidos, en 2008: “¿Por qué el Papa centra la atención de un país, cuando lo visita, todas las cámaras lo enfocan y el mundo entero está atento a sus hechos y dichos, incluso en una nación como Estados Unidos donde la mayoría no es católica…?”.
Y pasa a seguidas a contestarse: “A mi modo de ver, la razón más profunda hay que buscarla en que él es un gran signo de la universalidad, alguien que encarna los grandes valores universales ansiados y buscados por la humanidad toda”. “Es cabeza de la iglesia cristiana más numerosa del mundo (unos 1,200 millones) y del Estado Vaticano, el país más pequeño del mundo”.
Entrevistado el papa Benedicto XVI sobre el tema del abuso sexual de niños por parte de sacerdotes, antes de llegar a Estados Unidos, en el avión que lo transportaba desde Italia, dijo a los periodistas que este hecho era “una vergüenza” y que “no entendía cómo sacerdotes consagrados por definición al bien de los demás podían hacerlo”.
Más recientemente, en 2010, Su Santidad ha declarado sobre este mismo tema en una entrevista publicada oficialmente que: “Realmente ha sido casi como el cráter de un volcán, del que de pronto salió una nube de inmundicia que todo lo oscureció y ensució…”.
¡Qué hombre tan valiente!
Conclusión:
Certifico: Que el texto transcrito más arriba es sólo una parte del tema enunciado en la introducción; lo restante será entregado, Dios mediante, el sábado 28 de mayo de 2011 en este mismo periódico.
CERTIFICO y doy fe, en Santiago de los Caballeros, a los 18 días del mes de mayo del año del Señor 2011.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es el arzobispo de Santiago
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