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INTRODUCCIÓN:
El presente trabajo fue preparado para el Ciclo Preinaugural de la “XIV Feria Internacional de Libro Santo Domingo 2011”. El mismo hizo parte de un panel, que llevó por título “Iglesia, nación y Estado en República Dominicana, pasado, presente y futuro”, que tuvo lugar el 28 de abril 2011 en la Universidad Católica de Santo Domingo y en el que participamos cuatro panelistas.
Me propuse como objetivo resaltar quince afirmaciones o reflexiones sobre el tema.
En mi primera entrega recogí diez de ellas. Ahora entrego las cinco restantes:
11. Conflictos Iglesia – Gobiernos
11.1 El Sermón de Montesinos. Considero que el Sermón de Fray Antón de Montesinos en el Adviento de 1511, el hecho que lo ocasionó y las reacciones que le siguieron, sirven de paradigma para sintetizar la relación Iglesia, Estado y nación en algunas situaciones de conflicto durante los cinco siglos de historia de la República Dominicana, desde su gestión hasta nuestros días (ver apéndice III, El sermón de Montesinos). He aquí la lectura que hago de dicho acontecimiento a la luz de nuestro tema:
a) Antes del Sermón existía buena relación entre las autoridades de la isla y la Iglesia, representada por los frailes dominicos.
b) El Sermón, predicado en nombre de toda la comunidad dominica (o dominicana) el domingo 21 de diciembre de 1511, denuncia la “crueldad y tiranía” que usaban con los indios “estas inocentes gentes”. Les decía: “¿Con qué derecho y con qué justicia tienen en tan cruel y tan horrible servidumbre a estos indios?” La dignidad de la persona humana es lo que está en la base de este Sermón. Los primeros dominicos llegados a esta isla defendían que los indígenas tenían almas racionales, lo cual, en el lenguaje de nuestra época quiere decir que eran “personas humanas”.
c) Cuenta el Padre las Casas que los oyentes del Sermón no aceptaron la enseñanza ni el llamado. “Estos reaccionaron en contra de los dominicos, llegando a perseguirlos” (Conferencia del Episcopado Dominicano, CED, Mensaje del 27 de febrero 2011, #21). “Los españoles, obsecados por el afán de oro, se olvidan de que su condición de cristianos les compromete a amar a los indígenas como a sí mismos y a anunciarles la Buena Nueva para que conozcan, amen y den culto al Dios de Jesucristo” (Ibidem. #15). Afirmaron que los dominicos estaban en contra del Rey y que esa no era materia de su competencia.
11.2 La historia se repite. Echando una mirada rápida a los siglos posteriores podemos encontrar el mismo esquema de la situación de los dominicos en diferentes momentos de nuestra historia. Citemos algunos casos.
a) El general Pedro Santana, por ejemplo, el presidente Rafael Leonidas Trujillo y otros gobiernos en un momento dado tenían buenas relaciones con la Iglesia. Incluso llegaron a hacer obras en favor de las comunidades cristianas, parroquias u obispados.
b) Sin embargo, ante determinadas acciones de dichos gobernantes, la Iglesia tuvo clara la postura de defensa de la vida, la justicia, de la dignidad y de los derechos de los dominicanos.
Porque “la Iglesia ha asumido también una función civil profética y mediadora en una sociedad que no encuentra su institucionalidad y vive expuesta permanentemente a la inestabilidad” (CED, Carta Pastoral 21 de enero de 2011, #19).
“Desde el Sermón de Montesinos y la figura de Fray Bartolomé de las Casas hasta nuestros días, la asunción de la responsabilidad, el peso del gobierno civil y la de la mediación social y política ha sido labor difícil y poco grata, en orden a garantizar el buen gobierno y la justicia” (Ibidem. #20).
c) La respuesta, en muchos casos, no en todos ciertamente, fue la misma dada a Montesinos y a los dominicos. Así Santana enfrentó a Mons. Portes e Infante y al padre Fernando Arturo de Meriño; Trujillo a todos los obispos; Balaguer y los terratenientes de Higüey a Mons. Pepén. Citemos, por último, la reacción violenta de muchos políticos ante las Cartas Pastorales actuales de los obispos, mientras la gran mayoría de los dominicanos las reciben con beneplácito.
12. Ese Sermón recoge el fundamento del Derecho Internacional, basado en la dignidad humana y en la defensa de los derechos humanos, individuales y sociales, pero también de la Constitución Dominicana que en su artículo 5 reza: “La Constitución se fundamenta en el respeto a la dignidad humana y en la indisoluble unidad de la nación, patria común de todos los dominicanos y dominicanas”.
13. El hecho Altagraciano es un fenómeno que, sin lugar a dudas incide grandemente en la conformación de la nacionalidad, identidad y unidad dominicanas. Citemos los siguientes datos:
a) Está presente desde los orígenes de la formación de esta nación, muy a principios del siglo XVI. Desde toda la isla se ha peregrinado a su Santuario.
b) La Batalla de la Limonade, el 21 de enero de 1691, fue el primer enfrentamiento del Santo Domingo español y criollo con tropas francesas y negros esclavos, tratando de invadir este territorio. En el triunfo, un acto patriótico, se experimenta la protección de la Virgen de la Altagracia. Altagracia y Patria van de la mano.
Al año siguiente, 1692, se empieza a celebrar el 21 de enero, que con el tiempo, se hace fiesta nacional, la única que, verdaderamente, se realiza por decreto del pueblo dominicano.
c) Los dominicanos, cuando emigran, llevan consigo una copia de la imagen de la Altagracia y celebran su fiesta dondequiera que estén.
d) Sin lugar a dudas es el hecho que más convoca a los dominicanos y es un signo de su unidad.
e) Cabe notar que el gentilicio “dominicano” aparece en la Novena de la Altagracia, redactada en 1738. Ella, así mismo, lleva los colores de la Bandera Nacional: azul, blanco y rojo. El poeta Ramón Emilio Jiménez dijo de la Altagracia: “Dominicana eres, vestida con nuestra insignia amada”.
14. El hecho duartiano es, a todas luces, clave para la formación de la nación dominicana. El pensamiento de Duarte y las fuentes de inspiración para la independencia de Haití o de cualquier potencia extranjera hay que buscarlas, sobre todo, en el cristianismo, la Biblia y sus valores. Baste citar estos datos: el Juramento Trinitario; el Lema Nacional, Dios, Patria y Libertad; el Escudo Nacional con la Biblia abierta en el Evangelio de San Juan, capítulo 8, versículo 32, en el centro del mismo con la cruz encima; la cruz blanca también en el centro de la Bandera Nacional; las continuas referencias en sus escritos a Dios, a la Providencia, a la cruz, a la fe, la religión y a valores como la justicia, la libertad, el patriotismo, el trabajo, la ley, la soberanía, la concordia.
Es evidente que Duarte, para todos los dominicanos, no importando su credo político, religioso o cualquier otro, es modelo de patriota y de político.
Sin embargo, se puede destacar que es, de manera particular, modelo del fiel cristiano laico patriota y comprometido con la política. Porque Duarte, aunque bebió de muchas fuentes, es hijo de la Iglesia, donde encuentra la Biblia, a Jesucristo, a su Evangelio y sus valores.
15. Los Símbolos Patrios y el Lema Nacional, tal y como son descritos en la Constitución dominicana, artículos 24-35, nos muestran en el presente, de manera incuestionable, la herencia recibida del pasado: la influencia de la Iglesia en la formación de la nación dominicana es determinante, de tal manera, que a simple vista, se cae en la cuenta que una y otra, en el fondo y en su alma, son inseparables. Notemos:
En la Bandera, en el centro, separando los cuarteles azules y rojos, está la cruz blanca, que para Duarte no era “el signo del padecimiento, sino símbolo de redención”.
El Escudo: “Lleva en el centro la Biblia, abierta en el Evangelio de San Juan, capítulo 8, versículo 32 y encima una cruz”.
El texto del Evangelio, citado por la Constitución, dice: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”.
El Lema Nacional es “Dios, Patria y Libertad”.
Cabe notar que en la Constitución dominicana precedente los símbolos patrios aparecían inmersos en el conjunto de un capítulo titulado “Disposiciones generales”, mientras que en la actual aparecen como capítulo propio, el VII, resaltando así su importancia, y precisamente dentro del título I, que trata “de la Nación, del Estado y de sus principios fundamentales”.
Además, cabe resaltar también que ahora al describir el Escudo Nacional se explícita la Biblia, dentro de ella el Evangelio de Juan y en este el capítulo 8 versículo 38, mientras que en la precedente sólo decía que el Escudo “llevará en el centro el libro de los Evangelios, abierto”.
Conclusión:
Podría sacar muchas conclusiones. Pero de cara a perspectivas futuras, me quiero fijar en las siguientes:
1. Dada la creciente participación del laicado católico, tanto dentro como fuera de la Iglesia, se puede prever que los fieles cristianos laicos tendrán un mayor protagonismo e incidencia en el trinomio Iglesia, nación, Estado.
2. La figura de Duarte debe ser potenciada como modelo, no solamente del político dominicano en general, sino de modo particular del laico católico, inserto directamente en la política.
3. Es de prever, igualmente, que los conflictos Iglesia-Estado (gobierno), seguirán, más o menos siguiendo el paradigma marcado por Fray Antón de Montesinos y las autoridades españolas.
4. Es necesario cuidar celosamente los fundamentos de la Constitución dominicana: “el respeto a la dignidad humana y la indisoluble unidad de la nación, patria común de todos los dominicanos y dominicanas” (Artículo 5).
5. Es, así mismo, clave mantener el respeto a la libertad de conciencia y cultos como también un “laicismo con Dios”.
CERTIFICO y doy fe, en Santiago de los Caballeros a los nueve días del mes de mayo del año del Señor 2011.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es el arzobispo de Santiago
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