INTRODUCCIÓN:
El presente trabajo fue preparado para el Ciclo Preinaugural de la “XIV Feria Internacional de Libro Santo Domingo 2011”. El mismo hizo parte de un Panel, que llevó por título “Iglesia, Nación y Estado en República Dominicana, Pasado, Presente y Futuro”, que tuvo lugar el 28 de abril 2011 en la Universidad Católica de Santo Domingo y en el que participamos cuatro panelistas: un servidor, el Dr. David Álvarez, Decano de la Facultad de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, Don Jorge Tena Reyes, de la Fundación Corripio, y el Ing. Juan Reyes, del Secretariado del Movimiento de Cursillos de Cristiandad.
Ante una materia tan amplia, me propongo modestamente, como objetivo resaltar quince afirmaciones o reflexiones, relacionando nuestra temática con veintidos realidades o términos afines a ella, con algunos datos de nuestra historia nacional y con catorce artículos de la Constitución Dominicana, proclamada el 26 de Enero 2010.
Los veintidos términos son: Iglesia, Estado, Gobierno, Nación, Etnia, Pueblo, País, Patria, Democracia, Monarquía, Teocracia, Laicismo, Política, Partidismo, República, Dominicano(a), Santa Sede, Vaticano, Concordato, Nunciatura Apostólica, Conciencia y Culto.
En esta primera entrega recojo sólo diez de mis quince afirmaciones, según he dicho más arriba. Helas aquí:
1. El término Iglesia, dicho de manera general, se refiere siempre a la Iglesia Católica, constituida por todos sus miembros, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, cristianos todos nosotros congregados en virtud del bautismo. La Iglesia se considera santa y pecadora, con virtudes y deficiencias.
2. La Iglesia en República Dominicana ha respetado siempre la institucionalidad del Estado y del Gobierno con todos sus poderes.
3. Las relaciones entre la Iglesia y el Estado Dominicano han sido normalmente buenas, apoyándose mutuamente; nunca ha habido hasta ahora, una persecución general del Estado contra la Iglesia, aunque sí han existido conflictos y algunas persecuciones de determinados Gobiernos en determinados momentos históricos, como también determinados eclesiásticos (laicos o sacerdotes) han tenido pronunciamientos o conductas no adecuadas frente a ciertos Gobiernos.
4. La Iglesia ha sabido conservar su libertad frente al Estado y sus gobiernos. “No obstante vinculaciones y controles políticos, ha logrado niveles de libertad que le han permitido disentir y profetizar. Como afirma el polítologo americano Howard J. Wiuarda: “La Iglesia fue la única institución que el Gobierno de Trujillo no pudo controlar del todo” (Conferencia del Episcopado Dominicano (CED), Carta Pastoral 21 enero 2011, “500 años de Misión Evangelizando la Nación”, #24).
5. Es indiscutible la influencia de la Iglesia en la formación de la nacionalidad dominicana. Por donde quiera que nos acerquemos a la Nación o Pueblo dominicano encontraremos la impronta de la Biblia de Jesucristo, su Evangelio y sus valores. Ya Mons. Juan Félix Pepén, en la década de los ’50 del siglo XX, dedicó su tesis doctoral de Filosofía a este tema, aportándonos una valiosa investigación bajo el título: “LA CRUZ SEÑALÓ EL CAMINO”, publicada en 1954. Concluye su estudio diciendo: “Hoy como ayer, en la formación y conservación de la nacionalidad dominicana, La Cruz Señaló el Camino” (Pepén, Juan Félix, Pbro. Dr., La Cruz señaló el Camino, Ciudad Trujillo, pág. 45).
6. Con una constante presencia e influencia en la vida pública, social, política y económica de la República Dominicana, incluso con no pocos sacerdotes que desempeñaron cargos legislativos o presidenciales, nunca se podrá decir que en algún momento de su historia el país ha tenido una teocracia, ni siquiera en el período colonial. Más bien hay que decir que “la Iglesia dominicana se ha expresado a lo largo de los años en momentos cruciales de su historia, en protestas, sermones y de manera especial en el Sermón de la Siete Palabras y en las Cartas Pastorales. La Presidencia del P. Fernando Arturo de Meriño (1880-1882) se explica como un recurso para mantener la paz. La de Monseñor Gustavo Adolfo Nouel (1913) no fue sino un intento de alternativa al caos de las luchas caudillistas del siglo XX. Se debe reconocer el servicio de mediación de Mons. Hugo Eduardo Polanco Brito y de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), bajo el liderazgo de Mons. Agripino Núñez Collado” (CED, Carta Pastoral, 21 de enero 2011, #22).).
7. Del mismo modo hay que afirmar que, aunque la mayoría del pueblo dominicano es católico, el Estado y el Gobierno, como concepción política es laico. La religión oficial no es el catolicismo, se establece en la Constitución Dominicana la libertad de conciencia y de cultos. Sin embargo, hay que afirmar que la Constitución Dominicana recoge la mejor tradición de su historia: El Estado de la República Dominicana es “laico con Dios”, es decir, es independiente de cualquier confesión religiosa pero cuenta con la presencia de Dios, como diría el Presidente Sarkozy de Francia, a diferencia de Méjico, por ejemplo, que se declara un Estado laico sin Dios. Ya en su Preámbulo la Asamblea Nacional Revisora de la actual Constitución afirma que se reúne “invocando el nombre de Dios”.
8. En el mismo sentido hay que decir que esta Nación, Pueblo, País, llamado República Dominicana, lleva en las entrañas de su nombre gentilicio y en la definición de sí mismo, la identificación con Dios, porque “dominicano” se deriva de “Domingo”, que a su vez viene de “Dominus”, con mayúscula, que significa el Señor, es decir Dios. Aunque el gentilicio “dominicano” aparece ya antes de la independencia, hay que decir, sin embargo, que fueron Duarte y los Fundadores de nuestra nacionalidad los que establecieron ese nombre. Así, pues, Nación, Pueblo, País, República, Patria, Estado dominicano, significa, en último término, Nación, Pueblo, País, República, Patria, Estado del Señor Dios.
9. La relación estrecha Iglesia, Estado y Nación dominicana, se ha dado a lo largo de cinco siglos a lo interno del país, pero también a los más altos niveles internacionales. No solamente la Iglesia está relacionda con el Papa y la Santa Sede desde sus orígenes, desde antes de la creación de las Diócesis de Santo Domingo y la Concepción de La Vega el 8 de agosto de 1511 por Julio II, sino que el mismo Estado y sus Gobiernos en la Isla mantuvieron esa relación de muchas maneras. Pero es en el año 1811, cuando se establecen relaciones más formales con el intercambio de Embajadores. La República Dominicana tiene actualmente Nuncio Apostólico propio, cosa que no tuvo en las primeras décadas. El Vaticano, el Estado más pequeño del mundo, es el Estado que más relaciones tiene con otros Estados, después de la ONU.
En el año 1954 República Dominicana firmó con la Santa Sede un Concordato,“Tratado o Convenio sobre asuntos eclesiásticos, que el Gobierno de un Estado hace con la Santa Sede”.
Las relaciones diplomáticas con la Santa Sede y el Concordato colocan a la República Dominicana al mismo nivel de la gran mayoría de los estados y naciones modernas, que desean y buscan este tipo de relaciones y convenios.
10. “A pesar de sus errores y deficiencias, afirmamos la presencia de la fe católica y la institución eclesial en toda la historia del pueblo dominicano, conformando su vida a través de la vivencia de sus enseñanzas y de la acción social de sus miembros, no obstante, sus limitaciones e instituciones y recursos pastorales, una “misérrima Ecclesia” (una Iglesia muy pobre), como la llamó Mons. Tomás de Portes e Infante en 1844. Su presencia ha sido siempre liberal. Manuel De Jesús Galván pudo afirmar verazmente:”Aquí no se conoce la teocracia. El clero es liberal como el pueblo y se confunde con él en sus penas, en sus grandes luchas, en sus entusiasmos patrióticos” (Ibidem. # 10).
CONCLUSIÓN:CERTIFICO: que las diez afirmaciones hechas más arriba corresponden a mi participación en el panel organizado por el Ministerio de Cultura en su Ciclo Preinaugural de la “XIV Feria Internacional de Libro Santo Domingo 2011” y que deben ser completadas con otras cinco.
DOY FE, en Santiago de los Caballeros, el día 6 de mayo del año del Señor del 2011.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es el arzobispo de Santiago
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