Jueves, 24 de mayo de 2012 | 3:51 am

Cardenal López y Mons. Moya

Sábado 26 de Marzo de 2011 Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio
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INTRODUCCIÓN:
Nicolás de Jesús López Rodríguez y Jesús María de Jesús Moya.Interrumpo, por segunda vez, mi serie de artículos sobre “El papel de los laicos en los 500 años de evangelización de República Dominicana”. Ya hemos hecho tres entregas sobre este tema.

El motivo de la interrupción está en que el Cardenal López y Mons. Moya han celebrado sus cincuenta años de ordenación sacerdotal y el Papa Benedicto XVI les ha enviado sendos mensajes y he considerado bueno y conveniente darlos a conocer íntegros. Pienso que son dos documentos que no deben entregarse a la historia separados. Aunque de diferentes lugares, uno de La Vega y otro de Villa Tapia, los dos, López y Moya, han caminado, sin embargo, muy cerca el uno del otro a lo largo de su vida.

Entraron el mismo año, 1950, al Seminario para la formación sacerdotal (Bachillerato, Filosofía y Teología), siendo grandes e inseparables amigos desde entonces. Fueron ordenados el mismo sábado 18 de marzo de 1961, uno en La Vega, el P. López Rodríguez, por Mons. Panal; y el otro, P. Moya, en Santiago por Mons. Polanco. Ambos fueron llamados al Episcopado: Mons. Moya en 1977, como Obispo Auxiliar de Mons. Adames, y Mons. Nicolás, como Obispo de la nueva Diócesis de San Francisco de Macorís.

Años más tarde, éste es llamado a ocupar la Sede del Arzobispado de Santo Domingo en 1981 y Moya, a su vez, a suceder a su amigo Nicolás, en la sede vacante francomacorisana. Los dos, pues, han ido de la mano, también como miembros de la Conferencia del Episcopado Dominicano.

Mons. Moya celebró sus Bodas de Oro Sacerdotales el 17 de marzo 2011, en su Catedral de San Francisco de Macorís y se leyó en ella el Mensaje del Papa.  Allí estuvo su viejo amigo el Cardenal López.  Éste, a su vez, tuvo una celebración similar en su Catedral de Santo Domingo, Primada de América, al día siguiente, 18 de marzo 2011, y se leyó también el Mensaje que el Papa le envió. También estuvo presente, como es de suponer, Mons. Moya.

Hermoso y significativo es, pues, que leamos juntos, los Mensajes enviados por el Papa a estos dos Ministros de Dios, que han caminado como amigos, juntos, a lo largo de sus muchos años como seminaristas, sacerdotes y obispos.   Colocamos dichos Mensajes en el orden en que fueron fechados en el Vaticano.

1. CARDENAL LÓPEZ RODRÍGUEZ

Al Venerable Hermano Nuestro NICOLÁS DE JESÚS DE LA S.I.R. Cardenal LÓPEZ RODRÍGUEZ Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo y Obispo Castrense de la República Dominicana

Quienes procuramos con diligencia llevar a buen término el cargo de sucesor de San Pedro, pensamos en aquellos Pastores que en las diversas regiones del mundo celebran efemérides memorables del ministerio pastoral. Queremos demostrarles que les necesitamos espiritualmente y les agradecemos con sinceridad acompañándolos con Nuestras oraciones y deseándoles de corazón los mejores augurios.

Hoy queremos, Venerable Hermano Nuestro, conmemorar con esta carta tu Jubileo Sacerdotal, que celebrarás el día 18 del próximo mes de marzo, rodeado de tus sacerdotes, tus fieles y tus amigos. Son muchos los que, al correr de los años en tu trabajo pastoral, en las comunidades eclesiales de La Vega y de San Francisco de Macorís experimentaron tu bondad, disfrutando de tus consejos espirituales, y admirando tu modo de vivir y de orar.

Hace ya casi treinta años que gobiernas la Iglesia de Santo Domingo, que confió a tu cuidado pastoral el Venerado Siervo de Dios Juan Pablo II, quien también quiso agregarte al Colegio de los Padres Cardenales en el año 1991. Has establecido en la Arquidiócesis unas estructuras adecuadas, has incrementado el trabajo en equipo con los sacerdotes, has acompañado con especial dedicación a los jóvenes, cumpliendo en tus actuaciones con las disposiciones del Concilio Ecuménico Vaticano II.

Hemos sabido que has promovido con singular cuidado la administración de los Sacramentos y que has predicado con diligencia la Palabra de Dios, incluso sabiamente a través de los medios de comunicación social. Desde el año 1982 en que fuiste nombrado Obispo Castrense de la República Dominicana, atiendes con diligencia al progreso espiritual de los militares y de sus familias. Tus hermanos en la Conferencia Episcopal Dominicana han reconocido tus cualidades y tu destreza pastoral y en varias ocasiones te han confiado diversas comisiones, e incluso te han elegido presidente de la misma Conferencia.

Con justicia y merecidamente debes alegrarte en este momento, Venerable Hermano Nuestro, con plena conciencia de lo que ha supuesto tu actividad en el pasado, tanto en favor del Consejo Episcopal de América Latina (CELAM) como en favor de esta Sede Apostólica, de manera especial por tu aportación prestada con esmero en varias congregaciones y en el Sínodo de los Obispos.

Nos mismo, a ti, cuyo trabajo pastoral y fidelidad para con el magisterio de la iglesia bien conocemos, con ocasión de tu jubileo, te enviamos los mejores augurios con Nuestra Bendición Apostólica, que con mucho gusto te impartimos, extensiva a todos los sacerdotes y fieles tan queridos de Santo Domingo y del referido Obispado Castrense.

En la Ciudad del Vaticano, 8 de febrero del año 2011, sexto de Nuestro Pontificado.

2. MONS. MOYA

Al Venerable Hermano JESÚS MARÍA DE JESÚS MOYA, Obispo de San Francisco de Macorís Y también Vicario General. Del Ordinariato Castrense para la República Dominicana

Como vas a celebrar tus Bodas de Oro Sacerdotales en la vigilia de la Solemnidad de San José, Esposo de la Bienaventurada Virgen María, te enviamos el presente Mensaje, con caridad fraterna, expresarte nuestros mejores votos y para dar gracias efusivas a Dios junto contigo por todos los beneficios con los que se ha dignado colmarte.

Él es, pues, aquel que es la fuente y el dador de todos los dones. Su providencia nos gobierna, su amor inefable nos sustenta, su gran bondad nos alimenta en todo sabiamente.

Por eso, Venerable Hermano, te corresponde, principalmente en tan solemne acontecimiento de tu vida, glorificar al Omnipotente con los debidos honores: “¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré el cáliz de la Salvación e invocaré el nombre del Señor. Cumpliré mis votos al Señor, en presencia de todo su pueblo” (Sal 116, 12-14).

En efecto, asistido por su fuerza y poder, sintiendo que eras llamado al servicio de Dios y de los hombres, después de concluir la carrera de estudios eclesiásticos, asumiste algunos cargos en la Diócesis de Santiago de los Caballeros, luego elevada a Sede Metropolitana, como Párroco, Rector del Seminario Menor y Vicario de Pastoral.

En 1977, el Siervo de Dios Pablo VI, Predecesor Nuestro de feliz memoria, te designó Obispo Auxiliar de la misma Iglesia de Santiago de los Caballeros y algunos años después fuiste trasladado a la Sede Catedralicia de San Francisco de Macorís, mientras más adelante te fue confiada la responsabilidad de Vicario General del Ordinariato Castrense para la República Dominicana.

En  el ejercicio del tan exigente  Ministerio Episcopal, con la confianza puesta en Dios, que es fortaleza, sostén y protector de todos los que esperan en Él (cf Sal 18, 2-3.31), trabajaste con denuedo para hacerte signo, testigo y pregonero suyo, dispensador de la gracia y de la misericordia divina, muy celoso de la salvación eterna y de la promoción humana de los fieles a ti confiados.

Más aún, conocemos perfectamente, tu piedad, tu humanidad, tu sentido del deber, tu solicitud por los sacerdotes, a quienes amas como Padre y ellos te veneran, y el impulso que has dado al fomento de las familias  cristianas. Por todo ello, deseamos honrarte en esta carta con el merecido elogio.

Venerable Hermano, recibe los mejores votos en tus Bodas de Oro Sacerdotales. Precisamente, recordándote, encomendamos tales votos, con oraciones, al Espíritu Paráclito, Señor y vivificante, para  que, bajo la guía de Nuestra Señora de la Altagracia, te fortalezca con su auxilio, a ti, que eres un Pastor digno de reconocimiento. Asimismo, para que te solace con el consuelo de lo alto y te enriquezca sin cesar con los dones más selectos.

Que la Bendición Apostólica sea mensajera y mediadora de lo dicho y testigo de nuestra mutua caridad. Bendición que te impartimos muy afectuosamente, Venerable Hermano, desde la Sede del Bienaventurado Pedro, y a través de ti a todos los fieles encomendados  a tu cuidado. ¡Amadísimos hijos dominicanos, tan queridos por nosotros, permanezcan siempre fuertes en la fe, alegres en la esperanza y solícitos en la caridad de Cristo!

Desde el Palacio Vaticano, 9 de febrero del año 2011, sexto de nuestro Pontificado.

CONCLUSIÓN:

CERTIFICO: que los textos de los mensajes del Papa Benedicto XVI, dirigidos al Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez y a Mons. Jesús María de Jesús Moya, traídos aquí, son transcripciones literales, según los originales que me fueron entregados.

DOY FE, en Santiago de los Caballeros, a los 23 días del mes de marzo del año del Señor 2011.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es el arzobispo de Santiago

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