INTRODUCCIÓN: 
El “Centro Fe y Cultura Roberto Bellarmino”, dirigido y animado por los Padres Jesuitas, en Santiago de los Caballeros, ha organizado por segunda vez, el 28 de octubre de 2010, un interesante evento llamado “Una poesía para Dios”.
En esta ocasión el tema poético específico fue “Dios es amor y libertad”. Participaron 20 autores. El plan es presentar cada año un evento parecido.
Un servidor presentó unas páginas en prosa, con sabor a poesía, en torno a Dios. Helas aquí:
1. FOTOS DE NIÑOEn mi álbum de fotografías con Dios conservo las siguientes diez fotos:
Cargado en el brazo derecho de Dios y con mi cabecita recostada en su hombro. Yo dormía.
Colocado delante de Él en su silla de montar, cabalgando en un potro alazán.
Montando en las ancas de su caballo, aferrado con mis bracitos a su cintura.
Brincando sobre sus piernas con mis manitas extendidas, cogidas entre las suyas.
Trepado en sus espaldas, mis brazos alrededor de su cuello, mis pequeñas piernas en torno a su cintura, agarradas firmemente por sus manos, cruzando un río.
Jugando en el suelo en la sala de la casa.
Junto al fogón de leña, en cuclillas, en casa de mi abuelo, asando maíz.
Descalzos caminando sobre la arena de la playa. Él, altisísimo; yo, pequeño, tomado de su mano. Nuestros pies se mojaban con el agua marina y la luz de la luna.
Sostenido entre sus brazos, casi recién nacido, besando mi frente, después de mi bautismo.
Navegando en un bote a remos. Él remaba y yo iba en la proa y mirando hacia delante. El viento movía las aguas y mi pelo; y levantaba pequeñas olas.
2. DIOS ME DESPIERTACuando yo era niño, Dios me despertaba con el canto del gallo, en las mañanas lluviosas de mayo o en las secas del verano.
Cuando, siendo adolescente, me tecnologicé, Dios me despertaba con un reloj despertador, en la época del cambio climático de fines del siglo XX, en la que ya no se sabía cuáles mañanas serían lluviosas o cuáles no.
Cuando de joven, me enamoré, entonces, Dios me despertaba con los pasos de mi amada, al caminar ella sobre el piso de tablas de pino sin alfombras.
Cuando me sentí poeta, la voz despertadora de Dios eran las avecillas de las 5:45 de la mañana o las que se despertaban junto con el sol, tanto en el campo como en la ciudad.
Cuando duermo a la orilla del mar, me despierta Dios con el sordo retumbar de las olas que lo invaden todo; sí, las mismas olas, que me dieron inmensa paz para dormir tranquilo durante la noche, tocan a la ventana de mi habitación con potente sonido para despertarme por mandato de Dios.
Cuando estoy en mi habitación, me despierta Dios con el aroma del café de la mañana, recién colado, que Él mismo me trae en una bandeja portada por alguien que me ama.
Cuando ya no uso despertador, nunca me atraso al despertar, porque Dios me despierta, siempre a tiempo, mediante las almas del purgatorio, por un pacto para este fin, que firmé con ellas con la anuencia de Dios.
3. ROJO Y AZULCuando yo estudiaba en la Escuela de Colores, aprendí que Dios y el cielo eran azules y que su amor era rojo; que Jesucristo, Dios y Hombre, era azul, vestido de rojo.
Más tarde supe que María, su Madre es, como su corazón, de un rojo inmaculado, arropado de divinidad azul; que los hombres y mujeres, por ser humanos, nacían todos rojos, como sus corazones y su sangre, por ser descendientes de Adán, que significa barro rojo, y Dios, después, los iba pintando de azul, haciéndolos hijos suyos y dioses como Él.
Cuando las manos fraticidas se ensucian de sangre humana, borran el azul, pero se pueden lavar en la sangre del Cordero de Dios y quedan de nuevo vestidas de azul. El amor es rojo, pero su objetivo es azul.
El corazón enamorado de toda princesita, porque es rojo, busca un príncipe azul; y el atormentado por mil problemas, de cualquier ser humano, porque es rojo también, busca el pájaro azul.
El mar, reflejo de la inmensidad de Dios, es azul, y se hace humano, cada mañana y cada tarde, al teñirse del rojo ardiente de la aurora y del ocaso.
Vuela, vuela hacia lo alto, oh hombre, sube, sube más arriba, más arriba cada vez, oh mujer, hasta que el sol te tiña de rojo, purifique tu inconsciente y tus genes, y no te detengas hasta que alcances el infinito azul.
Cuando estudiaba, sin embargo, en la Escuela de Teología, aprendí que Dios es luz y que, por tanto, era los siete colores de la luz, descompuestos en el arco iris.
También aprendí que Jesucristo es “Luz de Luz”; que María, vestida de sol y coronada de doce lucientes estrellas, dio a luz la Luz; y que el Maestro Jesús dijo: “Ustedes son hijos del día” y “luz del mundo”.
Entonces concluí: Tú y yo somos rojos y azules, humanos y divinos, luz y arco iris.
4. CAMINANDO CON DIOS Cada mañana, al amanecer, Dios me toma de la mano y va caminando conmigo, los pies descalzos, a la orilla del mar sobre la arena húmeda. Vemos juntos la salida del sol, que cada día se presenta con tonalidades de luces nuevas y colores diferentes, de acuerdo a las formas de las nubes y a las variaciones del clima.
Avanzamos así durante toda la jornada y nos detenemos a descansar allí donde nos agarra la caída de la tarde. En las noches muy oscuras, damos un paseo entre las estrellas y, cuando hay luna llena, contemplamos su luz correr sobre las aguas y las olas y entonamos, cada vez, un cántico nuevo.
Aún no hemos terminado de recorrer las playas de todos los mares y océanos del mundo ni todas las galaxias del universo. El no me ha dicho cuánto tiempo durará esta caminata. A veces pienso que terminará allí mismo donde la comenzamos, completando así un ciclo que tiene sentido: salí de Él y con Él para volver donde Él y con Él.
De todas maneras, no me preocupa tanto cuánto tiempo abarcará mi marcha sobre las arenas terrestres o mis viajes en el espacio exterior. Eso sí, un profundo convencimiento me embarga y me llena de inmensa alegría: mis días transitorios, caminando tomado de la mano de Dios, son un anticipo de mis caminatas con Él en las riberas eternas de los mares del cielo.
5. YO PONGO Y TÚ PONES Soñé, en la madrugada del 18 de abril del 2008, que pasabas por el camino de arena. En el fondo se veía el mar y, frente a las aguas azules, cocoteros sembrados aquí y allá.
Ví al borde del camino, sobre la arena, un libro que parecía la Biblia, abierta en una página, en la que se podían leer unos versículos que, al mirarlos, me dije: “No conozco este texto bíblico”.
Me bajé del vehículo para verificar de qué pasaje se trataba. No era de la Biblia.
De repente aquello que leía en el libro se hizo realidad y escena viviente ante mi: Él estaba montado en su caballo (no lo veía, como tampoco al caballo, pero estaban ahí) y le dije: -“Ayúdalo, porque Tú eres el más poderoso y sólo Tú puedes hacerlo”.
Entonces, le diste unas matas de coco, junto al camino, cada una de ellas alta como una columna.
Luego al que recibió los cocoteros se le acercó otro y le dijo: -“Quiero trabajar contigo para ser rico”.
Le respondió: -“Muy bien, yo pongo y tú pones. Yo pongo un coco y tu otro, yo planto una columna y tú otra”.
Así el primero puso una columna muy alta y el segundo otra más pequeña, que creció hasta igualar aquella. De esta manera, alegres, sembraron juntos la playa de matas de coco y altas columnas de cemento. Ahora son los dos más ricos de la tierra.
CONCLUSIÓN CERTIFICO: que los trabajos literarios, arriba transcritos, son de mi autoría.
DOY FE, en Santiago de los Caballeros, el día 11 de noviembre del año del Señor 2010.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es el arzobispo de Santiago
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