INTRODUCCIÓN
Muchas veces vienen a mi mente ideas y reflexiones sobre sacerdotes, su vida y ministerio. Nacen ellas de la pastoral cotidiana, del contacto con la palabra de Dios, de conversaciones con sacerdotes o religiosas, de algunos hechos, de expresiones dichas por laicos, o son simplemente luces del Espíritu, que no puedo dejar pasar por alto. Pensé recogerlas en un largo artículo. Pero eso no iba a ser práctico.
Así que decidí irlas escribiendo una por una, de manera sucinta. Las comencé el 23 de enero del 2005, en el 40 aniversario de mi ordenación sacerdotal. He aquí 17 de esas ideas y reflexiones:
1. VALE POR CIEN. El mejor presbítero no es el que trabaja por cien, sino el que hace trabajar a cien o más. Eso se dice de todo líder. Todo buen ejecutivo se caracteriza por la descentralización. Un párroco que lo centra todo en él, sin dar participación, no crea comunión y no está, ciertamente, haciendo la labor pastoral eficaz que las comunidades esperan de él. Se le dirá “trabaja mucho”, pero nunca “es multiplicador”.
2. CÓMO PREDICAR. San Vicente Ferrer decía a los sacerdotes: “En la predicación y exhortación emplea un lenguaje sencillo y familiar, bajando a los detalles concretos; y, en cuanto puedas, insiste en proponer ejemplos, para que cualquier pecador, con aquel pecado concreto, se sienta aludido como si hablaras para él solo. Sin embargo, hazlo de tal manera que se vea bien claro que tus palabras proceden no de un ánimo soberbio e irascible, sino más bien de unas entrañas de caridad y amor paterno”.
3. COMO CONFESAR. San Vicente Ferrer, dominico que se distinguió como predicador y confesor, decía a los sacerdotes: “En el confesionario, tanto si confortas con suavidad a los pusilánimes como si atemorizas con energía a los endurecidos en el pecado, muestra siempre entrañas de misericordia, para que en todo momento el pecador sienta que tus palabras proceden únicamente de tu amor. Por esto, a las palabras punzantes deben preceder otras llenas de caridad y de dulzura”.
4. FORMACIÓN Y MISIÓN. Formar un presbítero dominicano bien capacitado, formarse sacerdote para la misión en lo que la Iglesia necesitara a uno: esa fue la gran motivación de mis contemporáneos y la mía: cardenal López; monseñor Moya, Felipe, Cedano, Nicanor, Disla. En esta formación y motivación lo importante era “la misión”, no el cargo. Si la Iglesia te necesita como párroco, rector de universidad, enviarte a otra diócesis o nombrarte obispo: en todo caso decir siempre “sí”.
5. IMPRUDENCIA. Una señora me dijo: “Me he alejado de mi parroquia. Voy a misa a otra parte. Mi párroco siempre anda con una mujer para arriba y para abajo”. Conozco al párroco y a la mujer. Los defendí. Sé que realizan juntos un hermoso ministerio en catequesis. No existe nada afectivo entre ellos. Sin embargo, han sido imprudentes: el sacerdote, que sale con frecuencia con la misma mujer u hombre, será piedra de escándalo.
6. PATRIMONIO. Monseñor Diómedes, que fue mi obispo Auxiliar en Santiago, repetía que era necesario recordar continuamente que las entradas parroquiales no eran patrimonio de los párrocos; y el padre Jorge Reyes, que fue mi vicario de Pastoral en Higüey, agregaba: “A mi hermano no le regalan unos muebles o un carro, a mi sí, porque la gente sabe que no son patrimonio mío ni de mi familia, sino de la parroquia”.
7. UNIDAD. Ya Ignacio de Antioquia afirmaba en Carta a los Efesios (años 110-130): “…debéis estar acordes con el sentir de vuestro obispo, como ya lo hacéis. Y en cuanto a vuestro colegio presbiteral, digno de Dios y del nombre que lleva, está armonizado con vuestro obispo como las cuerdas de una lira. Este vuestro acuerdo y concordia en el amor es como un himno a Jesucristo. Procurad todos vosotros formar parte de este coro”.
8. LA ÚLTIMA HOMILÍA. Cuando fui a visitar al padre Daniel Taveras a la Clínica Guadalupe de Moca, el 24 de agosto 2010, me dijeron que mejoraba. En conversación con él, lo animaba en su mejoría. Me contestó: “Ya no me interesa la salud del cuerpo, sino la del alma: mi salvación”, y me pidió la absolución. Yo creí que se levantaría. Pero no. Murió el 30 y el 31 estuve en el entierro. Aquella frase fue su última homilía.
9. PADRES TAVERAS SIEMPRE UNIDOS. Los padres Benito Taveras (1928-2010) y Daniel Taveras (1930-2010) pasan a la historia de la Iglesia como dos sacerdotes hermanos, que dejaron un testimonio de gran fidelidad sacerdotal, callado y constante. Uno ejerció el Ministerio en el Este y el otro en el Cibao. Pero fueron tan unidos, a pesar de la distancia, que ambos enferman al mismo tiempo habiendo entre sus muertes sólo una diferencia de veinte días.
10. MISIONERO LEJOS DE SU TIERRA TODA LA VIDA. Cuando la Diócesis de Santiago es desmembrada de la Arquidiócesis de Santo Domingo en 1953, el recién ordenado sacerdote Benito Taveras, de Estancia Nueva, Moca, está en Higüey, territorio de la Arquidiócesis. Cuando se desmembra la Diócesis de Higüey en 1959, está en La Romana y debe permanecer en la nueva Diócesis. Salió de su solar nativo para el Seminario en 1942; volvió en el 2010, porque quiso ser enterrado junto a sus padres.
11. HUMILDAD. Cuando hice mi visita a la Basílica de Higüey, después de ordenado Obispo, en enero de 1989, me recibió monseñor Benito Taveras, su rector. Celebró la misa conmigo. Antes de proclamar el Evangelio, me pidió la bendición. Le dije: “Padre, usted me recibió adolescente en la Cruzada Eucarística. Fue mi párroco largos años. Soy yo quien debe pedirle la bendición”. Me respondió: “No, Ramón, hagamos lo que pide la Iglesia”. Admiré su humildad.
12. MURIÓ SÁBADO. Mi abuelo paterno solía repetir que “un devoto de la Virgen muere miércoles o sábado”. Recordé esta afirmación al morir el padre Benito Taveras, devoto servidor de la Virgen durante 50 años, en el Santuario Antiguo de Higüey y en su Basílica. No podía fallecer otro día: murió el sábado 18 de septiembre 2010. Más aún: su deceso aconteció en la Casa Sacerdotal San José, que está junto a la Basílica.
13. EL SACERDOTE ES LLORADO. Cuando muere un sacerdote, es llorado por muchos de sus feligreses. Estoy acostumbrado a esas escenas. Debo consolarlos. Lo lloran como a familiares muy queridos. En verdad la comunidad eclesial es otra familia para los presbíteros y estos son para ella el padre o el hermano mayor. También yo lloré en el entierro del padre Benito Taveras hasta tal punto que no pude terminar la homilía de sus funerales.
14. HOMILÍAS. Mi primer maestro de oratoria, el padre López Pedraz, sacerdote jesuita, decía que las reglas de una buena homilía son tres: primero, tener algo que decir; segundo, decirlo; y tercero, callarse. Ahí está el éxito de una predicación: no extenderse sin necesidad. Además, se puede recordar aquel criterio de los antiguos: un discurso bueno, si es breve, es dos veces bueno. Las homilías deben durar, según la ocasión, 3, 6, o 10 minutos.
15. ESPIRITUALIDADES. El presbítero, diocesano o religioso, tiene su propia espiritualidad, centrada en el seguimiento de Jesús, como discípulo y pastor. Sin embargo, puede y debe enriquecerse de otras espiritualidades, presentes en su ministerio. Así, yo puedo testimoniar que me he enriquecido de la espiritualidad de siete movimientos de laicos al asesorarlos, de otros siete institutos femeninos de vida consagrada al darles retiros y de cinco masculinos más, al darles también retiros y estudiarlos.
16. UN TEST. Una pregunta directa e incisiva: ¿Deseas que haya más vocaciones sacerdotales y religiosas? Si tu respuesta es afirmativa, chequéala de la siguiente manera: ¿Hablas de las vocaciones sacerdotales y religiosas positivamente, las promueves, rezas por ellas con frecuencia y pones a otros a rezar por ellas? Si lo haces, realmente deseas que hayan más vocaciones; si no lo haces, te engañas a ti mismo y estás engañando a los demás.
17. INCENTIVOS. El párroco es un voluntario: nadie lo ha obligado. Simplemente se ha sentido llamado por Dios y la Iglesia. Ha aceptado una misión. No se mueve por incentivos económicos, como sucede en otras tareas de la vida. Lo mueve el amor de Dios y al prójimo. Es como un padre de familia: lo mueve el amor a su esposa, en su caso la Iglesia, y a sus hijos, los feligreses. Acepta unas leyes y normas por amor, libremente, sin coerción alguna.
CONCLUSIÓN
CERTIFICO que todas mis reflexiones e ideas sobre Presbíteros surgen de diferentes fuentes, en medio de mi quehacer pastoral.
DOY FE, en Santiago de los Caballeros, a los 22 días del mes de septiembre del año del Señor 2010.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio
es el arzobispo de Santiago
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