INTRODUCCIÓN
Me parece útil y conveniente ofrecer en cinco artículos las cinco respuestas que dio el Papa Benedicto XVI a iguales preguntas, que le hicieron cinco sacerdotes de los cinco continentes, en representación de los más de quince mil sacerdotes, presentes el jueves 10 de junio del año 2010, en la Vigilia de la Clausura del Año Sacerdotal, en la Plaza de San Pedro, Roma.
Las preguntas se podían resumir en estas temáticas:
1. Sacerdote y parroquias en el
mundo actual (América)
2. Sacerdote y teología hoy (África)
3. Sacerdote y celibato (Europa)
4. Sacerdote y Eucaristía (Asia)
5. Las vocaciones sacerdotales (Oce
anía)
En esta primera entrega, tomemos la primera temática.
1. ¿Qué es una parroquia? Me parece que es apropiado, ante todo, recordar qué se entiende por “parroquia”.
En la Iglesia Católica hay muchos tipos de instituciones. Ella en realidad es una definida unidad compuesta de múltiples diversidades, que se complementan entre sí.
Una de esas instituciones, fundamental y clave en su seno y muy conocida por todos los que tienen algún conocimiento de la Iglesia, es la parroquia.
Ella, la parroquia, es “una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, es decir, la diócesis, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio” (Definición dada por el Código de Derecho Canónico de la Iglesia, Canon 515, párrafo 1º.)
Así, como se afirma más arriba, el párroco es el sacerdote o “pastor propio de la parroquia que se le confía, y ejerce la cura pastoral de la comunidad que le está encomendada bajo la autoridad del Obispo diocesano en cuyo ministerio de Cristo ha sido llamado a participar, para que en esa misma comunidad cumpla las funciones de enseñar, santificar y regir, con la cooperación también de otros presbíteros o diáconos, y con la ayuda de fieles laicos, conforme a la norma del derecho” (Idem #519).
La parroquia es una institución milenaria como la Iglesia misma. Pero en cada época ha tenido sus propios retos y ha debido adecuarse a la más diversas circunstancias a lo largo de los siglos.
Los Obispos latinoamericanos, reunidos en Aparecida, Brasil, en mayo de 2007, presentaban como un desafío moderno “la existencia de parroquias demasiado grandes, que dificultan el ejercicio de una pastoral adecuada: parroquias muy pobres, que hacen que los pastores se dediquen a otras tareas para poder subsistir; parroquias situadas en sectores de extrema violencia e inseguridad, y la falta y mala distribución de presbíteros en las Iglesias del Continente” (Documento de Aparecida, #197).
2. La pregunta. “Beatísimo Padre, soy don José Eduardo Oliveira y Silva y vengo desde América, precisamente desde Brasil. La mayor parte de nosotros aquí presentes estamos comprometidos en la pastoral directa, en la parroquia, y no solo con una comunidad, sino que a veces somos párrocos de muchas parroquias, o de comunidades particularmente extensas.
Con toda la buena voluntad intentamos hacer frente a las necesidades de una sociedad muy cambiada, ya no más enteramente cristiana, pero nos damos cuenta de que nuestro “hacer” no basta. ¿A dónde ir, Santidad? ¿En qué dirección?”
3. La respuesta del Papa Benedicto XVI. “Queridos amigos, ante todo quisiera expresar mi gran alegría porque aquí están reunidos sacerdotes de todas partes del mundo, en la alegría de nuestra vocación y en la disponibilidad de servir con todas nuestras fuerzas al Señor, en este nuestro tiempo.
Respecto a la pregunta: soy bien consciente de que hoy es muy difícil ser párroco, también y sobre todo en los países de antigua cristiandad; las parroquias son cada vez más extensas, unidades pastorales... es imposible conocer a todos, es imposible hacer todos los trabajos que se esperan de un párroco. Y así, realmente, nos preguntamos a dónde ir, como usted ha dicho.
Pero quisiera decir, ante todo: sé que hay muchos párrocos en el mundo que dan realmente todas sus fuerzas por la evangelización, por la presencia del Señor y de sus Sacramentos, y a estos párrocos fieles, que trabajan con todas las fuerzas de su vida, de nuestro ser apasionados por Cristo, quisiera decir un gran “gracias”, en este momento.
Dije que no es posible hacer todo lo que se desea, que se debería hacer, porque nuestras fuerzas son limitadas y las situaciones son difíciles en una sociedad cada vez más diversificada, más complicada. Yo creo que, sobre todo, es importante que los fieles puedan ver que este sacerdote no hace solo un “oficio”, horas de trabajo, y que después está libre y vive sólo para sí mismo, sino que es un hombre apasionado por Cristo.
Si los fieles ven que está lleno de la alegría del Señor, comprenden también que no lo puede hacer todo, aceptan sus límites, y ayudan al párroco.
Este me parece el punto más importante: que se pueda ver y sentir que el párroco realmente se siente un llamado por el Señor; que está lleno de amor por el Señor y por los suyos. Si esto existe, se entiende y se puede también ver la imposibilidad de hacer todo.
Por tanto, estar llenos de la alegría del Evangelio con todo nuestro ser es la primera condición. Después se deben tomar decisiones, tener prioridades, ver lo que es posible y lo que es imposible.
Diría que las tres prioridades fundamentales las conocemos: son las tres columnas de nuestro ser sacerdotes. Primero, la Eucaristía, los Sacramentos: hacer posible y presente la Eucaristía, sobre todo dominical, en cuanto sea posible, para todos, y celebrarla de forma que se convierta en realmente visible el acto de amor del Señor por nosotros. Después, el anuncio de la Palabra en todas las dimensiones: desde el diálogo personal hasta la homilía.
El tercer punto es la "caritas", el amor de Cristo: estar presentes para los que sufren, para los pequeños, para los niños, para las personas con dificultad, para los marginados; hacer realmente presente el amor del Buen Pastor.
Y después, una prioridad muy importante es también la relación personal con Cristo. En el Breviario, el 4 de noviembre, leemos un hermoso texto de san Carlos Borromeo, gran pastor, que se dio verdaderamente a sí mismo, y que nos dice, a todos los sacerdotes: “No descuides tu propia alma: si la propia alma está descuidada, tampoco puedes dar a los demás lo que deberías dar.
Por tanto, también debes tener tiempo para ti mismo, para tu alma", o, en otras palabras, la relación con Cristo, el coloquio personal con Cristo es una prioridad pastoral fundamental, ¡es condición para nuestro trabajo por los demás! Y la oración no es algo marginal: es precisamente rezar la “profesión” del párroco, también en representación de ella gente que no sabe rezar o no encuentra el tiempo de rezar. La oración personal, sobre todo la liturgia de las Horas, es el alimento fundamental para nuestra alma, para todas nuestras acciones. Y, finalmente, reconocer nuestros límites, abrirnos también a esta humildad.
Recordemos una escena de Marcos, capítulo 6, donde los discípulos estaban “estresados”, querían hacer todo, y el Señor dice: “Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco" (cfr Mc 6,31). También éste es trabajo – diría – pastoral: encontrar y tener la humildad, el valor de descansar.
Por tanto, pienso que la pasión por el Señor, el amor por el Señor, nos muestra las prioridades, las decisiones, nos ayuda a encontrar el camino. El Señor nos ayudará. ¡Gracias a todos vosotros!”
CONCLUSIÓN
CERTIFICO que he buscado ser fiel en la transcripción de los textos que he citado en mi primer artículo sobre “cinco preguntas, cinco respuestas”.
DOY FE en Santiago de los Caballeros a los 15 días del mes de junio del año del Señor 2010.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es el arzobispo de Santiago
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