Sábado, 04 de febrero de 2012 | 1:35 am

Una crónica del año 2010

Sábado 12 de Junio de 2010 Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio
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INTRODUCCIÓN

En verdad no sé si llamar al presente trabajo "crónica" o "ensayo", ya que realmente hay en él una serie de datos y hechos que saben a "crónica", pero de allí mismo se puede desprender un conjunto de reflexiones e ideas, que hablan más de un "ensayo", como son la movilidad humana, el mestizaje constante y no planificado, la fluidez en las comunicaciones, la interacción espontánea de las más diversas culturas y la fotografía de un planeta, que toma cada vez más un rostro universal compuesto por múltiples nacionalidades.

Mi pequeña historia y mis pinceladas reflexivas se sitúan en Roma, en Barcelona y en Castellón a fines de mayo y primeros días de junio 2010.

1.
Roma siempre ha sido, a lo largo de los siglos, una especie de capital del mundo, donde se han juntado etnias, lenguas, pueblos y culturas.

Estudié en Roma en el año 1965. Para ese entonces éramos dominicanos en la Ciudad los Embajadores ante el Gobierno italiano y ante la Santa Sede con sus familias, un pequeño personal diplomático, siete sacerdotes estudiantes y algunos pocos más. Cuando nos juntábamos para celebrar Misa en el Día de la Patria, el 27 de Febrero, éramos un puñado.

2. Ahora, en el 2010, son tres las Embajadas, como las tienen la gran mayoría de los demás países con su respectivo personal: ante Italia, ante la Santa Sede y ante la FAO. Sigue habiendo sacerdotes estudiantes más que antes, pero ya hay religiosas estudiantes, cosa que no sucedía antes, como también otras muchas religiosas y sacerdotes, residentes, prestando un servicio pastoral.

3.
Sin embargo, donde el número de dominicanos ha crecido notablemente es en el de los inmigrantes en búsqueda de trabajo. Los mediré por la participación religiosa: ahora se celebra la Misa del 27 de Febrero, la de la Virgen de la Altagracia el 21 de Enero y una cada domingo último de mes en el mismo centro de Roma, en la Iglesia de San Marcelo. Hace 45 años era una sola al año.

4.
A este propósito, presidí la del domingo 30 de Mayo, Día de las Madres en República Dominicana. Estaban presentes los participantes de antaño: el grupo de diplomáticos y estudiantes. La gran diferencia eran los demás: la iglesia estaba repleta de dominicanos y dominicanas residentes y de hijos e hijas ya dominico-italianos. Fue una fiesta marcada por la cultura dominicana en tierra italiana, simbolizada en los alimentos: una comida típica de los dominicanos (su arroz y habichuelas, preparados de diversos modos), acompañada de vino de cualquier región de Italia.

5.
Respecto a este mestizaje, valga la pena contar la siguiente anécdota: me acerqué a un italiano casado con una dominicana, que tenía entre sus manos a la más pequeña de sus tres hijos dominico-italianos, y le dije: -"En esta pequeña rubia ha predominado su influencia genética de europeo". Me respondió: -"No es así. Esos ojos azules y ese pelo rubio se deben a su abuela dominicana. Mi hija italiana es igual a ella. Tengo tres hijos y cada uno es diferente: como los dominicanos"

6. Dada la rapidez de las comunicaciones la "Misa de las Madres dominicanas en Roma" se hizo de inmediato noticia internacional y fue difundida de la siguiente manera por todos los medios de comunicación actuales:

“El domingo 30 de Mayo, día en que la Iglesia celebró la Solemnidad de la Santísima Trinidad, la Comunidad Dominicana en Roma se congregó en la Iglesia San Marcelo de la Vía del Corso para festejar el Día de las Madres, que, como es costumbre, se lleva a cabo el último domingo de Mayo en la República Dominicana.

La Iglesia San Marcelo, que estuvo completamente llena de dominicanos residentes en Roma, fue escenario de la Eucaristía presidida por el Señor Arzobispo de la Arquidiócesis de Santiago de los Caballeros, Su Excelencia Reverendísima Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio, concelebrada por los Sacerdotes Rainer Vásquez, Javier López, Milcíades Florentino e Isaac García; y en la que se destacó la presencia del Embajador ante el Gobierno Italiano, el Señor Vinicio Tobal, su distinguida esposa y los funcionarios de la Embajada, quienes al final de la Misa entregaron un regalo a cada una de las madres dominicanas presentes.

En su homilía, Monseñor de la Rosa y Carpio, afirmó que “Dios no es un solitario, sino que es una familia. No es un Dios aburrido, sino un Dios que vive en convivencia, por eso el cielo es un lugar de convivencia y de alegría. Dios es una comunidad de tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Así, Dios al crearnos nos hizo a su imagen y semejanza.

Y no nos hizo a su imagen sólo de manera individual, sino que reflejamos a Dios también en nuestra vida de comunidad. Vivimos para la comunión. Por eso los emigrantes nunca se olvidan de sus familias, porque nos parecemos a Dios en la vivencia familiar y nos buscamos los unos a los otros.

Cuando ustedes a pesar de su dispersión se reúnen y buscan la comunión aquí en Roma se parecen a Dios. Estamos aquí porque buscamos parecernos a Dios.

Si no me quedo en mi casa, es porque busco parecerme a Dios”. Monseñor terminaba su homilía felicitando las madres en su día, porque, según su parecer, una de las mejores imágenes que reflejan a Dios es la madre. Para el Señor Arzobispo, toda madre es un don de Dios: “Celebrar a las madres es celebrar a Dios y a la Virgen Santísima”, afirmó”.

Del mismo modo, al final de la Eucaristía el Señor Embajador Tobal, visiblemente emocionado, felicitó a todas las madres dominicanas, tanto las presentes como las ausentes y reveló que todavía cuando conversa con su madre, ella “le da consejos” y le llama “hijito”.

La fiesta del Día de las Madres, celebrada en distintas fechas en los diferentes países, significó un espontáneo motivo de encuentro de los dominicanos para celebrar este día todos juntos en Roma; fue, al mismo tiempo, una muestra más de lo que significa este ser querido para nuestro pueblo y para toda la humanidad.

El coro que cantó los cantos litúrgicos estuvo compuesto por personas de Perú, México, Ecuador y República Dominicana y unió sus voces a la del Padre Milcíades  Florentino, para entonar junto a los parroquianos presentes el himno dominicano a las Madres: “Venid los moradores”: una composición poética de la poetisa dominicana Trina Moya, esposa del Presidente Dominicano Horacio Vásquez durante los períodos 1902-1903 y 1924-1930.

Después de la Misa, a todos los presentes los convocó la mesa. Suculentos platos típicos de la República Dominicana fueron servidos y disfrutados por todos en un ambiente fraterno y de fiesta.

7. Terminadas mis tareas más oficiales en Roma, como fue la participación en la XIX Asamblea del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, y otras acciones pastorales como las mencionadas arriba, pasé a Barcelona para encontrar jóvenes dominicanos haciendo estudios de postgrado allí, entre ellos dos de mis sobrinos.

8. Sin pretenderlo, me encontré, aquí y allá, con los siguientes datos muy dicientes:

Los estudiantes dominicanos becados actualmente en Barcelona son numerosísimos; algunos de ellos se quedarán en España, otros se casarán con parejas de Europa o de otras nacionalidades, pero la mayoría regresará a República Dominicana. También hay sacerdotes dominicanos, estudiando en Barcelona. Antes no los había.

En la Misa que celebré en la ciudad vecina de Castellón los participantes éramos de nueve nacionalidades diferentes, todos de habla hispana. Por todas partes oigo que el número de españoles decrece y el de los inmigrantes aumenta notablemente.

El otro fenómeno de movilidad humana palpable a todas luces es el de turismo: millones nos conocen y visitan por nuestras playas y talante acogedor y miles de dominicanos también son turistas en estas tierras, donde estoy por otras razones de movilidad: conferencias, congresos y atención pastoral de nuestra gente, que se mueve por otras razones.

CONCLUSIÓN

CERTIFICO que soy testigo ocular de cuanto he dicho en mi crónica-ensayo 2010.

DOY FE en Roma a los 7 días del mes de junio del Año del Señor 2010.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es el arzobispo de Santiago

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