Sábado, 04 de febrero de 2012 | 1:38 am

Los cristianos en el mundo

Sábado 22 de Mayo de 2010 Ramón B. de La Rosa y Carpio
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INTRODUCCIÓN

Mandato. Jesús predicó con su ejemplo a sus discípulos hasta el último momento en que les dio ordenanzas y los envió por el mundo.1. La Iglesia Católica, desde sus orígenes, ha cuidado celosamente hasta nuestros días los originales de la Biblia, tanto los del Antiguo Testamento como los del Nuevo.  Las escrituras bíblicas son el alma de la predicación de la Palabra de Dios, tarea esta fundamental y primera de su misión.

2. Pero no sólo la Iglesia ha cuidado aquellos escritos de la Biblia, básicos y necesarios, sino también aquellos de los primeros escritores cristianos, que unen los siglos posteriores con el primer siglo y dan continuidad a las enseñanzas bíblicas.  Así se conservan libros y escritos de los obispos, presbíteros y laicos, que conocieron a los apóstoles, al menos al último de ellos, San Juan.  Se les conoce con el nombre de “Padres Apostólicos”.  Este es un dato sumamente  interesante e importante.

Ellos nos transmiten fielmente una serie de informaciones, que nos ayudan a conocer las enseñanzas, la vida y la práctica de aquellos primeros cristianos y sus pequeñas comunidades, insertas en un mundo que les era hostil y en el que, de hecho, eran una minoría.  De esta manera hay una continuidad sin interrupción en la historia del cristianismo, puesta por escrito, desde los tiempos bíblicos hasta nuestros días, historia y escritos cuidados esmeradamente por la Iglesia Católica.

3. Traigamos ahora a la memoria sólo autores y títulos de principios del siglo II, inmediatamente después de los apóstoles.

Del año 100:      Carta de San Clemente Romano, Sucesor de Pedro, como Papa, en la  Cátedra .
Del año 100:    La Didaché o “Enseñanzas de los Apóstoles”.
Del año 107:    Cartas de San Ignacio de Antioquía.
Del año 108:    Carta de San Policarpo de Esmirna a los Filipenses.
Del año 120:    El Pastor de Hermas.
De este período también, varias homilías de autores anónimos.

4. El texto que ahora propongo a la meditación de todos está tomado de una antigua epístola dirigida a una eminente personalidad del mundo pagano, Diogneto, escrita por un autor desconocido, de  finales del siglo II, y de cuyo contenido no se hallan citas ni en la antigüedad, ni en el medioevo. Dentro del contexto general de la carta, que es una apología del Cristianismo, escrita en modo entusiasta y con un estilo brillante, el fragmento de hoy corresponde a los célebres párrafos que describen la conducta sobrenatural de los cristianos en medio del mundo. Ser continuadores de esa tradición exige ser hombres y mujeres muchas veces incómodos que, porque obedecen más a Dios que a los hombres, forman una colonia del Cielo, sin salirse lo más mínimo del mundo.

5. He aquí, pues, el texto de la Carta a Diogneto, al que me refiero, sobre “los cristianos en el mundo”:

“Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres.Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres.

Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble. Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho.

Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el cielo. Obedecen las leves establecidas, y con su modo de vivir superan estas leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, y abundan en todo. Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida.

Los judíos los combaten como a extraños y los gentiles los persiguen, y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben explicar el motivo de su enemistad.

Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo. El alma, en efecto, se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo. El alma invisible está encerrada en la cárcel del cuerpo visible; los cristianos viven visiblemente en el mundo, pero su religión es invisible.

La carne aborrece y combate al alma, sin haber recibido de ella agravio alguno, sólo poi-que le impide disfrutar de los placeres; también el mundo aborrece a los cristianos, sin haber recibido agravio de ellos, poi-que se oponen a sus placeres.

El alma ama al cuerpo y a sus miembros, a pesar de que éste la aborrece; también los cristianos aman a los que los odian. El alma está encerrada en el cuerpo, pero es ella la que mantiene unido el cuerpo; también los cristianos se hallan retenidos en el mundo como en una cárcel, pero ellos son los que mantienen la trabazón del mundo.

El alma inmortal habita en una tienda mortal; también los cristianos viven como peregrinos en moradas corruptibles, mientras esperan la incorrupción celestial. El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar”.

6. Este antiguo texto es citado en documentos modernos de la Iglesia para poner sobre el tapete enseñanzas de siempre del cristianismo, concretamente:

•  Por el Decreto Ad Gentes del Concilio Vaticano II del año 1965, #15, cuando trata de la misión de los laicos en medio de la comunidad social donde viven.

•  Por la Constitución Lumen Gentium también del Concilio Vaticano II, #38, para describir también la misión de los fieles laicos en la Iglesia, para mostrar hoy la conciencia que ya tenían los primeros cristianos de ser “alma” que debía “vivificar”, “dar vida”, al mundo mediante su santidad, trabajo y mortificación.

• Por el Catecismo de la Iglesia Católica, 1992, #2240, para tratar de los deberes de los cristianos en tanto en cuanto ciudadanos en la vida civil.

• Por el Catecismo de la Iglesia Católica también, #2271, cuando al tratar sobre el aborto, cita la afirmación: “Igual que todos se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben”.

CONCLUSIÓN
CERTIFICO que el texto central de mi trabajo “Los cristianos en el mundo” responde a la Carta original dirigida por un autor anónimo a Diogneto a finales del siglo II.

DOY FE en Santiago de los Caballeros, a los 20 días del mes de mayo del año del Señor 2010.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es el arzobispo de Santiago

Comentarios (1)

Rafael Rodriguez
¿transmiten fielmente? ¿guarda la iglesia originales d la Inquisición? Cruzadas? en las q los fanáticos cristianos enfrentaron los no menos fervorosos musulmanes. las religiones son el único discurso q anima a personas adultas a pretender saber cosas q no saben ni pueden saber. La ignorancia científica dio origen a las religiones, los adelantos de la ciencia eventualmente las acabarán. Tener fe implica aceptar sin análisis.
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