Sábado, 04 de febrero de 2012 | 1:23 am

Ética y comunicación (1)

Sábado 09 de Enero de 2010 Ramón de la Rosa y Carpio
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INTRODUCCIÓN

“El problema de fondo de la compleja problemática del mundo de hoy (sexual, familiar, social, político y económico) es ético. Cuando se dice, por ejemplo, mientras haya corrupción, no se resolverá el problema de la pobreza se está afirmando que la solución de la pobreza imperante en el mundo no sólo es solución social, económica o política, sino, en último término, una solución ética; no sólo ha de dar la solución por razones éticas y humanitarias, sino que si no hay un cambio ético en los administradores de las riquezas comunes no se resuelven los problemas económicos de la mayoría.

Más aún: si los mismos que padecen la pobreza no tienen profundas transformaciones morales en sus vidas, aunque mejore su economía, no mejorará su calidad de vida. Seguirán sumidos en la pobreza.

“El futuro no es tanto un problema o un desafío técnico cuanto una decisión ética que nos permita optar por los cambios en el sendero de una mayor humanización” (R. De La Rosa, Los fundamentos de la ética y la moral, 2009, pág. 11).

Se ha afirmado, con razón, que la crisis financiera mundial del 2008 no era en realidad una crisis económica, sino ética: un grupo de hombres y mujeres se robaron el dinero del mundo. Así mismo, el papa Benedicto XVI afirmó, en noviembre del 2009 en la FAO, que en el planeta Tierra hay alimentos más que suficientes para alimentar toda la población mundial. El hambre en el mundo no es, pues, un problema de alimentos no económico: es un problema ético.

Ya el papa Juan Pablo II había dicho en su Encíclica El Esplendor de la Verdad en 1993:

“Ante las graves formas de injusticia social y económica, así como de corrupción política que padecen pueblos y naciones enteras, aumenta la indignada reacción de muchísimas personas oprimidas y humilladas en sus derechos humanos fundamentales, y se difunde y agudiza cada vez más la necesidad de una radical renovación personal y social capaz de asegurar justicia, solidaridad, honestidad y transparencia.

Ciertamente es largo y fatigoso el camino que hay que recorrer; muchos y grandes son los esfuerzos por realizar para que pueda darse semejante renovación, incluso por las causas múltiples y graves que generan y favorecen las situaciones de injusticia presentes hoy en el mundo.

Pero, como enseñan la experiencia y la historia de cada uno, no es difícil encontrar, al origen de estas situaciones, causas propiamente culturales, relacionadas a una determinada visión del hombre, de la sociedad y del mundo. En realidad, en el centro de la cuestión cultural está el sentido moral, que a su vez fundamenta y se realiza en el sentido religioso”.

De ahí que nuestro tema “el papel de la ética en la comunicación social” es clave fundamental, porque sin educación, sin medios de comunicación social, sin instituciones judiciales sólidas, sin una exigente aplicación de las leyes y, sobre todo, sin hombres y mujeres éticamente sanos, no se resuelven nuestros problemas de corrupción, de pobreza, de hambre, de narcotráfico, de violencia, de cualquier índole que sea, político, económico y social.

1. La ciencia del bien y del mal. Recordemos otra vez, para centrar nuestro tema en su justa perspectiva, que la ética es la ciencia del bien y del mal.

Aquí, pues, buscamos ahora relacionar esta ciencia con la ciencia y el arte de la comunicación social.

“Ninguna persona puede, en su discurrir por la vida, eludir estas preguntas fundamentales: ¿Qué debo hacer? ¿Cómo discernir el bien del mal? El hombre es un ser ético. Es la pregunta que el joven rico hace a Jesús: Maestro, ¿qué he de hacer de bueno? (Mateo 19, 16-26).
Reflexionando sobre estas afirmaciones pensemos que, cuando decimos que el ser humano es un ser ético y moral, estamos afirmando que todo ser humano se pregunta, necesariamente, por el bien y el mal y eso queda remitido a una pregunta:

Maestro, ¿qué he de hacer bueno para alcanzar la vida eterna? (Mateo 19,16).

Podemos ahora preguntarnos: ¿qué es el bien? Una pregunta que todos, en muchos momentos de nuestras vidas, nos hacemos y que nadie escapa a esa pregunta.

Puede existir una persona que se tilde de inmoral o amoral; pero ésta siempre se preguntará; ¿Qué he de hacer de bueno? ¿Dónde está el bien? ¿Dónde está el mal?

Así el hombre se reconoce a sí mismo como ser ético capaz de actuar según los criterios del bien y del mal y no solamente según la utilidad y el placer” (R. De La Rosa, 2009, págs. 23-24).

En el mundo actual, tal vez más que en el pasado, el hombre tiene mayores dificultades y más confusiones para encontrar respuestas a sus cuestiones morales más fundamentales, porque se han difundido corrientes de pensamiento filosóficas, éticas y teológicas, que buscan acomodar la verdad (lo objetivo, lo que es o debe ser) a la libertad humana (a sus propias opciones, gustos o pareceres).

Existe un real intento del hombre moderno para colocar el mundo, la historia y sus acciones a la medida de sus propios criterios, no sus criterios a la medida de la realidad de las cosas, es decir, de la verdad. De ahí que no hay que extrañar que en la administración empresarial, estatal o familiar, para poner un solo ejemplo de la vida actual, se ha extendido el criterio de que ella se ha de acomodar a los intereses personales e individuales y no estos a principios o valores morales, que no puede cambiar, aunque se modernicen la tecnología y las estructuras organizativas.

“La honestidad y la honradez son valores de siempre aunque hoy manejemos la economía por computadoras y por Internet” (R. De La Rosa, 2009, págs. 99-100).

2. La comunicación y sus medios son dones a la humanidad. Sobre este punto puedo recoger los criterios de cualquier pensador o filósofo, pero permítanme recoger el pensamiento de la Iglesia al respecto. Cito el Concilio Vaticano II, el documento más importante de Magisterio Eclesiástico del siglo XX:

“Entre los maravillosos inventos de la técnica que, sobre todo en estos tiempos, el ingenio humano, con la ayuda de Dios, ha extraído de las cosas creadas, la madre Iglesia acoge y fomenta con especial solicitud aquellos que atañen especialmente al espíritu humano y que han abierto nuevos caminos para comunicar con extraordinaria facilidad noticias, ideas y doctrinas de todo tipo.

Entre tales inventos sobresalen aquellos instrumentos que, por su naturaleza, pueden llegar no sólo a los individuos, sino también a las multitudes y a toda la sociedad humana, como son la prensa, el cine, la radio, la televisión y otros similares que, por ello mismo, pueden ser llamados con razón medios de comunicación social” (Concilio Vaticano II, Decreto sobre los medios de comunicación, # 1).
Pero todo don es al mismo tiempo tarea y responsabilidad.

“De este modo la Iglesia enfatiza la responsabilidad de los medios para contribuir al auténtico e íntegro desarrollo de las personas y alentar el bienestar de la sociedad. La información suministrada por los medios está al servicio del bien común. La sociedad tiene el derecho a la información basada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad” (Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Ética en la publicidad, #1).

Al hablar de la responsabilidad de los medios se está hablando ya de la ética en la comunicación y de sus medios. Se ha de responder de su buen o mal uso, de acuerdo al significado de responsabilidad. Son, pues, dones buenos, un bien, pero que no son neutros en su manejo. Pueden ser éticamente bien manejados o mal manejados.

3. La ética es universal. “Si se observa bien, los seis mandamientos o deberes siguientes se encuentran registrados en toda época y cultura, en todos los pueblos, religiones y leyes civiles:

No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no mentirás (no levantarás falso testimonio), honra a tu padre y a tu madre y amarás a tu prójimo como a ti mismo.

También los recoge el Decálogo del Antiguo Testamento (Éxodo 20, 12-16) y Jesucristo en el Evangelio (Mateo 19,16-22). Más aún Jesús, en el texto citado, afirma que el cumplimiento de esos seis mandatos bastan para alcanzar la vida eterna.

La ética humana fundamental, pues, está centrada en la persona humana, en el respeto a ella y en la promoción y defensa de su bienestar y derechos.

Todo ejercicio profesional o personal, que quiera ser ético, ha de tener en cuenta esos seis mandamientos o principios básicos fundamentales.

Nótese también que no se debe confundir la ética humana universal con la ética cristiana. Ésta va más allá: abarca toda la Palabra de Dios. Sin embargo, no se olvide que la ética cristiana exige el cumplimiento de la humana universal.

Esto quiere decir que todo ser humano está obligado por la ética fundamental, aunque no sea católico ni pertenezca a otra religión.

El cristianismo, por otra parte, no se reduce al cumplimiento de los mandamientos o deberes fundamentales de la ética ni se queda solo en ellos” (R. De La Rosa, 2009, págs. 139-140).

Considero que de los grandes mandamientos de la ética universal, los que tocan más directamente a los comunicadores son:

No matarás, no solo físicamente, sino tampoco sicológica, moral o espiritualmente.

No robarás, vendiendo la conciencia o las noticias por dinero u otras dádivas.

No mentirás (no levantarás falso testimonio), porque el comunicador es un servidor de la verdad.

Amarás a tu prójimo como a ti mismo, porque como tú, tiene derecho a una información basada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad.

CONCLUSIÓN

CERTIFICO que mi artículo en tres entregas, “Ética y comunicación”, corresponde al texto de la charla que di a comunicadores de Santiago bajo el título de “El papel de la Ética en la comunicación”, el día 3 de diciembre, invitado por la Comisión Nacional de Ética y Combate a la Corrupción.

Doy fe, en Santiago de los Caballeros a los ocho días del mes de enero del año del Señor 2010.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio
es arzobispo de Santiago

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