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La Altagracia es un nacimiento (2 de 2)

Sábado 19 de Diciembre de 2009 Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio
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INTRODUCCIÓN

He sentido el deseo de recordar este año que la imagen de la Altagracia, un óleo sobre lienzo, anónimo del siglo XV o principios del siglo XVI, de escuela española, representa ante todo la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.

Es una Natividad típicamente occidental, en la que la Virgen, arrodillada, se diferencia de la Natividad bizantina y oriental, donde ella está acostada.

Como toda imagen, ella es un medio de comunicación de enseñanzas.

Vamos, pues, a leer ahora brevemente en la Altagracia, como en un libro, las verdades teológicas que contiene.

Quiero destacar de ella,  aquí, aquellos elementos relacionados con la Navidad. Para entenderlos en su verdadero y profundo sentido hay que tener una Biblia en la mano. Por eso, podría decir que este artículo está escrito con la Imagen de la Altagracia de un lado y la Biblia del otro lado.  En la redacción del mismo voy a utilizar, sobre todo, mi libro “Nuestra Señora de la Altagracia”, Edición Pastoral, 1997.

Por razones de espacio lo voy a dividir en dos entregas.  En verdad ambas se completan, pero se pueden leer por separado.

En mi primera entrega toqué los siguientes tópicos:

1.    Símbolos  de la Natividad
2.    El fondo oscuro
3.    La estrella en lo alto
4.    San José

Ahora voy a tocar estos tres restantes:

5.  María
6.  El Niño
7.  La Virgen de la Navidad

5. María La figura de María aparece muy enriquecida desde el punto de vista doctrinal en la Altagracia. Así, no solamente se afirma su maternidad divina, sino otras verdades acerca de ella, lo cual nos lleva a profundizar sobre su persona.

Veamos, pues, algunos temas que aparecen indicados en el lenguaje no verbal, el de los símbolos:

La corona habla de su condición de Reina, de Madre de Jesucristo, Rey del universo (ver Lucas 1,32-33; Juan 18,33-37) y de la condición de aquel que ha alcanzado la corona de gloria (1 Pedro 5,4), la corona incorruptible (1 Corintios 9,25), la corona de la vida (Santiago 1,12; Apocalipsis 2,10). María es, pues, Reina, en el sentido pleno  de la palabra.

Las doce estrellas sobre su cabeza coronada y los rayos ardientes del sol es simbología del texto: Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza (Apocalipsis 12,1). Es el símbolo de María y la Iglesia vestida de la gloria de Dios; símbolo de la dimensión celestial de María y de la Iglesia.

El velo azul oscuro que cubre su cabeza es el símbolo de la mujer que se ha consagrado a Dios sea por el matrimonio (mujer casada) o sea por la virginidad. En María se da al mismo tiempo todo lo que significa el velo: ella es casada y virgen (ver Lucas 1,26-38).

El manto (vestido exterior de etiqueta) que se diferenciaba de la túnica (vestido interior) pasó a ser un signo de la protección de la Virgen: Protégeme con tu manto; Bajo el místico manto amoroso, de la Virgen vayamos en pos… (letras de un himno a la Virgen de la Altagracia, compuesto por Mons. Robles Toledano).

Rayo de luz blanco como la nieve, que está en el mismo centro de la virgen y muy destacado en la Imagen, simboliza el parto virginal de María y la divinidad del recién nacido (ver Mateo 1,18-23). Recoge el modo tradicional de explicar cómo se realizó el nacimiento de Jesús: De la misma manera que un rayo de sol atraviesa un cristal sin romperlo ni dañarlo, así fue el nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre. Se cumple, pues, la profecía: La Virgen ha concebido y ha dado a luz a su niño (ver Isaías 7,10-14 y Mateo 1,18-23).

La posición de rodillas de la Virgen en las natividades, y en la Imagen de Higüey, por tanto, es símbolo de adoración, de la humildad de la persona ante la divinidad. María reconoce que el Hijo nacido de sus entrañas es, a la vez, su Dios y Señor (Lucas 1, 39-45). Ella es la sierva, la esclava del señor (Lucas 1, E8), la mujer de fe (Lucas 1, 45).

La cabeza inclinada y los ojos bajos es símbolo del espíritu de contemplación y meditación de la Madre de Dios: María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón (Lucas 2,19 y 2,52).

Las manos juntas simbolizan la actitud de oración. María es la orante en todo momento (en el Magnificat, ver Lucas 1, 46) y la intercesora (en las Bodas de Caná, ver Juan 2, 1-11).

María en el centro es símbolo de su papel central en el acontecimiento de la Natividad y en la historia de la salvación (ver Lucas 1, 26-38)

El conjunto de símbolos y afirmaciones en torno a la figura de la virgen en la Imagen altagraciana tienen como base y fundamento su maternidad divina (se trata del Nacimiento del Hijo de Dios) y a partir de esta verdad clave se hacen todas las demás: Madre y virgen, terrestre y celeste, llena de gracia y humilde, glorificada y sierva, mujer sufriente y mujer orante, ser humano divinizado, creyente, discípula de su propio Hijo, etc.

6. El Niño “El Niño Jesús ocupando el primer plano es símbolo de que Él es la figura principal de toda la representación. Toda la simbología presente en el cuadro, aunque tenga su significado propio, gira en torno a Él y encuentra su significado último en Él. María misma, en el centro de la imagen, está dirigida a Él y es Él quien le confiere esa centralidad en la historia de la salvación.

El niño Jesús desnudo y en pañales es signo de su condición humana. El Mesías, el enviado de Dios, es verdadero hombre, nacido en la humildad y la debilidad de la carne, que necesita cuidado y protección, como cualquier ser humano: Al llegar la plenitud, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer…(ver Gálatas 4, 30). Semejante en todo a sus hermanos, menos en el pecado (ver Hebreos 2,17-19 y 4,14-16). La desnudez es símbolo del desamparo y debilidad del ser humano; los pañales, el cuidado que se da a un débil niño.

El pesebre con las pajas es símbolo de la pobreza del Mesías, el cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo, tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre (ver Filipenses 2,5-11). Al nacer el Hijo de Dios, el Rey-Mesías, no tuvo cuna.

El pesebre cuadrado representa una mesa de altar y el túmulo donde estuvo colocado Cristo muerto: el cuerpo colocado sobre el pesebre es, a la vez, el cuerpo de Jesús nacido en Belén, el cuerpo eucarístico y el cuerpo bajado de la cruz. Los pañales pasan así a ser también los manteles del altar y la mortaja del crucificado.

El Niño dormido con sus bracitos colocados paralelamente a su cuerpo es símbolo de su muerte y de su resurrección: está dormido, pero se despertará; está muerto, pero resucitará. El sueño es símbolo de la muerte y el despertarse de la resurrección: Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron. (1 Corintios 15,20).

7. La Virgen de la Navidad A propósito de este tema había escrito en los comienzos de la década de los 80´ reflexión, que recojo en mi libro, “Navidades Nuestras”, cuarta edición, 2005.

“En la Basílica de Higüey el Nacimiento es la Altagracia.

Narración de San Lucas, cuadro de la Altagracia: Estando allí se cumplieron los días de su parto y dio a luz a su primogénito y le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre (Lucas 1, 6-7).

Tarjeta navideña dominicana, la imagen de la Altagracia”.

Virgen de la Nochebuena, la Virgen de la Altagracia, colgada a la pared de cada casa; colgada en el corazón de cada quisqueyano; colgada en cada comedor dominicano la noche de la Nochebuena.

En la casa del pobre no había guirnaldas ni árboles ni Santa Claus, había un Nacimiento, el cuadro de la Altagracia.

Los pastores fueron a Belén, los dominicanos fueron al Santuario de Higüey.

Y le dieron el tradicional beso al Niño Jesús en el tiempo de la Navidad y los dominicanos lo dieron al Niño Jesús del lienzo de la Altagracia.

Narración de San Mateo, cuadro de la Altagracia: Los magos, después de haber oído al Rey, se fueron y la estrella que habían visto en Oriente les precedía, hasta que vino a pararse encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella sintieron grandísimo gozo, y llegando a casa, vieron al Niño, con María su Madre, y de rodillas le adoraron (Mateo 2, 9-11).

Estrella de la Navidad, estrella de la evangelización de las islas y el continente, la Virgen de la Altagracia.

La Virgen de la Altagracia está pintada en un lienzo muy delgado de media vara de largo y la pintura es del Nacimiento y está Nuestra Señora con el Niño Jesús delante y San José a sus espaldas (Luis Jerónimo de Alcocer, 1650).

Usted, quizás, no se ha puesto nunca a relacionar la Biblia con los orígenes y significados de las representaciones y símbolos principales empleados en la Navidad. Hacerlo lo haría más feliz, más profundo y lo capacitaría para comprender muchas cosas.

Quizás, tampoco se ha puesto a pensar que usted pudiera ser creador genial de nuevas representaciones navideñas o ser el inventor original de nuevas maneras muy dominicanas de representar los símbolos ya existentes”.

CONCLUSIÓN

CERTIFICO que cuanto he hecho en mi artículo “La Altagracia es un Nacimiento” es de mi puño y letra, recopilación de escritos hechas en diferentes momentos de mi vida.

DOY FE, en Santiago de los Caballeros a los 10 días del mes de diciembre del año del Señor 2009. 
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio
es arzobispo de Santiago

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