INTRODUCCIÓN
He sentido el deseo de recordar este año que la imagen de la Altagracia, un óleo sobre lienzo, anónimo del siglo XV o principios del siglo XVI, de escuela española, representa ante todo la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.
Es una Natividad típicamente occidental, en la que la Virgen, arrodillada, se diferencia de la Natividad bizantina y oriental, donde ella está acostada.
Como toda imagen, ella es un medio de comunicación de enseñanzas.
Vamos, pues, a leer ahora brevemente en la Altagracia, como en un libro, las verdades teológicas que contiene. Cada una de las figuras o símbolos encierra una enseñanza, con un significado preciso y exacto. No nos vamos a detener a hacer una reflexión o meditación muy extensa.
Sólo queremos introducir a la lectura de la imagen de la Altagracia para que se pueda meditar y profundizar ante ella y con ella lo que en ella se dice.
Quiero destacar de ella, aquí, aquellos elementos más relacionados con la Navidad. Para entenderlos en su verdadero y profundo sentido hay que tener una Biblia en la mano. Por eso, podría decir que este artículo está escrito con la imagen de la Altagracia de un lado y la Biblia del otro lado. En la redacción del mismo voy a utilizar, sobre todo, mi libro “Nuestra Señora de la Altagracia”, Edición Pastoral, 1997.
Por razones de espacio lo voy a dividir en dos entregas. En verdad ambas se completan, pero se pueden leer por separado. Los tópicos que voy a tocar son los siete siguientes:
1. Símbolos de la Natividad
2. El fondo oscuro
3. La estrella en lo alto
4. San José
5. María
6. El Niño
7. La Virgen de la Navidad
De estos siete, vamos a entregar en esta primera parte los primeros cuatro tópicos.
1.Símbolos de la Navidad. Los símbolos que indican la Natividad en esta imagen son: el Niño Jesús en el pesebre, la Madre María, el rayo de luz blanco como nieve en el centro de ella, san José con un cirio, la estrella de los Magos, arriba, a la derecha del espectador y detrás, la cueva, el fondo oscuro y las hendiduras, signos de un edificio en ruinas.
En otras representaciones de la Natividad pueden estar, además, como símbolos típicos: el buey y el asno, los pastores, los magos y los ángeles.
Ante la Virgen de la Altagracia se pueden leer textos bíblicos como éstos:
“El ángel les dijo (a los pastores); No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre,... Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre” (Lucas 2,10-12 y 16).
“Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo:
¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle” (Mateo 2,1-2).
2.El fondo oscuro. Así se presenta el fondo de la cueva o gruta en las natividades, para significar las tinieblas, símbolo del mundo en pecado, que es iluminado por la luz del mundo, Jesucristo. Es un tema muy bíblico:
“El pueblo que andaba a oscuras vio una luz intensa. Sobre los que vivían en tierra de sombras brilló una luz” (Isaías 9,1).
“En las tinieblas resplandece, luz de los rectos, tierno, clemente y justo” (Salmo 112 [111], 4).
“Nos visitará el sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven tinieblas y en sombras de muerte para guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lucas 1, 78-79).
“…Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la conocieron” (Juan 1,5).
“La noche está avanzada. El día se avecina. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz. Como en pleno día, procedamos con decoro: nada de comilonas y borracheras; nada de lujurias y desenfrenos; nada de rivalidades y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo y no os preocupéis de la carne para satisfacer sus concupiscencia” (Romanos 13,12-14).
“Porque en otro tiempo fuisteis tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor. Vivid como hijos de la luz; pues el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad. Examinad qué es lo que agrada al Señor, y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas” (Efesios 5,8-11).
“…Gracias al Padre que os ha hecho aptos para participar en la herencia de los santos en la luz. Él nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino del Hijo de su amor, en quien tenemos la redención: el perdón de los pecados” (Colosenses 1,12-14).
3.La estrella en lo alto. La estrella es uno de los grandes símbolos de la humanidad y es común a todas las culturas.
Es símbolo de Dios que está en el cielo; de Dios que se manifiesta (se deja ver, oír y sentir) y que guía; de Dios que ilumina en la oscuridad; de Jesucristo, como Dios y Rey; del cumplimiento de las profecías sobre el Mesías.
Tiene una relación con la estrella que brillará sobre Jacob, profetizada por Balaam (Números 24,17); con la estrella de los Magos (ver Mateo 2,1-12); y con Jesucristo mismo, el lucero radiante de la mañana. (Apocalipsis 22,16).
Ella es símbolo de luz y nos recuerda que la Natividad o manifestación, Epifanía de Dios, es una fiesta de luz (ver Isaías 60,1-6).
Los ocho picos simbolizan el cielo, la eternidad. La creación, que es temporal, duró en realizarse siete días. El octavo día, el que le sigue, es la eternidad, el día que no tiene fin.
Los dos haces de luz, que se desprenden de la estrella y caen sobre la escena, simbolizan la acción divina y celestial en los acontecimientos históricos de la salvación.
Es símbolo que se aplica al ser humano, cuando éste brilla por alguna razón, cuando sirve de guía, cuando es luz para los demás. Todo ser humano está llamado a ser estrella en algún sentido, siempre en relación con Dios. Cuando alguien se considera o es considerado la única estrella intenta, consciente o inconscientemente, desplazar a Dios y a los demás.
4.San José. La figura de José en las natividades viene dada porque es el esposo de María:
“El nacimiento de Jesucristo fue así: Su madre María estaba desposada con José; y antes de que se unieran, se halló que ella había concebido del Espíritu Santo. José, su marido, como era justo y no quería difamarla, se propuso dejarla secretamente. Mientras él pensaba en esto, he aquí un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que ha sido engendrado en ella es del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo; y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que habló el Señor por medio del profeta, diciendo:
He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarán su nombre Enmanuel, que traducido quiere decir: Dios con nosotros.
Cuando José despertó del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que ella dio a luz un hijo, y llamó su nombre Jesús (Mateo 1, 18-25).
Es el padre de Jesús según la ley:
“Cuando Jesús empezó su ministerio tenía treinta años y pasaba por hijo de José, que lo era de Elí” (Lucas 3, 23).
Es quien hace a Jesús hijo o descendiente de David, dándole la descendencia legal de Mesías:
“José subió de Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David en Judea llamada Belén –pues pertenecía a la Casa y familia de David- a inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta” (Lucas 2, 4-5).
Él, José, está presente de modo activo en toda la dinámica de la Encarnación, nacimiento e infancia de Jesús (Mateo, capítulos 1 y 2; Lucas capítulo 2).
Su presencia en un tercer plano, semioculta y pequeña en la Altagracia de Higüey, es símbolo de que sólo es padre adoptivo de Jesús, afirmando así la virginidad de María y la divinidad del recién nacido.
El vestido que porta (sayo, túnica y bonete) es el traje de los obreros de la época en que se pintó la Altagracia. Este tipo de adaptación cultural en los vestidos es muy común en iconografía. Así, por ejemplo, en la iconografía norteamericana actual se le ha pintado con un “overall”. Significa el oficio de San José: carpintero (ver Mateo 13,55). El vestido se utiliza para significar el ser o el quehacer de las personas.
La vela que lleva en la mano es un símbolo navideño propio de San José, introducido en los países flamencos y de ahí pasó a los demás. Pudo haber sido también una lámpara, un farol, un candil. El significado como iconográfico objetivo es: San José con la vela u otro medio de iluminación quería prestar un servicio a María para iluminar la noche y la oscuridad de la cueva. Nos muestra a José activo, trabajador, buscando soluciones a los problemas.
La aureola sobre su cabeza es símbolo de su santidad. José es el justo, el santo, afirma el evangelista Mateo (ver Mateo 1,18-25).
CONCLUSIÓN
CERTIFICO que cuanto he dicho en mi artículo “La Altagracia es un nacimiento” es de mi puño y letra, recopilación de escritos hechos en diferentes momentos de mi vida.
DOY FE, en Santiago de los Caballeros, a los 10 días del mes de diciembre del año del Señor 2009.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio
es arzobispo de Santiago
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