INTRODUCCIÓN
1.Valga este trabajo como especie de crónica, en la que se recogen datos en torno a la muerte de Mons.
Roque Antonio Adames Rodríguez, segundo obispo de Santiago de los Caballeros.
En realidad, el presente texto corresponde fundamentalmente a la carta circular que envié a toda la Arquidiócesis y a una parte de la homilía que pronuncié el domingo uno de noviembre en la primera misa oficial, que se celebró por su intención al llegar sus restos mortales para su velación esa tarde en la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de la Anunciación de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra.
Me acompañaban en el altar los obispos Jesús María de Jesús Moya, Fabio Mamerto Rivas y Valentín Reynoso, así como también el rector Mons. Agripino Núñez Collado y un notable grupo de sacerdotes y diáconos permanentes.
1. CARTA CIRCULAR. a) Cumplo con el deber de informarles que el sábado 31 de octubre, a las 8:30 p.m., falleció en el Hospital Metropolitano de Santiago, Su Excelencia Reverendísima Mons. Roque Antonio Adames Rodríguez, Obispo Emérito de Santiago de los Caballeros.
b) Sus restos serán velados en Santiago, el domingo día primero a partir de las 3:00 p.m. hasta las 9:00 p.m., en la Iglesia de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, de esta ciudad y el lunes día 2, de 9:00 a.m. a 9:00 p.m., en el mismo lugar. Serán velados, igualmente, el miércoles 4 en la Catedral Metropolitana de Santo Domingo, de 3:00 p.m. a 9:00 p.m.
c) La misa de cuerpo presente y sepultura tendrá lugar el domingo día 8, justo el día en el que celebraría su 81 cumpleaños, a las 10:00 a.m., en la susodicha Iglesia Ntra. Sra. de la Anunciación de la Universidad. Nos damos este compás de espera hasta terminar el sarcófago, en el que serán colocados sus restos.
d) Dios me concedió la gracia de estar presente en el momento de su muerte. Estaba muy mal, pero no moribundo, cuando se me ocurrió darle la absolución y bendición de los enfermos. Expiró justo al terminar de darle la bendición, en gran paz.
e) Hoy domingo uno de noviembre, a las 4:00 p.m., tendremos una misa en ese mismo lugar de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, que presidiré.
f) La víspera del sepelio, el sábado 7, tendremos otra jornada de velación, de 9:00 a.m. a 9:00 p.m.
g) Desde el martes tres hasta el sábado 7 reposarán sus restos en la Funeraria Blandino, mientras se termina de confeccionar el sarcófago donde serán colocados. Dicho sarcófago estará provisionalmente en la Iglesia de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra hasta que se traslade definitivamente a la Catedral.
h) En los días que preceden a su entierro ténganse celebraciones de la Eucaristía por él en todas nuestras Iglesias.
i) El novenario comenzará formalmente después del entierro, es decir, desde el lunes 9 hasta el martes 17. Se debe tener en todas las parroquias, según la práctica y tradición de la Iglesia.
j) Tendremos la celebración solemne del noveno día a las 6:00 p.m., en la Iglesia de la Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), el martes 17, como hemos dicho.
2. ¿POR QUÉ ESTA VELACIÓN EN LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA MADRE Y MAESTRA?. Este rito y esta Eucaristía debían haber tenido lugar en la Catedral Metropolitana de Santiago, que fue la Cátedra del obispo Adames.
Además, según la normativa universal de la Iglesia, “el cuerpo del obispo difunto se ha de sepultar en la Iglesia, que de ordinario será la Iglesia Catedral de su diócesis” (Ceremonial de los Obispos, #1164). Para que no hubiera duda alguna sobre esto último, Mons.
Adames dejó documento escrito ante notario, ratificando que su decisión era la de ser enterrado en la Catedral, según estipulan las normas internas de la Iglesia.
Pero como la Catedral de Santiago está cerrada, sometida a un detenido y sopesado proceso de consolidación y puesta en valor, ni esta velación, ni las exequias ni la inhumación de los restos de Mons. Adames pueden realizarse en ella.
Así que decidimos escoger esta Iglesia parroquial de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra por esa razón imperiosa y, sobre todo, porque Mons.
Adames fue rector magnífico, canciller y presidente de la Junta de Directores de dicha Universidad ¡Qué mejor lugar que éste, donde él, reconocido intelectual, siguió realizando esa faceta de su vocación humana y sacerdotal: la educativa y académica!
3. ATENCIONES HUMANAS Y MÉDICAS. Mons. Adames muere después de 81 años de existencia, de ellos, diez como sacerdote, 26 como obispo en pleno ejercicio de su ministerio y 17 como enfermo impedido y con múltiples complicaciones.
Fui testigo cercano, en los últimos seis años de su vida y de sus quebrantos, de un excelente cuidado humano por parte de los esposos Francisca Martínez y Julián Payamps y sus tres hijos.
Su entera dedicación a Mons. Adames durante sus largos años de enfermedad es invaluable. Existió entre el obispo enfermo y esta familia una hermosa interpelación de múltiples beneficios humanos y afectivos. Él era hijo único y no tenía parientes cercanos inmediatos.
Fui testigo de primer orden también de la cuidadosa atención médica. Mons. Adames no sólo recibía la entrega generosa de sus médicos, cuando sufría alguna crisis o era hospitalizado.
La tuvo a lo largo de los días y los meses. Cabe, pues, destacar el seguimiento delicado y hasta amical que le dieron sus médicos, los doctores Manuel Lora Perelló, Luis Enrique Cantisano, José Benjamín Hernández y, en su etapa final, Nicolás Batlle Portela.
¡Cuántos testimonios acerca de estos galenos pudiéramos dar y a su vez cuántos pudieran ellos ofrecer del mismo Adames! Respecto a esto último les oí decir que “en sus largos años de enfermedad nunca oyeron quejarse a Mons. Adames”. Sólo en sus últimos días les llegó a decir un par de veces: “Estoy muy mal”.
4.SUS ÚLTIMOS MOMENTOS. Fui testigo, finalmente, de una escena impactante en el orden espiritual, de la que quiero dejar constancia: cuando el Dr. Lora me llamó la noche de su muerte para decirme que Mons.
Adames se estaba poniendo grave, terminé la acción pastoral que estaba realizando y salí enseguida para el HOMS.
Al llegar, fui junto a la cama de Mons. Adames, me le presenté, abrió los ojos, me reconoció y le dirigí unas palabras. Pasé un rato con él, luego me reuní con el Dr. Lora, sus seres queridos cercanos y un sacerdote para evaluar la situación y planificar las acciones necesarias en caso de su fallecimiento.
No estábamos preparados para ello. No lo estábamos esperando. Cuando terminamos la reunión, sentí el impulso de retornar al lecho de Mons. Adames para darle la absolución y lo dije: - “Quiero volver donde Mons. Adames y hacer un rito de la Iglesia, acostumbrado en estos casos, el de la absolución, tal y como se hace en la confesión.
Vengan conmigo”. No lo había hecho en ninguna de sus muchas crisis de quebrantos anteriores. Tampoco él estaba agonizando. Además, ya otros sacerdotes le habían dado la absolución y la unción de los enfermos.
Fuimos, pues, rodeamos su cama, empecé a darle la absolución, él abrió los ojos y derramó una lágrima. Mientras hacía el rito, empezó a dejar de respirar.
Confieso que yo no esperaba su muerte en ese momento ni tampoco el médico ni los presentes. Luego rezamos tres veces el Padre Nuestro, el Ave María y Gloria.
Le di, después, la bendición que solemos dar a los enfermos, y cuando terminé, expiró con gran tranquilidad y paz, como una vela que se apaga suavemente.
El primer sorprendido fue su mismo médico. Le tomó, entonces, el pulso, lo chequeó con su estetoscopio y exclamó: “Ya descansó. Creo que sólo estaba esperando este momento espiritual para irse tranquilo”.
5.EL DÍA DE SU MUERTE. Cualquiera desea morir en un día significativo. El cristiano no escapa a este sentimiento humano y no deja de echar una mirada al día de su muerte para relacionarlo con la propia. Así notamos en Mons. Adames estas tres coincidencias significativas, que no consideramos pura casualidad:
a) Muere en sábado, al final del mismo. “Sábado” significa, por una parte, descanso y, por otra, es día dedicado a la Virgen María, Madre de Jesús. Para los creyentes católicos, morir en sábado es significativo. Mons. Adames ya descansó de sus trabajos y enfermedades y entró en “el sábado” eterno y definitivo de Dios. Además, amaba y veneraba de manera entrañable a la Madre de Aquel, del cual era discípulo y ministro, Jesucristo. Yo mismo lo acompañé, yendo él en su silla de ruedas, en una peregrinación a Higüey para encontrar a la Altagracia, en noviembre del 2005.
b) Muere en la fiesta litúrgica de Todos los Santos, celebración muy significativa en la vida de la Iglesia, y que recuerda a todos los que están en el cielo: “Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y del cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos” (Apocalipsis 7, 9). Tenemos la seguridad de que el alma de Roque Adames entró a formar parte de esa multitud.
c) Es velado en Santiago el primer domingo de noviembre, escogido por él como Día del Catequista desde 1967. En la mañana, tuvo lugar en el Centro Carismático esa concentración anual de unos 4,000 catequistas. Mons. Adames asistía sistemáticamente a dicho Encuentro. En el velatorio estuvo presente un grupo representativo de dichos catequistas: de nuevo se encuentran con Mons. Adames, un domingo primero de noviembre, aunque en una situación diferente.
CONCLUSIÓN
CERTIFICO que cuanto he escrito acerca de la muerte de Mons. Adames ha sido dicho y firmado por mí.
DOY FE, en Santiago de los Caballeros, a los 6 días del mes de noviembre del año del Señor de 2009.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio
es arzobispo de Santiago
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