INTRODUCCIÓN
1.A nadie se oculta que los comienzos del tercer milenio están marcados por la corrupción administrativa, por la ambición desmedida de riquezas y por el ansia de hacerse rico lo más rápido posible y a como dé lugar.
No importa si las empresas quiebran o el gobierno cae en bancarrota o un pueblo gime en la miseria: amasar miles de millones en la moneda que sea, sólo para tenerlos, se vuelve una meta y se busca el primer puesto como un récord que se debe alcanzar, a la manera como lo hacen los atletas y deportistas.
Considero que en todo tiempo, pero de manera particular en el actual, echar una mirada a la sabiduría acumulada por los pueblos y los siglos sobre las riquezas y los ricos, vale siempre la pena.
Empecemos recurriendo a una fuente clave de la sabiduría humano-divina y de nuestra cultura propia: la Biblia.
2.Ricos y santos fueron los grandes personajes del Antiguo Testamento, padres y modelos de nuestras vidas: Abraham, Jacob, José, David, Job, Tobías.
Así: “Abraham era muy rico en ganado, plata y oro” (Génesis 13, 2).
“En la región de Us había un hombre llamado Job, que vivía una vida recta y sin tacha y que era un fiel servidor de Dios… Era el hombre más rico de todo el oriente” (Job 1, 1-3).
La riqueza bien habida, pues, no es mala en sí misma, si no el uso y manejo que se le dé:
“¡Feliz el rico que fue hallado intachable, que tras el oro no se fue” (Ben Sirá - Libro del Eclesiástico 3, 18).
Un ejemplo, al respecto, nos lo da Tobías: “Yo, Tobit, he andado por caminos de verdad y en justicia todos los días de mi vida y he repartido muchas limosnas entre mis hermanos y compatriotas, deportados conmigo a Nínive, al país de los asirios” (Tobías 1, 3).
3.Sin embargo, ni todos los ricos han dado un uso adecuado a sus riquezas ni siempre han sido bien habidas.
He aquí un ramillete de consideraciones que nos ofrecen los libros bíblicos sobre las riquezas:
3.1“No digas en tu corazón: "Mi propia fuerza y el poder de mi mano me han creado esta prosperidad", sino acuérdate del Señor tu Dios, que es el que te da la fuerza para crear la prosperidad, cumpliendo así la alianza que bajo juramento prometió a tus padres, como lo hace hoy” (Deuteronomio 8, 17-18).
3.2 “El insomnio por la riqueza consume las carnes, las preocupaciones que trae ahuyentan el sueño. Las preocupaciones del día impiden dormir, la enfermedad grave quita el sueño. Se afana el rico por juntar riquezas, y cuando descansa, se hastía de sus placeres” (Eclesiástico 31, 1-3).
3.3 “Porque nosotros no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él. Mientras tengamos comida y vestido, estemos contentos con eso. Los que quieren enriquecerse caen en la tentación, en el lazo y en muchas codicias insensatas y perniciosas que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque la raíz de todos los males es el afán de dinero, y algunos, por dejarse llevar de él, se extraviaron en la fe y se atormentaron con muchos dolores” (Timoteo 6, 7-10).
3.4 “A los ricos de este mundo recomiéndales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en lo inseguro de las riquezas sino en Dios, que nos provee espléndidamente de todo para que lo disfrutemos; que practiquen el bien, que se enriquezcan de buenas obras, que den con generosidad y con liberalidad; de esta forma irán atesorando para el futuro un excelente fondo con el que podrán adquirir la vida verdadera” (1 Timoteo 6, 17-19).
3.5 “El que da a los pobres no conocerá la indigencia, para el que se tapa los ojos abundante maldición” (Proverbios 28, 27).
3.6 “No os fiéis de la opresión, no os ilusionéis con la rapiña; a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón” (Salmo 61, 11).
3.7 “Mirad: el salario que no habéis pagado a los obreros, que segaron vuestros campos, está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos” (Santiago 5, 4).
3.8 “Ay de ti, que a base de maldad e injusticias construyes tu mansión y tus altos edificios, que haces trabajar a los demás sin pagarles sus salarios” (Jeremías 22, 13).
3.9 “¿Me he negado al deseo de los débiles? ¿Dejé desfallecer los ojos de la viuda? ¿Comí solo mi pedazo de pan, sin compartirlo con el huérfano? “¿He visto a un miserable sin vestido, a algún pobre desnudo, sin que en lo íntimo de su ser me bendijera, y del vellón de mis corderos se haya calentado” (Job 31, 16-20).
3.10 “No me des pobreza ni riqueza, dame solo el pan necesario, porque si me sobra, podría renegar de ti y decir que no te conozco; y si me falta, podría robar y ofender así tu divino nombre” (Proverbios 30, 7-9).
3.11 “El que ama el dinero, siempre quiere más; el que ama las riquezas siempre quiere tener más. Mientras más se tiene, más se gasta” (Eclesiastés 5,9 -10).
3.12 “Más vale ser pobre y honrar al Señor que ser rico y vivir angustiado” (Proverbios 15, 16).
3.13 “Más vale comer pan duro y vivir en paz que tener muchas fiestas y vivir peleando” (Proverbios 17, 1).
3.14 “Mata a su prójimo quien le arrebata su sustento, vierte sangre quien quita el jornal al jornalero” (Eclesiástico 34, 22).
3.15 “El que se hace rico injustamente es como la perdiz que empolla huevos ajenos. En pleno vigor tendrá que abandonar su riqueza, y al fin solo será un tonto más” (Jeremías 17, 11).
3.16 “Así dice el Señor: No se enorgullezca el sabio por su sabiduría, ni el poderoso por su poder, ni el rico por su riqueza” (Jeremías 9, 22).
3.17 “Regula tu limosna según la abundancia de tus bienes. Si tienes poco, da conforme a ese poco, pero nunca temas dar limosna” (Tobías 4, 8).
3.18 “Una cosa realmente lamentable he visto en este mundo: que el amontonar riquezas va en perjuicio de su dueño, pues un mal negocio puede acabar con toda esa riqueza, y si él tiene un hijo, ya no tendrá después nada que dejarle. Y tal como vino a este mundo, así se irá: tan desnudo como cuando nació, y sin llevarse nada del fruto de su trabajo. Esto es realmente lamentable: que tal como vino al mundo, así también se irá. ¿Y qué sacó de tanto trabajar para nada? Para colmo, toda su vida se la pasó en tinieblas, y con muchas molestias, dolores y resentimientos” (Eclesiastés 5, 12-16).
3.19 “El orgulloso detesta al humilde, y el rico detesta al pobre.
Si el rico tropieza, sus amigos lo sostienen, pero si tropieza el pobre, sus amigos lo empujan.
Habla el rico, y muchos lo apoyan, y aunque hable mal, les parece muy bien.
Se equivoca el pobre, y se burlan de él, y aunque hable con sensatez, nadie le hace caso.
Habla el rico, y todos se callan y ponen por las nubes su talento.
Habla el pobre, y preguntan: “¿Quién es ese?” Y si tropieza, todavía le dan un empujón.
Buena es la riqueza conseguida honradamente, y mala es la pobreza fruto del orgullo” (Eclesiástico 5, 12-16).
3.20 “No digas: Ya tengo todo lo que necesito, no me hace falta nada más” (Eclesiástico 11, 23).
3.21 Jesús, en su Evangelio, retoma este último tema y lo desarrolla de la siguiente manera: “Cuídense ustedes de toda avaricia; porque la vida no depende del poseer muchas cosas. Entonces les contó una parábola: “había un hombre rico, cuyas tierras dieron gran cosecha. El rico se puso a pensar: “¿Qué haré? No tengo dónde guardar mi cosecha. Y se dijo: Ya sé lo que voy a hacer. Derribaré mis graneros y levantaré otros más grandes, para guardar en ellos toda mi cosecha y todo lo que tengo. Luego me diré: Amigo, tienes muchas cosas guardadas para muchos años, descansa, come, bebe, goza la vida. Pero Dios le dijo. ‘Necio, esta misma noche perderás la vida, y lo que tienes guardado, ¿para quién será? Así le pasa al hombre que amontona riquezas para sí mismo, pero es pobre delante de Dios” (Lucas 12, 16-21).
3.22 “¡Oigan esto, ustedes los ricos! ¡Lloren y griten por las desgracias que van a sufrir! Sus riquezas están podridas; sus ropas, comidas por la polilla. Su oro y su plata se han enmohecido, y ese moho será una prueba contra ustedes y los destruirá como fuego. Han amontonado riquezas en estos días, que son los últimos. El pago que no les dieron a los hombres que trabajaron en su cosecha, está clamando contra ustedes; y el Señor todopoderoso ha oído la reclamación de esos trabajadores. Aquí en la tierra se han dado ustedes una vida de lujo y placeres, engordando como ganado, ¡y ya llega el día de la matanza! Ustedes han condenado y matado a los inocentes sin que ellos opusieran resistencia” (Santiago 5, 1-6).
CONCLUSIÓN
CERTIFICO que mi artículo “LAS RIQUEZAS EN LA BIBLIA” no es un estudio exhaustivo sobre el tema, pero es un resumen, que recoge las enseñanzas bíblicas fundamentales sobre el mismo y puede, además, para tener una visión más plena, completarse con mis otros dos artículos “LAS RIQUEZAS EN LOS PROFETAS” y “LAS RIQUEZAS EN LOS EVANGELIOS”.
DOY FE, en Santiago de los Caballeros, a los 15 días del mes de octubre del año del Señor del 2008.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio
es arzobispo de Santiago
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