INTRODUCCIÓNSiempre es interesante hablar sobre la sabiduría y, dada su importancia en la vida humana, se ha de volver continuamente sobre ella como tema para reflexionar, profundizar y ponerla en práctica.
Aquí en este trabajo, a la luz de esa finalidad (reflexión, profundización y práctica), deseo recordar u ofrecer algunos tópicos que considero buenos y válidos para cualquier persona, época o cultura.
1. DEFINICIÓN. La sabiduría es un tipo de conocimiento, el “grado más alto del conocimiento” (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española), que une lo teórico con lo práctico. Es un saber que conduce a una “conducta prudente en la vida y en los negocios” (ibidem Diccionario citado).
No se la puede confundir con la sola doctrina o erudición. Se la obtiene por el estudio, la experiencia, el amor a la vida y la observación de la historia.
El creyente añade a esos medios la oración a Dios, pidiéndole confiadamente que le conceda ese don. Sabio es aquel que saca lecciones de sus conocimientos para orientar su propia vida y la de los demás.
La sabiduría y la prudencia van de la mano. Ésta “consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello” (Diccionario citado). Así, el sabio es prudente y la prudencia necesita de la sabiduría para alcanzar su objetivo propio. Tan unidas van que a veces se les confunde, llamando a la sabiduría prudencia, y viceversa.
2. DOCTO, SABIO, ERUDITO. Arrojan luces para profundizar y aquilatar algunos aspectos del concepto de sabiduría, las siguientes definiciones o reflexiones de Roque Barcia en su obra “Sinónimos Castellanos” acerca de las palabras “docto”, “sabio”, “erudito”, comparándolas entre sí y precisando su significado:
Docto es el hombre que ha aprendido mucha doctrina.
Sabio es el que la tiene, no sólo por estudio, sino por propia observación y por propio talento.
Erudito es el que reúne una gran variedad de noticias, pero sin encadenamiento filosófico; esto es, sin sistema.
La tarea del docto consiste en aprender.
La tarea del sabio consiste en ordenar.
La tarea del erudito es averiguar y leer.
El docto entiende el libro.
El sabio lo demuestra.
El erudito ve el título, el autor, la edición y la fecha.
El docto enseña.
El sabio escribe.
El erudito cita.
El erudito ve el hecho.
El docto ve la serie.
El sabio comprende la razón de la serie y del hecho.
Lo contrario de docto es indocto.
La contrario de sabio, ignorante
Lo contrario de erudito, rudo.
3. LIBROS DE SABIDURÍA EN LA BIBLIA. El tema de la sabiduría es un tema clásico e importante en los escritos bíblicos. Enseñanzas para ordenar rectamente la vida, meollo de la sabiduría, se encuentran en ciertas partes del libro de Job y en algunos Salmos. Pero libros enteros le son dedicados, como los siguientes: Proverbios, Eclesiástes, Eclesiástico y ese otro, llamado precisamente Sabiduría.
La sabiduría, de la que tratan estos libros, no es un simple conocimiento de las cosas de este mundo ni se refiere a sólo aspectos teóricos, sino que es eminentemente práctica. Debe enseñarle al ser humano cómo ordenar su vida. Ella no es sólo para el individuo, sino para toda la sociedad. Por eso esta sabiduría deben buscarla sobre todo los gobernantes.
En dichos libros se trata no sólo de salvación en el sentido eterno, sino también en el sentido del comportamiento humano, cívico, de interrelación social. Cada uno de ellos es un pequeño tratado de vida, respuestas para preguntas concretas del diario vivir.
Hernando García Mejía, siglo XX, publicó una edición del Libro de los Proverbios bajo el título de “Los mejores consejos de la Biblia”. Allí, en la introducción, trae sobre él la afirmación siguiente, que puede aplicarse a todos los libros sapienciales de la Biblia: “El hombre moderno busca empeñosamente, en libros de autoayuda y superación individual, por lo general, caminos de triunfo.
En mitad de la noche busca una estrella propicia.
Los filósofos, sicólogos y pedagogos le muestran caminos diversos. Pero lo cierto es que todos los caminos ya fueron trazados e indicados.
En la Biblia, y concretamente en Los Proverbios, está todo, toda luz y toda enseñanza, todo derrotero y todo destino”.
4. SALOMÓN Y LA SABIDURÍA. Salomón es considerado en la historia de la humanidad como el sabio por excelencia y modelo de gobernante por su sabiduría.
Desde antiguo se tiene como un criterio muy definido que la principal responsabilidad de uno que gobierna a una nación es lograr en su pueblo un orden social justo.
Para ello necesita la sabiduría: saber qué hacer y cómo hacerlo, tanto en las situaciones normales como difíciles.
El primer libro de Los Reyes de Israel, Cap. 3, 5-14, narra, después que Salomón fue elegido Rey y puesto al frente de su pueblo el siguiente episodio: “una noche, en Gabaón, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo: “Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré”.
Salomón respondió: “Tú trataste con gran bondad a mi padre, tu siervo David, pues él se condujo delante de ti con lealtad, justicia y rectitud de corazón para contigo.
Por eso lo trataste con tanta bondad y le concediste que un hijo suyo se sentara en su trono, como ahora ha sucedido.
Tú, Señor y Dios mío, me has puesto para que reine en lugar de David, mi padre, aunque yo soy un muchacho joven y sin experiencia.
Pero estoy al frente del pueblo que tú escogiste: un pueblo tan grande que, por su multitud, no puede contarse ni calcularse. Dame, pues, un corazón atento para gobernar a tu pueblo, y para distinguir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién hay capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan numeroso?
Al Señor le agradó que Salomón le hiciera tal petición, y le dijo: “Porque me has pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino inteligencia para saber oír y gobernar, voy a hacer lo que me has pedido: yo te concedo sabiduría e inteligencia como nadie las ha tenido antes que tú ni las tendrá después de ti.
Además, te doy riquezas y esplendor, cosas que tú no pediste, de modo que en toda tu vida no haya otro rey como tú.
Y si haces mi voluntad, y cumples mi leyes y mandamientos, como lo hizo David, tu padre, te concederé una larga vida”.
5. SOLUCIÓN DADA CON SABIDURÍA. No existen reglas o leyes para dar una solución adecuada a todos los problemas que se presentan en la vida sobre cuando se ha de hacer justicia o dar consejo. Muchos quisieran tener una especie de catálogo donde se determinen las soluciones, casi de manera matemática.
Para un grupo notable de casos sí existen normas que ayudan. Pero hay otros muchos donde el camino de solución no puede ser otro que el de la sabiduría, de la que hablamos.
Un ejemplo inspirador y que invita a reflexionar es el presentado al Rey Salomón para que dicte sentencia sobre él. Lo recoge el I Libro de los Reyes de Israel, Cap. 3, 16-28:
“Por aquel tiempo fueron a ver al rey dos prostitutas. Cuando estuvieron en sus presencia, una de ellas dijo: -¡Ay, Majestad! Esta mujer y yo vivimos en la misma casa, y yo di a luz estando ella conmigo en casa.
A los tres días de que yo di a luz, también dio a luz esta mujer. Estábamos las dos solas.
No había ninguna persona extraña en casa con nosotras; solo estábamos nosotras dos. Pero una noche murió el hijo de esta mujer, porque ella se acostó encima de él.
Entonces se levantó a medianoche, mientras yo estaba dormida, y quitó de mi lado a mi hijo y lo acostó con ella, poniendo junto a mí a su hijo muerto.
Por la mañana, cuando me levanté para dar el pecho a mi hijo, vi que estaba muerto.
Pero a la luz del día lo miré, y me di cuenta de que aquel no era el hijo que yo había dado a luz.
La otra mujer dijo: -No, mi hijo es el que está vivo, y el tuyo es el muerto. Pero la primera respondió: - No, tu hijo es el muerto, y mi hijo el que está vivo.
Así estuvieron discutiendo delante del rey. Entonces el rey se puso a pensar. “Esta dice que su hijo es el que está vivo, y que el muerto es el de la otra; ¡pero la otra dice exactamente lo contrario! Luego ordenó: -¡Tráiganme una espada! Cuando le llevaron la espada al rey, ordenó: -Corten en dos al niño vivo, y denle una mitad a cada una.
Pero la madre del niño vivo se angustió profundamente por su hijo, y suplicó al rey: -¡Por favor! No mate Su Majestad al niño vivo.
¡Mejor déselo a esta mujer! Pero la otra dijo: -Ni para mí ni para ti. ¡Que lo partan! Entonces intervino el rey y ordenó: -Entreguen a aquella mujer el niño vivo. No lo maten, porque ella es su verdadera madre.
Todo Israel se enteró de la sentencia con que el rey había resuelto el pleito, y sintieron respeto por él porque vieron que Dios le había dado sabiduría para administrar justicia”.
CONCLUSIÓNCERTIFICO que, desde la más remota antigüedad, la humanidad ha aprendido que sin sabiduría nadie puede conducir ni la propia vida ni la ajena, ni conducir una familia, un grupo o una nación.
DOY FE en Santiago de los Caballeros el 16 de octubre del año del Señor 2009.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es arzobispo de Santiago
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