INTRODUCCIÓN
Ya hice una primera entrega sobre esta temática. Ahora la concluyo. Por razones de claridad y continuidad, repetiré la introducción de aquella entrega:
Igual que el tema de la solidaridad, la globalización, hoy por hoy, es otro tema imprescindible al tratar del desarrollo.
No se puede hablar de éste sin referirse a la globalización. Ya lo he hecho en otros artículos.
Pero ahora quiero tomar, aunque me repita, de manera sistemática y completa, cuanto dice el Papa Benedicto XVI, sobre globalización y desarrollo en su encíclica CARITAS IN VERITATE (La caridad en la verdad) sobre el desarrollo humano integral.
Ciertamente, la exposición, que hago a continuación, puede ser considerada como un “pequeño tratado”, muy concentrado, de la globalización y sus diversos aspectos en la actualidad. Como otras veces, colocaré al lado de cada concepto el párrafo de la encíclica correspondiente.
He aquí, pues, 15 puntos sobre desarrollo y globalización, a saber:
1. Sociedad en vías de globalización
2. La globalización es la gran novedad del siglo XX
3. La fraternidad en la globalización actual
4. El hambre y la globalización
5. El gran desafío de la globalización
6. La vida económica en un mundo globalizado
7. La democracia económica en la globalización
8. Una economía plenamente humana y la globalización
9. Diferentes dimensiones de la globalización
10. La globalización, a priori, no es buena ni mala
11. La religión y la globalización
12. El gobierno de la globalización
13. La globalización urge la reforma de la ONU
14. El desarrollo tecnológico y la globalización
15. Los medios de comunicación social y la globalización
Ahora traeré sólo los seis restantes de dichos quince puntos:
10 LA GLOBALIZACIÓN, A PRIORI, NO ES BUENA NI MALA. “A pesar de algunos aspectos estructurales innegables, pero que no se deben absolutizar, «la globalización no es, a priori, ni buena ni mala. Será lo que la gente haga de ella».
Debemos ser sus protagonistas, no las víctimas, procediendo razonablemente, guiados por la caridad y la verdad.
Oponerse ciegamente a la globalización sería una actitud errónea, preconcebida, que acabaría por ignorar un proceso que tiene también aspectos positivos, con el riesgo de perder una gran ocasión para aprovechar las múltiples oportunidades de desarrollo que ofrece.
El proceso de globalización, adecuadamente entendido y gestionado, ofrece la posibilidad de una gran redistribución de la riqueza a escala planetaria como nunca se ha visto antes; pero, si se gestiona mal, puede incrementar la pobreza y la desigualdad, contagiando además con una crisis a todo el mundo.
Es necesario corregir las disfunciones, a veces graves, que causan nuevas divisiones entre los pueblos y en su interior, de modo que la redistribución de la riqueza no comporte una redistribución de la pobreza, e incluso la acentúe, como podría hacernos temer también una mala gestión de la situación actual” (Ibidem #42).
11 LA RELIGIÓN Y LA GLOBALIZACIÓN. Hay culturas y religiones que enseñan la fraternidad y la paz, por tanto, son de gran importancia para el desarrollo humano integral, pueden integrarse fácilmente en la globalización y ayudarlo a ser humano, solidario y fraterno.
“Sin embargo, no faltan actitudes religiosas y culturales en las que no se asume plenamente el principio del amor y de la verdad, terminando así por frenar el verdadero desarrollo humano e incluso por impedirlo.
El mundo de hoy está siendo atravesado por algunas culturas de trasfondo religioso, que no llevan al hombre a la comunión, sino que lo aíslan en la búsqueda del bienestar individual, limitándose a gratificar las expectativas psicológicas.
También una cierta proliferación de itinerarios religiosos de pequeños grupos, e incluso de personas individuales, así como el sincretismo religioso, pueden ser factores de dispersión y de falta de compromiso.
Un posible efecto negativo del proceso de globalización es la tendencia a favorecer dicho sincretismo alimentando formas de «religión» que alejan a las personas unas de otras, en vez de hacer que se encuentren, y las apartan de la realidad” (#55).
12 EL GOBIERNO DE LA GLOBALIZACIÓN. La globalización es un fenómeno, que no puede dejarse al azar ni que sea anárquico. Se hace, pues, necesario gobernar la globalización y orientarla hacia un desarrollo verdadero.
“Para no abrir la puerta a un peligroso poder universal de tipo monocrático, el gobierno de la globalización debe ser de tipo subsidiario, articulado en múltiples niveles y planos diversos, que colaboren recíprocamente. La globalización necesita ciertamente una autoridad, en cuanto plantea el problema de la consecución de un bien común global; sin embargo, dicha autoridad deberá estar organizada de modo subsidiario y con división de poderes, tanto para no herir la libertad como para resultar concretamente eficaz” (#57).
13 LA GLOBALIZACIÓN URGE LA REFORMA DE LA ONU. “Ante el imparable aumento de la interdependencia mundial, y también en presencia de una recesión de alcance global, se siente mucho la urgencia de la reforma tanto de la Organización de las Naciones Unidas como de la arquitectura económica y financiera internacional, para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones.
Y se siente la urgencia de encontrar formas innovadoras para poner en práctica el principio de la responsabilidad de proteger y dar también una voz eficaz en las decisiones comunes a las naciones más pobres.
Esto parece necesario precisamente con vistas a un ordenamiento político, jurídico y económico que incremente y oriente la colaboración internacional hacia el desarrollo solidario de todos los pueblos.
Para gobernar la economía mundial, para sanear las economías afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios consiguientes, para lograr un oportuno desarme integral, la seguridad alimenticia y la paz, para garantizar la salvaguardia del ambiente y regular los flujos migratorios, urge la presencia de una verdadera autoridad política mundial, como fue ya esbozada por mi predecesor, el Beato Juan XXIII.
Esta autoridad deberá estar regulada por el derecho, atenerse de manera concreta a los principios de subsidiaridad y de solidaridad, estar ordenada a la realización del bien común, comprometerse en la realización de un auténtico desarrollo humano integral inspirado en los valores de la caridad en la verdad.
Dicha autoridad, además, deberá estar reconocida por todos, gozar de poder efectivo para garantizar a cada uno la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos.
Obviamente, debe tener la facultad de hacer respetar sus propias decisiones a las diversas partes, así como las medidas de coordinación adoptadas en los diferentes foros internacionales.
En efecto, cuando esto falta, el derecho internacional, no obstante los grandes progresos alcanzados en los diversos campos, correría el riesgo de estar condicionado por los equilibrios de poder entre los más fuertes.
El desarrollo integral de los pueblos y la colaboración internacional exigen el establecimiento de un grado superior de ordenamiento internacional de tipo subsidiario para el gobierno de la globalización, que se lleve a cabo finalmente un orden social conforme al orden moral, así como esa relación entre esfera moral y social, entre política y mundo económico y civil, ya previsto en el Estatuto de las Naciones Unidas” (#67).
14 EL DESARROLLO TECNOLÓGICO Y LA GLOBALIZACIÓN. La técnica atrae fuertemente a todo ser humano, porque lo recata de las limitaciones físicas, le amplía el horizonte y le abre muchas posibilidades de dominio.
Pero lleva consigo posibles desviaciones.
Así “el desarrollo tecnológico puede alentar la idea de la autosuficiencia de la técnica, cuando el hombre se pregunta sólo por el cómo, en vez de considerar los porqués que lo impulsan a actuar.
El proceso de globalización podría sustituir las ideologías por la técnica transformándose ella misma en un poder ideológico, que expondría a la humanidad al riesgo de encontrarse encerrada dentro de un a priori del cual no podría salir para encontrar el ser y la verdad.
En ese caso, cada uno de nosotros conocería, evaluaría y decidiría los aspectos de su vida desde un horizonte cultural tecnocrático, al que perteneceríamos estructuralmente, sin poder encontrar jamás un sentido que no sea producido por nosotros mismos.
Esta visión refuerza mucho hoy la mentalidad tecnicista, que hace coincidir la verdad con lo factible” (#70).
15 LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL Y LA GLOBALIZACIÓN. Como la globalización, los medios de comunicación no son, a priori, ni buenos ni malos. Depende del uso que se les dé.
Así pueden ofrecer una valiosa ayuda al aumento de la comunión en la familia humana, y, por tanto, a una globalización humanizada, cuando se convierten en instrumentos que promueven la participación universal en la búsqueda común de lo que es justo.
Pero también pueden ejercer un flujo negativo.
“Es casi imposible imaginar ya la existencia de la familia humana sin su presencia. Para bien o para mal, se han introducido de tal manera en la vida del mundo, que parece realmente absurda la postura de quienes defienden su neutralidad y, consiguientemente, reivindican su autonomía con respecto a la moral de las personas.
Muchas veces, tendencias de este tipo, que enfatizan la naturaleza estrictamente técnica de estos medios, favorecen de hecho su subordinación a los intereses económicos, al dominio de los mercados, sin olvidar el deseo de imponer parámetros culturales en función de proyectos de carácter ideológico y político.
Dada la importancia fundamental de los medios de comunicación en determinar los cambios en el modo de percibir y de conocer la realidad y la persona humana misma, se hace necesaria una seria reflexión sobre su influjo, especialmente sobre la dimensión ético-cultural de la globalización y el desarrollo solidario de los pueblos.
Al igual que ocurre con la correcta gestión de la globalización y el desarrollo, el sentido y la finalidad de los medios de comunicación debe buscarse en su fundamento antropológico” (#73).
CONCLUSIÓN
CERTIFICO que todo el contenido de mi artículo “Desarrollo y globalización” está inspirado en la encíclica CARITAS IN VERITATE (La caridad en la verdad) del Papa Benedicto XVI sobre el desarrollo humano integral, siendo todas sus citas textuales de dicha encíclica.
DOY FE en Santiago de los Caballeros, a los 28 días del mes de septiembre, del año del Señor 2009.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio
es arzobispo de Santiago
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