INTRODUCCIÓNCuántas veces al reflexionar sobre el desarrollo en el mundo actual, como en otros temas, igualmente, se llega a conclusiones y a afirmaciones que van muy claras y evidentes.
Pero en medio de la libertad de expresión se oyen otras opiniones que traen confusiones o inseguridad ante las firmes y propias convicciones.
He aquí una serie de afirmaciones sobre el desarrollo, que se presentan como indiscutibles para muchos y que se repiten aquí y allá en público y privado. Las tomo del Papa Benedicto XVI, concretamente del capítulo IV de su ENCÍCLICA CARITAS IN VERITATE (El amor en la verdad) sobre el desarrollo humano integral.
Hacen parte del legado de la Doctrina Social de la Iglesia. Su sello da la seguridad o certeza necesaria ante otras afirmaciones sobre este tema.
1. Una primera temática, que podemos tocar al respecto, es la relación entre derechos y deberes.
Así, sobre todo después de la necesarísima Declaración de los Derechos Universales del Hombre de la Organización de la Naciones Unidas en 1948, la humanidad ha puesto el acento, casi de manera unilateral, en la defensa de los derechos humanos y ha dejado de lado los deberes anexos a dichos derechos.
Este dato está llevando a muchos a insistir sobre la necesidad de guardar un equilibrio entre derechos y deberes humanos.
Se descubre que hay un vacío al respecto. Dicho vacío es más notable aún en la relación entre pueblos opulentos y pobres: la excesiva afirmación de los derechos de unos, sin tener en cuenta los respectivos deberes, va en detrimento de las regiones y ciudades subdesarrolladas.
El Papa Benedicto XVI toma el tema entre sus manos y con claridad y precisión nos ofrece unas orientaciones muy interesadas y, por supuesto, de gran actualidad.
“La solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es también un deber. En la actualidad, muchos pretenden pensar que no deben nada a nadie, si no es a sí mismos. Piensan que sólo son titulares de derechos y con frecuencia les cuesta madurar en su responsabilidad respecto al desarrollo integral propio y ajeno.
Por ello, es importante urgir una nueva reflexión sobre los deberes que los derechos presuponen, y sin los cuales éstos se convierten en algo arbitrario. Hoy se da una profunda contradicción. Mientras, por un lado, se reivindican presuntos derechos, de carácter arbitrario y superfluo, con la pretensión de que las estructuras públicas los reconozcan y promuevan, por otro, hay derechos elementales y fundamentales que se ignoran y violan en gran parte de la humanidad.
Se aprecia con frecuencia una relación entre la reivindicación del derecho a lo superfluo, e incluso a la transgresión y al vicio, en las sociedades opulentas, y la carencia de comida, agua potable, instrucción básica o cuidados sanitarios elementales en ciertas regiones del mundo subdesarrollado y también en la periferia de las grandes ciudades.
Dicha relación consiste en que los derechos individuales, desvinculados de un conjunto de deberes que les dé un sentido profundo, se desquician y dan lugar a una espiral de exigencias prácticamente ilimitada y carente de criterios. La exacerbación de los derechos conduce al olvido de los deberes”.
2. Otra temática clave, al tratar el desarrollo, es la del crecimiento demográfico. También ello se relaciona con el tema de los derechos y deberes. Incluso se ha vendido y difundido ampliamente la idea de que la principal causa del subdesarrollo de los pueblos es el aumento poblacional.
Hay muchas razones válidas para cuestionar esta aseveración. Una de las más evidentes, actualmente, es la crisis misma por la que están pasando los países económicamente desarrollados, en los cuales se ha propiciado de manera sistemática una disminución de la natalidad con el fin de asegurar un alto estándard económico: Hoy no tienen gente para mantener ese estándard.
Con el Papa Benedicto XVI, podemos afirmar que “no es correcto considerar el aumento de población como la primera causa del subdesarrollo, incluso desde el punto de vista económico: baste pensar, por un lado, en la notable disminución de la mortalidad infantil y el aumento de la edad media que se produce en los países económicamente desarrollados y, por otra, en los signos de crisis que se perciben en la sociedades en las que se constata una preocupante disminución de la natalidad. Obviamente, se ha de seguir prestando la debida atención a una procreación responsable que, por lo demás, es una contribución efectiva al desarrollo humano integral”.
3. Otro tema reiterativo es el del necesario e imprescindible nexo entre ética, economía y desarrollo. Existe la honda convicción, en una gran parte de la población, de que la puesta en práctica de las exigencias morales más profundas de las personas tienen también importantes efectos beneficiosos en el plano económico.
“En efecto, la economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona.
Hoy se habla mucho de ética en el campo económico, bancario y empresarial. Surgen centros de estudio y programas formativos de business ethics; se difunde en el mundo desarrollado el sistema de certificaciones éticas, siguiendo la línea del movimiento de ideas nacido en torno a la responsabilidad social de la empresa.
Los bancos proponen cuentas y fondos de inversión llamados éticos. Se desarrolla una finanza ética, sobre todo mediante el microcrédito y, más en general, la microfinanciación. Dichos procesos son apreciados y merecen un amplio apoyo.
Sus efectos positivos llegan incluso a las áreas menos desarrolladas de la tierra. Conviene, sin embargo, elaborar un criterio de discernimiento válido, pues se nota un cierto abuso del adjetivo ético que, usado de manera genérica, puede abarcar también contenidos completamente distintos, hasta el punto de hacer pasar por éticas decisiones y opciones contrarias a la justicia y al verdadero bien del hombre”.
4. El sueño o ideal de que las empresas no estén dedicadas exclusivamente a producir ganancias para sus dueños, sino que vayan acompañadas de una representabilidad social bajo el signo de una distribución de los bienes, parecía hasta ahora irrealizable.
Sin embargo, está surgiendo un nuevo tipo de empresas, en las que aparecen más explícitos los nexos entre ganancia y ética social. Ellas abren una puerta de esperanza a los países más pobres y al futuro del desarrollo de la economía.
“Respecto al tema de la relación entre empresa y ética, así como de la evolución que está teniendo el sistema productivo, parece que la distinción hasta ahora más difundida entre empresas destinadas al beneficio (profit) y organizaciones sin ánimo de lucro (non profit) ya no refleja plenamente la realidad, ni es capaz de orientar eficazmente el futuro.
En estos últimos decenios, ha ido surgiendo una amplia zona intermedia entre los dos tipos de empresas.
Esa zona intermedia está compuesta por empresas tradicionales que, sin embargo, suscriben pactos de ayuda a países atrasados; por fundaciones promovidas por empresas concretas; por grupos de empresas que tienen objetivos de utilidad social; por el amplio mundo de agentes de la llamada economía civil y de comunión. No se trata sólo de un «tercer sector», sino de una nueva y amplia realidad compuesta, que implica al sector privado y público y que no excluye el beneficio, pero lo considera instrumento para objetivos humanos y sociales.
Que estas empresas distribuyan más o menos los beneficios, o que adopten una u otra configuración jurídica prevista por la ley, es secundario respecto a su disponibilidad para concebir la ganancia como un instrumento para alcanzar objetivos de humanización del mercado y de la sociedad. Es de desear que estas nuevas formas de empresa encuentren en todos los países también un marco jurídico y fiscal adecuado”.
5. Sobre los organismos de cooperación internacional surgen con frecuencia graves cuestionamientos. Las afirmaciones, al respecto, del Papa Benedicto XVI son claras y contundentes.
“La cooperación internacional necesita personas que participen en el proceso del desarrollo económico y humano, mediante la solidaridad de la presencia, el acompañamiento, la formación y el respeto. Desde este punto de vista, los propios organismos internacionales deberían preguntarse sobre la eficacia real de sus aparatos burocráticos y administrativos, frecuentemente demasiado costosos.
A veces, el destinatario de las ayudas resulta útil para quien lo ayuda y, así, los pobres sirven para mantener costosos organismos burocráticos, que destinan a la propia conservación un porcentaje demasiado elevado de esos recursos que deberían ser destinados al desarrollo.
A este respecto, cabría desear que los organismos internacionales y las organizaciones no gubernamentales se esforzaran por una transparencia total, informando a los donantes y a la opinión pública sobre la proporción de los fondos recibidos que se destina a programas de cooperación, sobre el verdadero contenido de dichos programas y, en fin, sobre la distribución de los gastos de la institución misma”.
6. Otro cuestionamiento de una mayoría de la humanidad actual respecto al desarrollo está relacionado con la naturaleza y el medio ambiente, particularmente con el uso y abuso de los recursos naturales no renovables.
Aquí unas afirmaciones reconfortantes del Papa Benedicto XVI, que crean certeza y marcan el rumbo del futuro:
“Hoy, las cuestiones relacionadas con el cuidado y salvaguardia del ambiente han de tener debidamente en cuenta los problemas energéticos.
En efecto, el acaparamiento por parte de algunos estados, grupos de poder y empresas de recursos energéticos no renovables, es un grave obstáculo para el desarrollo de los países pobres. Éstos no tienen medios económicos ni para acceder a las fuentes energéticas no renovables ya existentes ni para financiar la búsqueda de fuentes nuevas y alternativas.
La acumulación de recursos naturales, que en muchos casos se encuentran precisamente en países pobres, causa explotación y conflictos frecuentes entre las naciones y en su interior.
Dichos conflictos se producen con frecuencia precisamente en el territorio de esos países, con graves consecuencias de muertes, destrucción y mayor degradación aún.
La comunidad internacional tiene el deber imprescindible de encontrar los modos institucionales para ordenar el aprovechamiento de los recursos no renovables, con la participación también de los países pobres, y planificar así conjuntamente el futuro”.
Doy fe, en Santiago de los Caballeros, a los 19 días del mes de septiembre del año del Señor 2009.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es arzobispo de Santiago
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