INTRODUCCIÓNEs indiscutible que la globalización, como llamamos a ese proceso de socialización mundial, incide de manera única y nueva en el desarrollo de los pueblos, de cada pueblo. Es un tema de suma importancia, que interesa a todos: Desarrollo y globalización.
El Papa Benedicto XVI lo toca en diferentes partes de su Encíclica “CARITAS IN VERITATE” (La caridad en la verdad), sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad.
Aquí quiero fijarme únicamente en una serie de planteamientos significativos que él hace al respecto, en el capítulo III de la misma.
Hoy por hoy, no se puede pensar en desarrollo, en cualquier campo de la vida humana, sin contar con la globalización.
1 ESTADOS NACIONALES Y GLOBALIZACIÓN. Siempre ha habido relaciones entre los pueblos de la tierra o de una región desde muchos puntos de vista, con lazos más o menos estrechos.
La influencia mutua y recíproca, beneficiosa o no, entre las naciones es un hecho claro a lo largo de la historia.
Hace apenas cuarenta años el mundo, que tenía ante sí Pablo VI, quien tocó este tema en su Encíclica “El Desarrollo de los Pueblos”, ya estaba en un proceso avanzado de integración, pero no en los altos niveles alcanzados por el mundo actual.
Incluso él pudo hablar ya de una problemática social que había pasado de ser la propia de cada país a tener ribetes mundiales, pero que todavía se movía mucho dentro de las fronteras nacionales.
En esa época, igualmente, “la actividad económica y la función política se movían en gran parte dentro de los mismos confines y podían contar, por tanto, la una con la otra.
La actividad productiva tenía lugar predominantemente en los ámbitos nacionales y las inversiones financieras circulaban de forma bastante limitada con el extranjero, de manera que la política de muchos estados podía fijar todavía las prioridades de la economía y, de algún modo, gobernar su curso con los instrumentos que tenía a su disposición.
Por este motivo, la Populorum progressio asignó un papel central, aunque no exclusivo, a los «poderes públicos».
En nuestra época, el Estado se encuentra con el deber de afrontar las limitaciones que pone a su soberanía el nuevo contexto económico-comercial y financiero internacional, caracterizado también por una creciente movilidad de los capitales financieros y los medios de producción materiales e inmateriales. Este nuevo contexto ha modificado el poder político de los estados”.
La nueva situación de globalización pide a Estados y gobiernos un replantamiento de su papel frente a la economía como también a una mayor participación de las organizaciones de la sociedad civil y de los ciudadanos.
Es decir, que un mundo globalizado empuja a los pueblos más a formas de gobierno democráticos participativos que dictatoriales.
“Hoy, aprendiendo también la lección que proviene de la crisis económica actual, en la que los poderes públicos del Estado se ven llamados directamente a corregir errores y disfunciones, parece más realista una renovada valoración de su papel y de su poder, que han de ser sabiamente reexaminados y revalorizados, de modo que sean capaces de afrontar los desafíos del mundo actual, incluso con nuevas modalidades de ejercerlos.
Con un papel mejor ponderado de los poderes públicos, es previsible que se fortalezcan las nuevas formas de participación en la política nacional e internacional que tienen lugar a través de la actuación de las organizaciones de la sociedad civil; en este sentido, es de desear que haya mayor atención y participación en la res publica por parte de los ciudadanos”.
2 SEGURIDAD SOCIAL Y GLOBALIZACIÓN. La organización moderna de los Estados pide que se tengan sistemas sociales de protección y previsión. Son muchas las naciones, que ya gozan de estas necesarias ventajas comunitarias. Otros, subdesarrollados o en vía de desarrollo, carecen aún de ellas.
La globalización también incide en la seguridad social de manera directa y amenazadora.
“Desde el punto de vista social, a los sistemas de protección y previsión, ya existentes en tiempos de Pablo VI (hace cuarenta años) en muchos países, les cuesta trabajo, y les costará todavía más en el futuro, lograr sus objetivos de verdadera justicia social dentro de un cuadro de fuerzas profundamente transformado.
El mercado, al hacerse global, ha estimulado, sobre todo en países ricos, la búsqueda de áreas en las que emplazar la producción a bajo coste con el fin de reducir los precios de muchos bienes, aumentar el poder de adquisición y acelerar por tanto el índice de crecimiento, centrado en un mayor consumo en el propio mercado interior.
Consiguientemente, el mercado ha estimulado nuevas formas de competencia entre los estados con el fin de atraer centros productivos de empresas extranjeras, adoptando diversas medidas, como una fiscalidad favorable y la falta de reglamentación del mundo del trabajo.
Estos procesos han llevado a la reducción de la red de seguridad social a cambio de la búsqueda de mayores ventajas competitivas en el mercado global, con grave peligro para los derechos de los trabajadores, para los derechos fundamentales del hombre y para la solidaridad en las tradicionales formas del Estado social.
Los sistemas de seguridad social pueden perder la capacidad de cumplir su tarea, tanto en los países pobres, como en los emergentes, e incluso en los ya desarrollados desde hace tiempo”.
Para enfrentar esta situación se hacen necesarias las organizaciones de los ciudadanos, particularmente los sindicatos y asociaciones de trabajadores. Sin embargo, estos hoy sufren también amenazas y dificultades.
“El conjunto de los cambios sociales y económicos hace que las organizaciones sindicales tengan mayores dificultades para desarrollar su tarea de representación de los intereses de los trabajadores, también porque los gobiernos, por razones de utilidad económica, limitan a menudo las libertades sindicales o la capacidad de negociación de los sindicatos mismos.
Las redes de solidaridad tradicionales se ven obligadas a superar mayores obstáculos.
Por tanto, la invitación de la doctrina social de la Iglesia, empezando por la Rerum novarum, a dar vida a asociaciones de trabajadores para defender sus propios derechos ha de ser respetada, hoy más que ayer, dando ante todo una respuesta pronta y de altas miras a la urgencia de establecer nuevas sinergias en el ámbito internacional y local”.
3 EL HAMBRE Y LA GLOBALIZACIÓN. Reducir hasta eliminar el hambre en el mundo es tarea de todas las épocas y pendiente de solución en la humanidad.
Hoy el problema alcanza una explosión planetaria. Al hambre hay que unir actualmente la escasez de agua, de modo que hemos de colocar junto a la temática de la alimentación mundial la del empleo del agua.
“En muchos países pobres persiste, y amenaza con acentuarse, la extrema inseguridad de vida a causa de la falta de alimentación: el hambre causa todavía muchas víctimas entre tantos Lázaros a los que no se les consiente sentarse a la mesa del rico epulón.
Dar de comer a los hambrientos (cf. Mt 25,35.37.42) es un imperativo ético para la Iglesia universal, que responde a las enseñanzas de su Fundador, el Señor Jesús, sobre la solidaridad y el compartir.
Además, en la era de la globalización, eliminar el hambre en el mundo se ha convertido también en una meta que se ha de lograr para salvaguardar la paz y la estabilidad del planeta.
El hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional.
Es decir, falta un sistema de instituciones económicas capaces, tanto de asegurar que se tenga acceso al agua y a la comida de manera regular y adecuada desde el punto de vista nutricional, como de afrontar las exigencias relacionadas con las necesidades primarias y con las emergencias de crisis alimentarias reales, provocadas por causas naturales o por la irresponsabilidad política nacional e internacional.
El problema de la inseguridad alimentaria debe ser planteado en una perspectiva de largo plazo, eliminando las causas estructurales que lo provocan y promoviendo el desarrollo agrícola de los países más pobres mediante inversiones en infraestructuras rurales, sistemas de riego, transportes, organización de los mercados, formación y difusión de técnicas agrícolas apropiadas, capaces de utilizar del mejor modo los recursos humanos, naturales y socio-económicos, que se puedan obtener preferiblemente en el propio lugar, para asegurar así también su sostenibilidad a largo plazo.
Todo eso ha de llevarse a cabo implicando a las comunidades locales en las opciones y decisiones referentes a la tierra de cultivo.
En esta perspectiva, podría ser útil tener en cuenta las nuevas fronteras que se han abierto en el empleo correcto de las técnicas de producción agrícola tradicional, así como las más innovadoras, en el caso de que éstas hayan sido reconocidas, tras una adecuada verificación, convenientes, respetuosas del ambiente y atentas a las poblaciones más desfavorecidas.
Al mismo tiempo, no se debería descuidar la cuestión de una reforma agraria ecuánime en los países en desarrollo.
El derecho a la alimentación y al agua tiene un papel importante para conseguir otros derechos, comenzando ante todo por el derecho primario a la vida. Por tanto, es necesario que madure una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones.
Es importante destacar, además, que la vía solidaria hacia el desarrollo de los países pobres puede ser un proyecto de solución de la crisis global actual, como lo han intuido en los últimos tiempos hombres políticos y responsables de instituciones internacionales.
Apoyando a los países económicamente pobres mediante planes de financiación inspirados en la solidaridad, con el fin de que ellos mismos puedan satisfacer las necesidades de bienes de consumo y desarrollo de los propios ciudadanos, no sólo se puede producir un verdadero crecimiento económico, sino que se puede contribuir también a sostener la capacidad productiva de los países ricos, que corre peligro de quedar comprometida por la crisis”.
CONCLUSIÓNCERTIFICO que mi artículo “Desarrollo y globalización” está basado totalmente en el Capítulo III de la Encíclica “CARITAS IN VERITATE”, #24, 25 y 27.
DOY FE en Santiago de los Caballeros a los 18 días del mes de agosto del año del Señor 2009.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es arzobispo de Santiago
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