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El desarrollo hoy

Sábado 15 de Agosto de 2009 Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio
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INTRODUCCIÓN

En este artículo quiero destacar puntos de la Doctrina Social de la Iglesia tratados por el Papa Benedicto XVI en el capítulo II de su encíclica “CARITAS IN VERITATE” (El amor en la verdad), la cual versa sobre el desarrollo humano integral en la caridad y la verdad. También escribí sendos artículos a propósito de la introducción y del capítulo I de la misma encíclica.

Él toma como punto de partida temas tocados por el Papa Pablo VI en su encíclica, igualmente de corte social, “Populorum progressio” (El desarrollo de los pueblos) del año 1967.  Dichos temas los reafirma, los profundiza, los amplía y los actualiza.

Así, por ejemplo, Benedicto XVI resalta los problemas sobre desarrollo del tiempo de Pablo VI, los compara con los actuales y descubre unos que permanecen, algunos superados y otros nuevos, que exigen una reflexión especial sobre ellos y soluciones propias.

He aquí los puntos a los que me refiero.

1. DESARROLLO AYER Y HOY

Tanto en 1967 (Pablo VI) como ahora en el 2009 (Benedicto XVI), cuando la Iglesia se interesa por el desarrollo quiere indicar ante todo el objetivo de que los pueblos salgan “del hambre, la miseria, las enfermedades endémicas y el analfabetismo”.

Desde el punto de vista económico, eso significa la participación activa y en condiciones de igualdad de los pueblos “en el proceso económico internacional; desde el punto de vista social, su evolución hacia sociedades solidarias y con buen nivel de formación; desde el punto de vista político, la consolidación de regímenes democráticos capaces de asegurar libertad y paz”.

2. EL MODELO DE DESARROLLO DE LAS ÚLTIMAS DÉCADAS

Después de este objetivo del desarrollo, planteado hace años, tan realista y necesario, con el que todos estamos de acuerdo, ¿cuáles han sido los resultados?

Hay que decir que el modelo de desarrollo imperante, basado principalmente en la tecnología y en la ganancia, no ha logrado el desarrollo deseado.  Una prueba de ello es la crisis financiera moderna.

“La ganancia es útil si, como medio, se orienta a un fin que le dé un sentido, tanto en el modo de adquirirla como de utilizarla. El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último, corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza.

El desarrollo económico que Pablo VI deseaba era el que produjera un crecimiento real, extensible a todos y concretamente sostenible.

Es verdad que el desarrollo ha sido y sigue siendo un factor positivo que ha sacado de la miseria a miles de millones de personas y que, últimamente, ha dado a muchos países la posibilidad de participar efectivamente en la política internacional.

Sin embargo, se ha de reconocer que el desarrollo económico mismo ha estado, y lo está aún, aquejado por desviaciones y problemas dramáticos, que la crisis actual ha puesto todavía más de manifiesto.

Ésta nos pone improrrogablemente ante decisiones que afectan cada vez más al destino mismo del hombre, el cual, por lo demás, no puede prescindir de su naturaleza”.

3. LA SITUACIÓN ECONÓMICA ACTUAL

La situación económica de la humanidad de hace cuarenta años no es la misma de hoy.  Ésta se ha vuelto más compleja y grave.  ¿Qué hacer con ella?

“Nos preocupa justamente la complejidad y gravedad de la situación económica actual, pero hemos de asumir con realismo, confianza y esperanza las nuevas responsabilidades que nos reclama la situación de un mundo que necesita una profunda renovación cultural y el redescubrimiento de valores de fondo sobre los cuales construir un futuro mejor.

La crisis nos obliga a revisar nuestro camino, a darnos nuevas reglas y a encontrar nuevas formas de compromiso, a apoyarnos en las experiencias positivas y a rechazar las negativas.

De este modo, la crisis se convierte en ocasión de discernir y proyectar de un modo nuevo.

Conviene afrontar las dificultades del presente en esta clave, de manera confiada más que resignada”.

4. PAÍSES RICOS Y PAÍSES POBRES

Otro dato interesante, que muestra un cambio importante en cuanto al desarrollo en las últimas cuatro décadas, es el arrojado al hacer la comparación entre países ricos y países pobres.  Es un hecho que debe ser analizado y ponderado.

“Como ya señaló Juan Pablo II, la línea de demarcación entre países ricos y pobres ahora no es tan neta como en tiempos de la Populorum progressio. La riqueza mundial crece en términos absolutos, pero aumentan también las desigualdades.

En los países ricos, nuevas categorías sociales se empobrecen y nacen nuevas pobrezas.

En las zonas más pobres, algunos grupos gozan de un tipo de superdesarrollo derrochador y consumista, que contrasta de modo inaceptable con situaciones persistentes de miseria deshumanizadora. Se sigue produciendo «el escándalo de las disparidades hirientes».

Lamentablemente, hay corrupción e ilegalidad tanto en el comportamiento de sujetos económicos y políticos de los países ricos, nuevos y antiguos, como en los países pobres.

La falta de respeto de los derechos humanos de los trabajadores es provocada a veces por grandes empresas multinacionales y también por grupos de producción local. Las ayudas internacionales se han desviado con frecuencia de su finalidad por irresponsabilidades tanto en los donantes como en los beneficiarios.

Podemos encontrar la misma articulación de responsabilidades también en el ámbito de las causas inmateriales o culturales del desarrollo y el subdesarrollo.

Hay formas excesivas de protección de los conocimientos por parte de los países ricos, a través de un empleo demasiado rígido del derecho a la propiedad intelectual, especialmente en el campo sanitario. Al mismo tiempo, en algunos países pobres perduran modelos culturales y normas sociales de comportamiento que frenan el proceso de desarrollo”.

5. PUEBLOS DESARROLLADOS DE MANERA INCOMPLETA

“Hoy muchas áreas del planeta se han desarrollado, aunque de modo problemático y desigual, entrando a formar parte del grupo de las grandes potencias destinado a jugar un papel importante en el futuro.

Pero se ha de subrayar que no basta progresar sólo desde el punto de vista económico y tecnológico.

El desarrollo necesita ser ante todo auténtico e integral.

El salir del atraso económico, algo en sí mismo positivo, no soluciona la problemática compleja de la promoción del hombre, ni en los países protagonistas de estos adelantos, ni en los países económicamente ya desarrollados, ni en los que todavía son pobres, los cuales pueden sufrir, además de antiguas formas de explotación, las consecuencias negativas que se derivan de un crecimiento marcado por desviaciones y desequilibrio”.

6. NECESIDAD DE REPLANTEAR EL DESARROLLO ACTUAL

Es innegable que vivimos, de manera global, en un mundo en ebullición y pleno desarrollo.  Pero es ¿este el desarrollo integral, de todo el hombre y de todos los hombres?
El planteamiento de la doctrina social de la Iglesia es también claro al respecto:

“Tras el derrumbe de los sistemas económicos y políticos de los países comunistas de Europa Oriental y el fin de los llamados «bloques contrapuestos», hubiera sido necesario un replanteamiento total del desarrollo.

Lo pidió Juan Pablo II, quien en 1987 indicó que la existencia de estos «bloques» era una de las principales causas del subdesarrollo, pues la política sustraía recursos a la economía y a la cultura, y la ideología inhibía la libertad.

En 1991, después de los acontecimientos de 1989, pidió también que el fin de los bloques se correspondiera con un nuevo modo de proyectar globalmente el desarrollo, no sólo en aquellos países, sino también en Occidente y en las partes del mundo que se estaban desarrollando.

Esto ha ocurrido sólo en parte, y sigue siendo un deber llevarlo a cabo, tal vez aprovechando precisamente las medidas necesarias para superar los problemas económicos actuales”.

7. NUEVAS SOLUCIONES PARA EL DESARROLLO HOY

“Las grandes novedades que presenta hoy el cuadro del desarrollo de los pueblos plantean en muchos casos la exigencia de nuevas soluciones. Éstas han de buscarse, a la vez, en el respeto de las leyes propias de cada cosa y a la luz de una visión integral del hombre que refleje los diversos aspectos de la persona humana, considerada con la mirada purificada por la caridad.

Así se descubrirán singulares convergencias y posibilidades concretas de solución, sin renunciar a ningún componente fundamental de la vida humana.

La dignidad de la persona y las exigencias de la justicia requieren, sobre todo hoy, que las opciones económicas no hagan aumentar de manera excesiva y moralmente inaceptable las desigualdades y que se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos, o lo mantengan”.

8. EL DESARROLLO SIGUE SIENDO UN PROBLEMA ABIERTO

Como hemos venido diciendo, hace más de cuarenta años, la doctrina social de la Iglesia proclamó el desarrollo y su objetivo fundamental en labios de Pablo VI.  Su razón, de fondo, sin embargo, sigue siendo aún un problema abierto, que se ha hecho más agudo y perentorio por la crisis financiera que se está produciendo.

Así podemos decir que “aunque algunas zonas del planeta que sufrían la pobreza han experimentado cambios notables en términos de crecimiento económico y participación en la producción mundial, otras viven todavía en una situación de miseria comparable a la que había en tiempos de Pablo VI y, en algún caso, puede decirse que peor.

Es significativo que algunas causas de esta situación fueran ya señaladas en la Populorum progressio, como por ejemplo, los altos aranceles aduaneros impuestos por los países económicamente desarrollados, que todavía impiden a los productos procedentes de los países pobres llegar a los mercados de los países ricos”.

CONCLUSIÓN

CERTIFICO que todas las citas textuales de mi artículo “El desarrollo hoy” han sido tomadas del capítulo II de la “Encíclica Caritas in veritate”, del Papa Benedicto XVI, sobre el desarrollo humano en la caridad y en la verdad.

DOY FE, en Santiago de los Caballeros, a los 13 días del mes de agosto del año del Señor 2009.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es arzobispo de Santiago

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