Sábado, 04 de febrero de 2012 | 1:22 am

El desarrollo humano

Sábado 08 de Agosto de 2009 Ramón B. de la Rosa y carpio
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INTRODUCCIÓN

Ofrecí un artículo, basado sólo en la introducción de la enjundiosa encíclica “Caritas in veritate” del Papa Benedicto XVI, la cual trata sobre “el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad”.  Lo titulé “De nuevo el amor”.

Ahora quiero tomar sólo el capítulo I de la misma y destacar los conceptos que, sobre el desarrollo humano, Benedicto XVI toca en dicho capítulo.

De manera luminosa allí se recogen y profundizan las enseñanzas del Papa Pablo VI sobre este tema,  que hacen parte indiscutible de la Doctrina Social de la Iglesia.

El concepto de fondo, que lleva a la Iglesia a tocar el tema del desarrollo humano y a elaborar el conjunto de su doctrina en materia social, es su fe y convencimiento de que “estando al servicio de Dios, está al servicio  del mundo en términos de amor y verdad”.

De esta visión surgen nuestros dos primeros conceptos o grandes verdades sobre el desarrollo y los demás que siguen.

1. DESARROLLO INTEGRAL DEL HOMBRE

La primera gran afirmación o verdad “es que toda la Iglesia, en todo su ser y obrar, cuando anuncia, celebra y actúa en la caridad, tiende a promover el desarrollo integral del hombre.

Tiene un papel público que no se agota en sus actividades de asistencia o educación, sino que manifiesta toda su propia capacidad de servicio a la promoción del hombre y la fraternidad universal cuando puede contar con un régimen de libertad.

Dicha libertad se ve impedida en muchos casos por prohibiciones y persecuciones, o también limitada cuando se reduce la presencia pública de la Iglesia solamente a sus actividades caritativas”.

Es la firme seguridad, basada en esta verdad, que lleva a la Iglesia a promover y a defender no sólo el desarrollo individual sino también el desarrollo de la fraternidad universal:  el desarrollo, pues, ha de ser de toda la humanidad.

2. DESARROLLO DE LA TOTALIDAD DE LA PERSONA

La segunda gran afirmación o verdad básica “es que el auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a toda la persona en todas sus dimensiones”.

A este respecto, hay que resaltar la dimensión trascendente del ser humano, que si se deja de lado, el desarrollo quedará reducido a un incremento del tener y se cerrará al amor universal, necesario para el desarrollo integral de toda la humanidad y de la totalidad de la persona.

“Sin la perspectiva de una vida eterna, el progreso humano en este mundo se queda sin aliento.

Encerrado dentro de la historia, queda expuesto al riesgo de reducirse sólo al incremento del tener; así, la humanidad pierde la valentía de estar disponible para los bienes más altos, para las iniciativas grandes y desinteresadas que la caridad universal exige”.

Una visión del desarrollo sin trascendencia y cerrada en el tener, la podemos encontrar en un capitalismo salvaje.

3. EL DESARROLLO ES UN DERECHO Y UNA VOCACIÓN

Por otra parte, para situar el desarrollo, tal y como lo entiende la Doctrina Social de la Iglesia, hay  que verlo como un derecho y como una vocación, como algo que no puede ser impuesto desde fuera o de manera automática:  el desarrollo implica la participación de cada ser humano y de todos los seres humanos.

“El hombre no se desarrolla únicamente con sus propias fuerzas, así como no se le puede dar sin más el desarrollo desde fuera.

A lo largo de la historia, se ha creído con frecuencia que la creación de instituciones bastaba para garantizar a la humanidad el ejercicio del derecho al desarrollo. Desafortunadamente, se ha depositado una confianza excesiva en dichas instituciones, casi como si ellas pudieran conseguir el objetivo deseado de manera automática.

En realidad, las instituciones por sí solas no bastan, porque el desarrollo humano integral es ante todo vocación y, por tanto, comporta que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos.

Este desarrollo exige, además, una visión trascendente de la persona, necesita a Dios: sin Él, o se niega el desarrollo, o se le deja únicamente en manos del hombre, que cede a la presunción de la auto-salvación y termina por promover un desarrollo deshumanizado”.

4. EL AMOR CRISTIANO PRINCIPAL FUERZA DEL DESARROLLO.

La doctrina social cristiana busca unir lo humano y lo cristiano con miras a un orden social justo y fraterno.

Así puede afirmar que el “amor humano” es fuerza necesaria para el desarrollo, pero lo completa agregándole la realidad del “amor cristiano”.

De la misma manera capta, “la relación recíproca entre el impulso hacia la unificación de la humanidad y el ideal cristiano de una única familia de los pueblos, solidaria en la común hermandad”.

De ahí que el desarrollo, humano y cristianamente  entendido,  ha de considerarse como el corazón del mensaje social cristiano, siendo el amor cristiano la principal fuerza al servicio de dicho desarrollo.

5. DESARROLLO, TECNOLOGÍA Y DESVIACIONES

“Pablo VI ya puso en guardia sobre la ideología tecnocrática, hoy particularmente arraigada, consciente del gran riesgo de confiar todo el proceso del desarrollo sólo a la técnica, porque de este modo quedaría sin orientación. En sí misma considerada, la técnica es ambivalente.

Si de un lado hay actualmente quien es propenso a confiar completamente a ella el proceso de desarrollo, de otro, se advierte el surgir de ideologías que niegan in toto la utilidad misma del desarrollo, considerándolo radicalmente antihumano y que sólo comporta degradación. Así, se acaba a veces por condenar, no sólo el modo erróneo e injusto en que los hombres orientan el progreso, sino también los descubrimientos científicos mismos que, por el contrario, son una oportunidad de crecimiento para todos si se usan bien.

La idea de un mundo sin desarrollo expresa desconfianza en el hombre y en Dios. Por tanto, es un grave error despreciar las capacidades humanas de controlar las desviaciones del desarrollo o ignorar incluso que el hombre tiende constitutivamente a «ser más».

Considerar ideológicamente como absoluto el progreso técnico y soñar con la utopía de una humanidad que retorna a su estado de naturaleza originario, son dos modos opuestos para eximir al progreso de su valoración moral y, por tanto, de nuestra responsabilidad”.

6. DESARROLLO, SUBDESARROLLO Y RESPONSABILIDAD COMÚN.


De igual manera, “Pablo VI no tiene duda de que hay obstáculos y condicionamientos que frenan el desarrollo, pero tiene también la certeza de que «cada uno permanece siempre, sean los que sean los influjos que sobre él se ejercen, el artífice principal de su éxito o de su fracaso».

Esta libertad se refiere al desarrollo que tenemos ante nosotros pero, al mismo tiempo, también a las situaciones de subdesarrollo, que no son fruto de la casualidad o de una necesidad histórica, sino que dependen de la responsabilidad humana. Por eso, «los pueblos hambrientos interpelan hoy, con acento dramático, a los pueblos opulentos».

También esto es vocación, en cuanto llamada de hombres libres a hombres libres para asumir una responsabilidad común”.

7. PROMOVER A TODOS LOS HOMBRES Y A TODO EL HOMBRE.


La vocación al progreso o desarrollo impulsa a los hombres a “hacer, conocer y tener más para ser más”.

De esta afirmación surge una cuestión clave y decisiva: ¿qué significa “ser más”?

Pablo VI, y con él toda la Doctrina Social de la Iglesia, responde a dicha cuestión indicando la esencia del “auténtico desarrollo”:  “debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre”.

“Lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera”.

La visión cristiana del desarrollo afirma claramente que “la verdad del desarrollo consiste en su totalidad:  si no es de todo el hombre y de todos los hombres, no es verdadero desarrollo”.

8. CAUSAS DEL SUBDESARROLLO.

“La visión del desarrollo como vocación comporta que su centro sea la caridad. En la encíclica Populorum Progressio, Pablo VI señaló que las causas del subdesarrollo no son principalmente de orden material. Nos invitó a buscarlas en otras dimensiones del hombre.

Ante todo, en la voluntad, que con frecuencia se desentiende  de los deberes de la solidaridad. Después, en el pensamiento, que no siempre sabe orientar adecuadamente el deseo. Por eso, para alcanzar el desarrollo hacen falta «pensadores de reflexión profunda que busquen un humanismo nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a sí mismo». Pero eso no es todo.

El subdesarrollo tiene una causa más importante aún que la falta de pensamiento: es «la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos». Esta fraternidad, ¿podrán lograrla alguna vez los hombres por sí solos? La sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos.

La razón, por sí sola, es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia cívica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad. Ésta nace de una vocación transcendente de Dios Padre, el primero que nos ha amado, y que nos ha enseñado mediante el Hijo lo que es la caridad fraterna”.

CONCLUSIÓN

CERTIFICO que todas las citas textuales de mi artículo “El desarrollo humano” han sido tomadas del capítulo I de la “Encíclica Caritas in Veritate”, del Papa Benedicto XVI, sobre el desarrollo humano en la caridad y en la verdad.

DOY FE, en Santiago de los Caballeros, a los 5 días del mes de agosto del año del Señor 2009.
† Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio es arzobispo de Santiago

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