El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 181 que estableció la partición de Palestina en un Estado judío, un Estado árabe y una zona bajo régimen internacional que incluía a Jerusalén y Belén.
Esta Resolución 181 fue apoyada por 33 de las naciones occidentales –el 58% de los miembros de la ONU en ese momento–, pero con el voto disidente de los 10 países árabes.
Esta Resolución –que más que resolver la situación de la zona empeoró las cosas– exigía a ambos Estados garantizar derechos de igualdad para los ciudadanos, una unión aduanera y de moneda, ferrocarriles conjuntos y otros aspectos de soberanía compartida. Desde luego, nunca se implementó.
Con este fallo de origen –al finalizar el mandato británico en Palestina– el 14 de mayo de 1948 se declara la independencia de Israel. Ese mismo día los ejércitos de cinco países árabes (Jordania, Egipto, Siria, Líbano e Iraq) invadieron el recién creado Estado judío.
Sin entrar en el análisis del intríngulis del conflicto que se ha ido radicalizando con los años, hay que reconocer los grandes avances experimentados por Israel en estos 62 años de su instauración como Estado. Israel, no obstante ser una de las naciones más pequeñas del mundo –con sólo 20,700 km2 y con una población de ocho millones de personas– ha alcanzado admirables logros en su desarrollo económico, agrícola, médico, académico, científico y cultural, erigiéndose como una potencia mundial.
Prácticamente de la nada –con un territorio desértico sin recursos naturales– Israel ha creado novedosas técnicas agrícolas para forestar su país –incluso logrando el milagro de sembrar sobre las rocas– aplicando el sistema de riego por goteo, los invernaderos y plantando en los últimos 50 años más de 260 millones de árboles. La calidad de vida del israelí es una de las más altas del mundo, teniendo cubiertos todos los servicios básicos (educación, salud, energía, vivienda y asistencia social). Su expectativa de vida está situada en 81 años y el índice de delincuencia es uno de los más bajos del planeta –con un promedio de homicidios anuales de sólo 1.8%–.
El nivel académico de las instituciones de investigación israelíes puede aquilatarse por la cantidad de premios nobeles judíos, siendo una de las ocho naciones que puede enviar un satélite al espacio y un país donde el uso de las energías alternativas es masivo en su vida cotidiana. Estos son sólo algunos aspectos del extraordinario desarrollo logrado por los israelíes en poco más de seis decenios, lo único que les hace falta es lograr la paz en la región.
Miguel Reyes Sánchez es abogado
Comentarios (1)