La cumbre de Montreal sobre Haití celebrada el pasado lunes ha definido la ruta a seguir para la reconstrucción del vecino país.
Diversos proyectos, compromisos de ayuda permanente por lo menos los próximos diez años, condonación de la deuda externa y la coordinación del torrente tan grande de ayuda humanitaria sin que haya una capacidad instalada para su administración.
Los allí presentes estaban claros en la necesidad de que en Haití hay que partir de cero en todos los sentidos, desde la infraestructura física, el ordenamiento jurídico, la reinstalación de un aparato estatal e ir esculpiendo poco a poco los cimientos necesarios para erigir una nación.
Pero lo más importante era de dónde iba a salir toda la cooperación económica necesaria para realizar esta labor titánica.
Ya se habla de que nunca antes nación alguna había recibido una avalancha de asistencia tan grande como la que se está prestando a Haití.
En el mes de marzo se fijó la realización de una conferencia de donantes de Haití en la sede de las Naciones Unidas en New York para recabar la ayuda faltante para esta reconstrucción.
En la tarea de imponer el orden público y garantizar la seguridad ciudadana en Haití, ya Estados Unidos ha enviado 15,000 soldados, la Minustah aumentará su número a 12,500 efectivos militares, mientras la UE –en especial Francia y España-, enviarán una misión de gendarmería formada por policías.
Esa vecina nación tendrá una presencia militar internacional de más de 30,000 efectivos.
Esto también conlleva una coordinación estratégica de todas esas representaciones para evitar conflictos en la ejecución de las diversas tareas necesarias priorizando objetivos y mostrando un liderazgo entre la maraña de países presentes.
A medio y largo plazo, serán las tropas de la ONU las que permanecerán en el país, sobre todo porque llevan en él desde 2004 en una misión de estabilización que, paradójicamente, empezaba a dar sus primeros frutos.
Pero un punto determinante será la administración de toda esa ayuda, que debe contar con la asesoría necesaria y hasta la supervisión de organismos internacionales para tratar de que las ejecuciones e inversiones de esas cooperaciones sean dirigidas a los aspectos fundamentales de la reconstrucción.
Hay mucho que hacer, sobre todo planificación estratégica de los pasos que se van a dar para que esa nación y sus gentes puedan ir saliendo de tantas calamidades que le han perseguido por toda su historia.
Miguel Reyes Sánchez es abogado
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