En los últimos 30 años hemos sido testigos del período de mayores transformaciones en la humanidad.
Los seres humanos hemos logrado hazañas científicas y tecnológicas nunca imaginadas por nuestros predecesores y a veces noveladas como utopías.
Esos cambios trascendentales de la humanidad han promovido nuestro desarrollo, pero hay que estar conscientes de que también muchas veces se han distorsionado y provocado daños insospechados.
Ante esta realidad, la Iglesia Católica ha aprovechado la Cuaresma, la más importante festividad cristiana, para anunciar los nuevos pecados sociales, que deben sumarse a los clásicos pecados capitales establecidos por el papa Gregorio I, en el siglo VI.
Los siete pecados capitales son soberbia, envidia, gula, lujuria, avaricia, pereza y la ira. A estos se contraponen siete virtudes: humildad, caridad, templanza, castidad, paciencia, generosidad y diligencia, respectivamente.
A mediados del siglo pasado, Mahatma Ghandi había adicionado a su vez unos denominados pecados sociales: política sin principios; economía sin moral; bienestar sin trabajo; educación sin carácter; ciencia sin humanidad; goce sin conciencia; y culto sin sacrificio.
Todos estos denominados “pecados” han quedado un poco rezagados para las necesidades del mundo actual, que impone una dinámica globalizada y mucho más compleja, inimaginables mil quinientos años atrás -cuando fueron proclamados los primeros-, o casi cien años -cuando fueron establecidos los segundos-.
El arzobispo Gianfranco Girotti -obispo regente de la Penitenciaría Apostólica del Papa-, en una entrevista en el diario “L'Osservatore Romano”, de la Santa Sede, anunció siete nuevos pecados sociales.
Estos nuevos pecados sociales del siglo XXI son las violaciones bioéticas -como la anticoncepción-; los experimentos moralmente dudosos –como la investigación en células madre-; la drogadicción, la contaminación del medio ambiente; la contribución a ampliar la brecha entre los ricos y los pobres; la riqueza excesiva; y generar pobreza.
El arzobispo esgrimía que "uno no sólo ofende a Dios y al prójimo si roba, o si jura en el nombre del Señor en vano, o si desea la esposa de otro, sino que también se produce ofensa a Dios y al prójimo si, por ejemplo, se perjudica el medio ambiente, o se realizan experimentos que manipulan el ADN o dañan embriones".
Estos nuevos pecados están inscritos en una esfera más social que personal.
Miguel Reyes Sánchez es abogado
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