Cuando se trata de llevar a cabo una mediación en cualquier ámbito, lo más importante es que las partes tengan plena confianza en el mediador, que tengan claro que todos deben ceder algo para poder llegar a un consenso y deponer actitudes para realizar un diálogo franco en que ambos interlocutores puedan, en un clima de respeto, negociar los puntos de agendas susceptibles de cambio.
Desde el primer momento se veía que la mediación del presidente Oscar Arias iba a ser frustrada, no obstante tener vasta experiencia en estas lides, porque ninguna de las dos partes hacía asomo de ceder absolutamente nada. Sin embargo, al pasar de los días el presidente Zelaya fue aceptando todos los puntos de la hoja de ruta propuesta por Arias.
En toda esta mediación había un punto no negociable, que era la vuelta al redil democrático en Honduras, para no mantener ese precedente funesto en el área, lo que de plano fue descartado por los golpistas. Ante esta actitud intransigente automáticamente el diálogo perdía fuerza y la mediación quedaba frustrada.
Todos los demás puntos de agenda eran aceptados sin ningún tipo de reparos por uno y otro, pero el meollo del asunto: el retorno de Zelaya, quedaba de lado con la postura permanente de los golpistas.
Ante este rechazo de las autoridades de facto se presenta en estos momentos la disyuntiva de que se produzca en territorio hondureño una guerra civil, con la llegada intempestiva por una de las fronteras terrestre de Honduras del presidente Zelaya, quien ha llamado a la insubordinación civil. Pero esto es una medida peligrosa y arriesgada que puede hasta costarle la vida.
El Departamento de Estado de los Estados Unidos ha recomendado a Zelaya retrasar su llegada a Honduras para continuar la presión diplomática para tratar de devolverle la Presidencia de Honduras, aunque él ya tiene la decisión de retornar y hacer lo que sea necesario para defender la democracia de su país.
Ante esta virtual guerra civil la comunidad internacional debe seguir propugnando porque se respete la democracia hondureña y emplear todos los medios necesarios para que los golpistas puedan entregar el poder, desde luego y como una medida para hacer la transición menos traumática, cediéndole alguna amnistía por los delitos cometidos en la acción. Mientras tanto, la decisión de Zelaya de retornar sin garantías es una aventura que pudiera causar más daño que bien y hasta perecer en el intento.
Miguel Reyes Sánchez es abogado
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