No tenemos duda del buen desempeño al frente de su despacho, a través del cual numerosas personas, entre ellas mujeres, jóvenes, ancianos y niños de escasos recursos económicos han recibido su valiosa ayuda, en momento en que carecían de una mano generosa que los auxiliara a capear una imperiosa necesidad.
Es un privilegio hermoso de doña Margarita ayudar al prójimo desvalido, cuya maravillosa recompensa no se deja esperar de parte de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, cuando dice: “Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará Jehová.
Jehová lo guardará y le dará vida; será bienaventurado en la tierra y no lo entregará a la voluntad de sus enemigos.
Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor, mullirás toda su cama en su enfermedad” (Salmos 41:1-3).
Me emocionó oír a una apreciada y querida amiga, con lágrimas de agradecimiento y de gozo, al narrar de la valiosa ayuda que recibió del Despacho de la Primera Dama, luego de casi quedar abandonada a su suerte, al no contar con los recursos económicos necesarios para un costoso tratamiento médico.
Así como mi amiga, son muchas las personas que en estos momentos agradecen a doña Margarita por la ayuda proporcionada a través de su despacho, que también ha costeado valiosas obras de interés social a beneficio de los pobres, no solo en la capital, sino en todo el país.
Me apena mucho que algunas personas quieran involucrar ahora a la primera dama en la vorágine política como candidata presidencial.
Dicha actividad ha venido deshumanizando a muchos hombres y mujeres, que olvidan que una posición en el Gobierno es para servir al país y no para servirse de él, olvidándose de nuestra vergonzante pobreza que nos golpea.
No descartamos que a doña Margarita, al igual que todo ciudadano, y más con sus reconocidos méritos, le asiste el derecho de aspirar a ser gobernante, pero en estos momentos no es tarea fácil en un mundo tan complicado como en el que vivimos.
Es inevitable que gobernantes, amparados de buenas intenciones, tengan que lidiar con políticos y politiqueros, que solo piensan disfrutar de las mieles del poder. El mundo está siendo estremecido ahora mismo por los antivalores y problemas de inseguridad, políticos, económicos y naturales, que nos inquietan.
Queremos reconocer a doña Margarita en todo tiempo, no sólo como primera dama, sino como el hermoso ser humano que se ocupa de su prójimo y especialmente del desvalido, y recordarle lo que Dios dice: “A Jehová presta el que da al pobre y el bien que ha hecho se lo volverá a pagar”, (Prov. 19:17).
Miguel Matos es periodista
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