Los burros solterones del país están “chivos” por las recientes bodas de una pareja de sus congéneres en el Parque Zoológico Nacional, cuya madrina fue la primera dama, doctora Margarita Cedeño de Fernández, con el fin de proteger esa especie en peligro de extinción.
Ante esas nupcias, se ha producido un gran alboroto, en los campos del país, de los burros solteros y practicantes del amor libre, por la suerte corrida de sus congéneres, unidos por el indisoluble lazo matrimonial.
Los jumentos dudan de la versión de que sólo queden 500 ejemplares en el país, y algunos, lanzando el rebuzno al cielo, explicaron que los burros se han ocultado, afectados, no sólo por la actual crisis económica mundial, sino temiendo que algún desaprensivo desesperado trate de usarlos de materia prima para la fabricación de embutidos.
Los asnos que realizaban labores de carga, a las “marchantas”, vendedoras de productos agrícolas, fueron desplazados por el motoconcho, considerándolo como un golpe mortal a su “trabajo”, y obligándolos a deambular ociosamente por los campos, a mantener un bajo perfil, a convertirse en comilones y dormilones, así como víctimas del peligroso sobrepeso y obesidad.
Las burras prefieren mantener su estado de “madres solteras” y seguir reproduciéndose, para no cometer el error de “enredarse” de por vida con un compañero holgazán y polígamo. Sin embargo, no descartan un enlace si encuentran un buen partido y una madrina del calibre de la Primera Dama. Viajando por las carreteras del país, se pueden observar burros muy saludables y robustos, sus dueños se resisten a prescindir de ellos, y aunque no los utilizan, los conservan como si fueran “reliquias” muy valiosas.
Los burros solteros, polígamos y padres irresponsables, no son “soquetes”, al condicionar la remota posibilidad de futuros enlaces si los apadrina el Jefe del Estado, y que, al mismo tiempo, dicte un decreto proscribiendo la proliferación del motoconchismo en los campos, acusándolos de ser los responsables directos de que, ahora mismo, formen parte de un penoso panorama de asnos vagos y obesos. Los jumentos amenazaron que, como van las cosas, utilizarán todos los medios a su alcance para sobrevivir, como sería la formación de un sindicato, un partido político, o una ONG, donde quepan todos, y obtener así, “pingües beneficios”, vivir como un pachá, atraer apetecibles burras solteras para reproducirse “al por mayor y detalles”.
Asimismo, los burros no conciben estar en peligro de extinción, porque han continuado reproduciéndose, desde hace años, en ciertos estamentos sociales del país, que sería prolijo enumerar. Alegan que no se avergüenzan de ser burros, porque siempre han desempeñado un honorable rol, acompañando al laborioso campesino criollo.
Miguel A. Matos es periodista
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