En una ocasión conversaba con un amigo haitiano y éste decía que todo lo que está ocurriendo hoy en Haití es producto de una maldición, y que dudaba que ese conglomerado humano se convierta en un país civilizado donde impere la paz y el desarrollo socioeconómico.
Mi amigo, que está bien documentado de la historia de su país, dijo que Jean Pierre Boyer Bazelais, que fue el segundo presidente de la República de Haití, entre 1818 y 1843, maldijo al pueblo haitiano por su poco amor por sus nacionales y falta de unidad nacional.
La maldición se produjo cuando en la parte Oeste de la isla se inician conspiraciones contra Boyer a partir de 1827, las que obligan a que salga al exilio en enero de 1843.
También ha incidido, negativamente, en la vida cultural de Haití la práctica de la religión vudú, la cual según algunos entendidos, tiene ribetes satánicos, y junto con la maldición de Boyer, ese país se ha quedado rezagado, y considerado como una de las naciones más pobres del mundo.
Ahora, en el caso de la catástrofe de Haití, se ha organizado un feroz debate online acerca de las razones “culturales” de la pobreza en ese país, que es la principal causa de que el terremoto haya costado tal vez hasta 300,000 vidas, el cólera unas dos mil, agravando la situación la tormenta Tomás, así como también unos traumáticos comicios.
El columnista conservador de 'The New York Times' David Brooks en un artículo ha citado las razones que, en su opinión, contribuyen a la pobreza extrema en Haití: "La influencia de la religión del vudú, que disemina el mensaje de que la vida es caprichosa y planificar es fútil. (...)”. Altos niveles de desconfianza dentro de la sociedad.
Desde el dictador Duvalier, hasta el general Cedrás, ningún dirigente haitiano se ha atrevido a descuidar la todopoderosa influencia de la magia y religión vudú en Haití, y el presidente Aristide no es una excepción. A pesar de haber sido sacerdote católico, el pasado 19 de julio y tras haberse entrevistado con varios houngans (sacerdotes) y mambos (sacerdotisas), anunciaba oficialmente la construcción de un gran templo vudú en la capital. De esta forma Aristide igualaba la religión vudú a otras religiones, al otorgar a los voduístas una "catedral" equiparable a las iglesias bautistas, los templos masones, o las parroquias católicas.
No es que los haitianos se abstengan de citar, en los foros internacionales, la ayuda que han recibido de las autoridades y del pueblo dominicano en el aciago momento en que viven, tildándolos de ancestralmente ser “desagradecidos, irrespetuosos y a veces agresivos”.
Miguel A. Matos es periodista
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