Los últimos gobiernos democráticos que hemos tenido han concebido una estrategia de desarrollo dirigida a disminuir la pobreza, aumentar el presupuesto de educación, abaratar el costo de la vida, reforzar la seguridad ciudadana, preservar la salud del pueblo y prevenir la migración ilegal, pero todo ha quedado reducido a mucha espuma y poco chocolate.
En los gobiernos pasados y el presente, se ha discutido la necesidad de disminuir la pobreza, pero en la práctica, a nuestro modo de ver, se ha hecho muy poco. Con bonos para adquirir alimentos, dentro del programa “Comer es primero”, y otros, no se resuelve la situación del hambre ancestral, de los pobres del país, sino creando fuentes de trabajo.
Todavía se mantiene en crisis la educación pública, ya que del producto interno bruto, solo se consigna 2.8 por ciento, en lugar del incumplido 4%, establecido por ley, originando una carencia crónica de infraestructuras escolares.
Lo que ha producido varias movilizaciones de protesta. Los países con un alto índice de desarrollo dedican más de un 4 por ciento de su producto interno bruto a la educación, entendiendo que con la capacitación de los recursos humanos es que se logra el progreso de cualquier nación, como los casos Taiwán, Japón, Corea del Sur e Israel, que son potencias comerciales mundiales.
Es muy penosa la revelación del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en el sentido que la República Dominicana, en el 2010, ha avanzado menos en educación y salud que el promedio de América Latina y el mundo, a pesar de que tiene más ingresos.
Este informe del PNUD da a entender que las autoridades han perdido el sentido de la prioridad, embarcándose en costosas obras como, por ejemplo, la segunda vía del metro y el corredor Duarte, invirtiéndose sumas millonarias, que si se dedican a la educación y la salud, otra cosa sería nuestro país.
En cuanto a la salud pública existe descuido, porque cada vez que en el país se presentan brotes epidémicos, como el caso del dengue y la leptospirosis, las labores de prevención dejan mucho que desear. El temor del contagio del cólera, que afecta a Haití, constituye un serio reto para el Ministerio de Salud Pública, ya que nuestras fronteras son vulnerables al paso de indocumentados sufriendo la enfermedad.
En cuanto a la seguridad ciudadana, la idea de lanzar a las calles 14 mil nuevos policías, nos hace recordar el programa de Barrio Seguro, lográndose muy poco, pese a la inversión de cuantiosos recursos. Más que buenas intenciones, el país necesita que se tomen en cuenta las prioridades básicas.
Miguel A. Matos es periodista
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