Ocurrió en el mes de abril del año 1979 cuando viajamos a San José de las Matas, en la provincia Santiago, a la inauguración del Plan Sierra, acto encabezado por el entonces presidente Antonio Guzmán.
Este plan fue concebido con el propósito de preservar y mejorar el manejo sostenible de los recursos agua, suelo bosque y medio ambiente de la sierra, y su inauguración resultó como fue planeada. Pero al final se produjo algo inusitado. Para la ocasión, los organizadores prepararon un espléndido almuerzo, con variados platos de la cocina criolla, para todos los invitados. Guzmán y su comitiva, fueron recibidos por los directivos del Plan Sierra, encabezado por el señor Arturo Grullón, y de autoridades provinciales.
Centenares de personas, con mucho entusiasmo se desplazaron en autobuses, de distintos puntos de los municipios de la Sierra, de la provincia, para asistir al acto, figurando, además, representativos de las provincias La Vega, Monseñor Nouel y San Francisco de Macorís. Este plan, desde su inauguración, opera exitosamente. Los invitados especiales, incluyendo el presidente Guzmán y sus acompañantes, almorzaron en el interior del local que servía de oficina principal al proyecto, donde se ubicó la mesa presidencial.
Los demás asistentes disfrutaron de un buffet servido al aire libre, a base de platos de la cocina criolla, incluyendo un suculento y apetitoso sancocho de carne de chivo. Fue tan grande la demanda del sancocho, que no alcanzó para todos, ya que algunos de los comensales hasta se repitieron del sabroso plato. Otros, en cambio, se conformaron con disfrutar de los demás alimentos.
Tras la bendición inaugural, los discursos de orden y el almuerzo, se dio fin al acto, y los que viajaban en autobuses abordaron sus respectivos vehículos para retornar a sus comunidades. Durante el viaje, algunos se sintieron con malestares estomacales y fuertes cólicos, obligando a detener los vehículos en los paradores. Pero ocurrió que la demanda de sanitarios era mucha, pero la cantidad insuficiente, por lo que otros tuvieron que aventurarse a “resolver” a los montes para descargar sus adoloridos vientres.
En la entrada de los baños, se hacía fila, pero otros no aguantaron la espera. Uno de los campesinos dijo que la causa del problema fue quizás la elaboración del sancocho con una carne de chiva preñada. A decir verdad, los que no comieron del sancocho no sufrieron ningún tipo de inconvenientes.
Durante todo el trayecto, los viajeros soportaron, en silencio, los quejidos, lamentos y un aroma desagradable, dentro de los autobuses, y uno de ellos jocosamente dijo que lo que había ocurrido fue “la venganza de la chiva”.
Miguel A. Matos es periodista
Comentarios (1)