No se explica cómo parte de un pueblo, con tantos problemas, se preocupe ahora de un grupito empeñado en revivir la memoria de un sanguinario dictador como lo fue Rafael Trujillo, que desgobernó este país durante 31 años, dejando una sangrienta secuela de crímenes dolorosos y deleznables que afectó profundamente a toda la sociedad consciente de este país.
La tiranía de Trujillo, los que tuvimos la desgracia de vivir parte de ella, es un recuerdo desagradable, una funesta y amarga pesadilla que lamentablemente muchos sufrimos en silencio. No queremos la repetición de algo así, en la que fueron humilladas honorables familias, por no comulgar con el Jefe. Esas voces que se han levantado para protestar por el libelo que publicó la hija del tirano, Angelita, son las responsables de revivir una historia que pertenece a un pasado sombrío y olvidado, que nunca debió ponerse en vigencia, después de 49 años de haber sido ajusticiado el sátrapa de San Cristóbal.
La oposición que levantó la publicación de ese libro, le dio una connotación que no tenía, al despertar la curiosa morbosidad de propios y extraños, adquiriéndolo en librerías y clandestinamente. Si no se produce esa rabiosa oposición la obra de esa señora hubiera pasado aquí, sin pena y sin gloria. Ahora publican otro libro que plantea si Trujillo supo o no quién lo mató. También fue ridículo y desconcertante el acto celebrado el 30 de mayo, frente al lugar del ajusticiamiento del tirano. Allí los que hablaron fue para recordar algo doloroso, que debe olvidarse.
Ahora bien, lo que sí podemos asegurar es que aquí se evitará, a como dé lugar, el intento de cualquier aspirante a dictador que quiera perpetuarse en el poder. El pueblo consciente, honesto, enemigo de la corrupción y amante de la libertad, lo rechazará de plano, con o sin votos.
¿No es de todos sabido, hasta la saciedad, que Trujillo convirtió este país en un feudo personal, y muchos que hoy lo “adversan” estuvieron bajo su servicio, le rindieron culto, pleitesía, honores, cumpliendo incondicionalmente su férrea voluntad, como si perteneciera a una divinidad del Olimpo, y cuando lo ajusticiaron, éstos no fueron los primeros en llorarlo desconsoladamente?
Tampoco desconocemos que, durante la funesta era, Trujillo eliminó a todos sus adversarios, sin importarle su condición social, económica y de género, utilizando a un grupo de matarifes, del funesto Servicio de Inteligencia Militar (SIM), a cargo del asesino Johnny Abes García, muchos de los cuales, amparados por la impunidad, pululan hoy por las calles, sin que nadie los moleste.
Recuerden, muerto el perro, se acabó la rabia, y basta ya.
Miguel A. Matos es periodista
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