Mi abuela era una mujer muy soñadora y solía interpretar sus sueños para jugar número a las quinielas, pero rara vez se sacaba. Ella jugaba por necesidad, pero perdía por obligación. Sin embargo, algunas veces me pedía, especialmente los domingos en la mañana, que le interpretara sus sueños, y convertirlos en números, y jugarlos.
Muchas de las interpretaciones tenía que inventarlas, porque imagínese, no sabía cómo evadir o escapar de los sueños de mi abuela. Respiré cuando ella compró un librito para interpretar sueños y sus significados en números. Pero, no obstante, me seguía consultando.
Mi abuela cuando se soñaba con un policía que llevaba un detenido, decía que eran el 7 o el 71, y yo le replicaba que podría ser el dos; si veía un avión volando, según ella, era el ocho; con animales cuadrúpedos, el cuatro, y así sucesivamente. Me tenía casi a coger el monte con el asunto de los sueños, y para salir del paso le decía cualquier número.
Pero un día mi abuela me puso a pensar cuando me pidió la interpretación de un sueño en el que veía el país funcionando sin cámaras legislativas ni partidos políticos, y que todo marchaba bien. Le respondí que desconocía su significado. Imagínense, eso fue en los tiempos de la tiranía, cuando Trujillo se empeñaba en mostrar al mundo lo “democrático” de su gobierno, y con un solo partido, el Dominicano.
En esa época los legisladores percibían sueldos irrisorios, comparados con los de ahora, y hasta algunos llegaron a ocupar su curul honoríficamente, igual que síndicos y regidores. Los senadores y diputados eran, en su mayoría, intelectuales, personas notables y prestigiosas.
Los proyectos de ley, sometidos por el Poder Ejecutivo, eran bien elaborados y se aprobaban inmediatamente. ¿Qué hubiera sido si en estos tiempos mi abuela hubiera tenido ese mismo sueño? Yo lo hubiera interpretado como lo mejor que le podría pasar a este país, porque ahora las cámaras legislativas, con un presupuesto de 4,873 millones de pesos, son casi inoperantes, cajas de resonancia, pero no del pueblo, y plagadas de ineptos, que se representan a sí mismos y no a sus comunidades, laboran poco y disfrutan de privilegios irritantes.
Los partidos políticos, que recibieron para su campaña mil 85 millones de pesos, en su mayoría, sólo beneficiaron a sus dirigentes y clientelas.
Las denuncias de escándalos y corrupción son engavetadas. Mi abuela también hubiera interpretado ese sueño diciendo que sería como si el país se hubiera sacado el mejor premio del mundo, porque los recursos que se invierten en esas entidades, servirían para algo más beneficioso.
Eso sería un sueño agradable, no la realidad que vivimos, de un congreso y de partidos políticos, que han perdido credibilidad ante el pueblo, no solo por su pobre imagen, sino por su incapacidad de servir bien a este desventurado país.
Miguel A. Matos es periodista
Comentarios (2)
mi abuela que como la tuya sonaba por obligacion y necesidad. Es refrigerante, a la distancia del terruno patrio, poder rememorar la idiosincracia cultural quisqueyana. Dios te bendiga junto a mi tierra.