La Biblia es el conjunto de libros canónicos del judaísmo y el cristianismo, que transmite la palabra de Dios. La Biblia, o al menos parte de ella, se encuentra traducida a 2,303 idiomas.
Los dirigentes de una denominada Asociación de Ateos Dominicanos (Ateodom), hacen el ridículo al manifestar que el humanismo de los ateos y que los valores y virtudes humanas están por encima de lo dicho por la Biblia. Por lo que dicen, creo que no la han leído bien.
Es por la Biblia que conocemos a Dios, y su plan de salvación para la humanidad, a través de su Hijo Jesucristo. El apóstol Pablo dice: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”, (Hebreos 4:12).
El movimiento humanista ha sido acusado de secta, considerando su estructura piramidal no democrática y que su principal actividad es la captación de adeptos.
Recuerdo a un amigo ateo que le diagnosticaron cáncer terminal, comenzó a clamar desesperadamente al Dios que negaba, temiendo a la muerte, ya que su humanismo no le ayudaba mucho, pues había vivido para satisfacer sus sentidos y su ego. Murió pacíficamente al recibir a Cristo como su Señor y Salvador.
Pero ahora, los dirigentes de Ateodom están solicitando un puesto en la Feria del Libro, y dicen que la Biblia será el principal libro que ofrecerán en venta. ¡Bendita contradicción!, porque los ateos dominicanos van a contribuir a propagar la Palabra de Dios, la cual tiene el poder de transformar vidas, de hombres y mujeres, pecadores. ¡Alabado sea Dios!
Los ateos dicen que la religión divide a los hombres, siendo “la causa de la guerra, de las divisiones sociales incluso”. Pero Jesucristo, el Hijo del Dios viviente, no vino a fundar una religión, sino a restablecer la relación interrumpida, entre el hombre y su Creador, por causa del pecado, y darle vida.
Voltaire fue, sin duda, el ateo de más talento que el mundo ha conocido. Escribió 250 publicaciones, la mayor parte de ellas contra el cristianismo. Es lógico pensar que un hombre tan inteligente debería permanecer fiel a sus convicciones a la hora de su muerte; pero no fue así. Se sabe que dejó una declaración firmada en la que pedía a Dios perdón por sus pecados. Su amarga queja era que había sido abandonado por Dios y por los hombres. Con frecuencia, durante los días que precedieron a su muerte, gritaba: “¡Oh, Cristo! ¡Oh, Jesucristo!
Miguel A. Matos es periodista
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