La vida, pasión, muerte y resurrección de Cristo, no fue algo fortuito, porque según el apóstol Pedro, Jesús fue entregado por “el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios” (Hechos 2:23). Todo estaba predicho en las Escrituras, en el Antiguo Testamento, y su cumplimiento en el Nuevo Testamento.
En el Antiguo Testamento aparecen, desde Génesis hasta Malaquías, las profecías tocantes a todo lo acontecido a nuestro Señor y Salvador, aquí en la tierra, hace más de dos mil años, quien “estando en la condición de hombre se humilló así mismo, hasta lo sumo, haciéndose, obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”, (Filipenses 2:8).
Una de las primeras profecía acerca de Jesucristo, aparece en Génesis 3:15, en la que se indica que la Simiente de la Mujer aplastará la cabeza de la serpiente, refiriéndose a su muerte expiatoria y su victoria sobre el pecado. El patriarca Job, predice en el libro que lleva su nombre, en el capítulo 19:25-27, que el Redentor, es decir Jesucristo, resucitará.
El libro de Job es el más antiguo de la Biblia. Mientras que en I Samuel 7:13, se predice la eternidad del Reino Mesiánico, el cual se establecerá en esta tierra, la cual será totalmente renovada por el poder de Dios, donde prevalecerán el amor, la paz y la justicia, encabezado por Jesucristo.
En el libro de los Salmos proliferan profecías muy significativas, de las cuales citamos algunas: En el 2 se predice que el Mesías es Hijo de Dios; en el 16 se indica que su carne no verá corrupción, en vista de que a los tres días resucitó de entre los muertos; en el 22 se narran sus padecimientos en la cruz del Calvario; en el 30 que vino para cumplir la voluntad de Dios y en el 45 que el Mesías es Dios.
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