En lo que va del año 2010 se han producido en el mundo alrededor de 140 terremotos, siendo los más devastadores los ocurridos el 12 de enero en Haití, de 7.1 grados; y en los días 26, 27 y 28 de febrero en Japón, de 7.2 grados; en Chile, de 8.8 grados; en Argentina, de 6.4 grados, y el 1 de marzo, en Colombia, de 5.4 grados de la escala de Richter que, de acuerdo a los geólogos y sismólogos, se están rompiendo nuevamente los récords en desastres naturales.
Estos desastres han conmovido a la humanidad misma, lo que nos hace pensar en las benditas palabras del señor Jesús en su último sermón sobre el fin del mundo: “Y todo esto será principio de dolores”, (Mateo 24:8).
Como se recordará, el 2009 fue un año escalofriante, y todo parece indicar que el 2010, también va por ese camino, en vista de que los pronósticos de los expertos en economía mundial y en geología, anunciaron un año muy difícil, contradiciendo los augurios, de muchos mal llamados apóstoles y profetas, quienes anunciaron un año de prosperidad y quietud; aunque las palabras de los científicos no contradicen las grandes profecías de los profetas bíblicos.
En la cumbre de Copenhague, que se celebró el año pasado, más de cuatro mil científicos fueron contundentes en anunciar que estábamos enfrentando un anormal calentamiento del planeta Tierra, y que eso no es nada bueno para el futuro inmediato.
Por supuesto, miles de ambientalistas querían oír de los científicos que la culpa total del calentamiento global era de los seres humanos. Pero los científicos fueron muy claros al decir que no solo ha incidido las fuertes contaminaciones ambientales, sino que desde hace unos veinte años, el sol ha empezado a mostrar múltiples anomalías, que han ido aumentando drásticamente, como son las frecuentes explosiones solares, que envían más calor de lo normal sobre nuestro planeta Tierra.
Lo más grave de esto es que lejos de que esto pase rápido, seguirá empeorando cada año, según dicen los expertos en astronomía. Los científicos, de entidades como la NASA, confirman las palabras proféticas de las sagradas escrituras.
Algunas de estas profecías ya tienen más de dos mil setecientos años, como la anunciada por el profeta Isaías: “Y la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol será siete veces mayor, como la luz de siete días, el día que vendare Jehová la herida de su pueblo, y curare la llaga que él causó”, (Isaías 30:26). Aquí el profeta Isaías profetiza un período de calentamiento sin precedentes, y esto es lo que estamos viendo en estos últimos años, y no vendrá directamente producido por los propios humanos, sino del astro mayor, el Sol; y que también repercute sobre nuestro satélite natural, que es la Luna, la cual influye en nuestro sistema atmosférico.
Miguel A. Matos es periodista
Comentarios (9)
1 2