Constituye muy cuesta arriba la actitud del ministro de Hacienda, Vicente de Bengoa, de cuestionar el interés de grupos de empresarios de capital dominicano de adquirir el 49 por ciento de las acciones que posee el Estado de la Refinería Dominicana de Petróleo (Refidomsa), luego que el gobierno de Venezuela se desinteresó del negocio.
Representa una magnífica ventaja para cualquier país la existencia de inversionistas criollos que se ocupen de invertir en su lar nativo y de convertirse en accionistas de empresas estatales a fin de transformarlas en rentables, bajo la premisa de que el Estado es un mal administrador. Prueba de ello es la quiebra y desaparición de la mayoría de las empresas del Estado manejadas por la Corporación Dominicana de Empresas Estatales (Corde).
Sin embargo, Bengoa, en recientes declaraciones a la prensa, al tratar de desalentar a ese sector, manifestó que los empresarios dominicanos “llevarían a la Refinería a la quiebra y se quedarían con el negocio” y que “dejarla en manos de inversionistas criollos sería como poner a la Iglesia en manos de Lutero”.
Bengoa reaccionó así ante el anuncio hecho por el presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), Lisandro Macarrulla en el sentido de que esos grupos de capital dominicano tienen interés en participar en una licitación pública, ya que le asiste todo el derecho a adquirir por las vías legítimas esas acciones.
Macarrulla señaló que no se puede excluir los capitales dominicanos de su participación legítima en cualquier licitación que sobre las acciones de Refidomsa se abra al público. La compra de estas acciones se ha puesto sobre el tapete luego de que el Ministro del Poder Popular para la Energía y Petróleos de Venezuela, Rafael Ramírez, dijo que a su país ya no le interesaba el negocio.
Sin embargo, el gobierno dominicano ha esperado una posición oficial del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en tanto que Bengoa insiste que la nación sudamericana no ha comunicado oficialmente sobre el asunto.
El Gobierno anunció el año pasado que vendería a Venezuela el 49% de las acciones de Refidomsa por 131.5 millones de dólares, y el negocio estaba prácticamente concretado, cuando se produjeron las declaraciones de Ramírez.
El Estado pagó 110 millones de dólares a la petrolera holandesa Shell en 2008 para adquirir el 50% de las acciones de la Refidomsa, de la que ya poseía la otra mitad.
Entonces, ¿qué es lo que motiva al secretario de Hacienda Vicente Bengoa a no confiar en los inversionistas criollos, que constituye el sector más dinámico de nuestra economía, nutriendo con sus recursos las arcas del Estado, a través de la política impositiva del Gobierno?
Miguel A. Matos es periodista
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