Con pena y preocupación oímos a los jóvenes clamar para que el gobierno y la sociedad les preste atención ante el desamparo en que se encuentran, que los obliga a transitar por senderos que los conducen a un destino incierto y tenebroso.
Tal es el clamor de la joven periodista Carol Martínez, al manifestar, a través de este medio, que “en la cotidianidad de la vida, a los jóvenes sólo se les presta atención en los casos en que aportamos nuestra cuota a la política y se nos prometen oportunidades de trabajar y contribuir al desarrollo de nuestro país, oportunidades que no acaban de llegar”.
Y añade que “se nos presta atención cuando numerosos actos de delincuencia colman las páginas de los periódicos y se nos acreditan. Entonces ¿para qué somos jóvenes?”, se pregunta la joven Martínez, en una nota aparecida en este órgano informativo.
Su preocupación se hace aun más evidente cuando vuelve y se cuestiona: “¿Quiénes tienen que velar por nosotros? ¿Cuál es nuestro papel?, y ¿cuál es el de usted?”.
Es la sociedad dominicana la obligada a dar respuestas a tales cuestionamientos, porque la situación de nuestros jóvenes, especialmente aquellos que residen en barrios pobres, permeados por el narcotráfico y la delincuencia en todas sus vertientes, que son atraídos por la ilusión del dinero fácil y un efímero bienestar.
Me produjo también mucha inquietud las declaraciones formuladas, en un medio televisivo, el pasado 21 de diciembre del año pasado y recién reiteradas en la prensa escrita, del secretario de Interior y Policía, Franklin Almeyda Rancier, en el sentido que el 57 por ciento de las muertes violentas que suceden los fines de semanas corresponden a jóvenes en edades de 18 a 34 años, y de ellos el 92 por ciento son varones.
El funcionario afirmó que esta situación es indicadora de que en el país “estamos matando nuestra juventud, juventud masculina sobre todo”.
Y añadió que de acuerdo a las estadísticas los jóvenes están estudiando menos, pero toman más alcohol y son además la mayoría de las muertes que ocurren los fines de semana.
Esta situación calamitosa de una parte de nuestra juventud debe constituir una preocupación para todas las instituciones que tienen que ver con el desarrollo de nuestros jóvenes, que no son sólo el futuro del país, sino el presente.
No podemos dejar que lo más valioso de nuestra sociedad, la juventud, la estemos matando. Pero, todavía, gracias a Dios, existen reservas de jóvenes sanos, en sectores pobres, conscientes de su rol en la sociedad.
Confiamos que esas instituciones, especialmente la Secretaría de Estado de la Juventud, cuyo titular, es el licenciado Franklin Rodríguez, trabajen arduamente y traten de responder urgentemente, con acciones contundentes, al reclamo y a las inquietudes de la periodista Carol Martínez.
Miguel A. Matos es periodista
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