La República de Haití, el país más pobre de todo el continente occidental, tendrá ahora que recorrer un largo camino para recuperarse de esta dantesca tragedia, que fue el terremoto del 12 de enero, de la cual nosotros los dominicanos, en esta parte de la isla no estamos exentos de sufrir por estar encima de la misma falla.
El geólogo dominicano, Osiris de León, miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana, reveló, en un programa de televisión, que en el país muchas edificaciones de múltiples pisos, como las torres, no están preparadas para resistir un terremoto similar al que sufrió el vecino Haití, especialmente aquellos que se levantan con parqueos en la primera planta, debilitando así las bases y toda su estructura.
Esta tragedia, del vecino país, también afectará la economía de nuestro país, en vista de que Haití es un importante importador de productos dominicanos, especialmente de artículos de primera necesidad, que consumen los haitianos. Existe un importante intercambio comercial entre ambos países a través de los puntos fronterizos.
No estamos exentos de una tragedia similar, hoy le tocó a Haití, pero mañana, no lo permita Dios, nos podría afectar a nosotros. Ayudemos, de acuerdo a nuestras posibilidades, a nuestros vecinos a recuperarse de esta terrible desgracia.
Tenemos que recordar que en esta parte de la isla hemos sufrido, desde el siglo pasado, varios sismos importantes, entre otros, el del 11 de mayo de 1910 un fuerte terremoto estremeció la isla causando daños en Barahona, Baní, San Cristóbal, Azua, y en Santo Domingo; el 6 de octubre de 1911, se produjo uno de 7.0 en la escala de Richter, con epicentro en la Cordillera Central, entre los nacimientos de los ríos Yaque del Sur y el Artibonito, originando daños de consideración en toda la zona.
Mientras que el 11 de octubre de 1915 un fuerte sismo estremeció el este del país con una intensidad de 6.2 en la escala Richter, y el 24 de abril de 1916 se produjo otro sismo de intensidad 7.2 en la escala de Richter que estremeció el este del país, que causó grietas en Santo Domingo y pánico en la población. El 11 de octubre de 1918 también un terremoto de intensidad 7.5 en la escala de Richter sacudió las islas de Puerto Rico y la Hispaniola, causando daños en las provincias orientales.
En tanto que, el 4 de agosto de 1946 un devastador terremoto con epicentro en la bahía Escocesa de la República Dominicana con intensidad 8.1 en la escala Richter, produjo un tsunami y se sintió en todo el país donde causó daños estructurales en Puerto Plata, San Francisco de Macorís, Salcedo, Moca, La Vega, Santiago, San Pedro de Macorís, Monte Plata y Santo Domingo. Las réplicas del 8 de agosto y del 21 de agosto fueron tan fuertes como el sismo, provocando un pánico general.
Miguel A. Matos es periodista
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