Todos estamos conscientes que nuestro país está pasando por una situación difícil en el orden económico, político y social. Sería un crimen querer ocultar o disfrazar esa realidad, porque lo que está a la vista no necesita espejuelos.
Para levantar este país se requiere de un hábil taumaturgo, porque cada día se complica la situación de la gente, especialmente de la clase pobre, cuyo crecimiento es indetenible.
La situación se ha ido complicando tras producirse el colapso económico en Norteamérica, que afectó a las economías del mundo, y será muy lenta su recuperación. Fue risible, cuando uno de nuestros genios del equipo económico anunció que la economía del país estaba “blindada”.
Aquí, no todo marcha bien, y el Gobierno que se hace de la vista gorda lo sabe, ya que para pagar los sueldos de noviembre y diciembre de este año, incluyendo la regalía pascual, tuvo que acudir a organismos financieros internacionales. ¿Entonces, de dónde sacaremos los recursos para pagar los sueldos de los servidores de la administración pública el próximo año y la amortización de la deuda externa? Esa es la pregunta del millón.
No es un secreto que nuestras principales fuentes de ingresos de divisas, como son el turismo, las empresas de zonas francas y las remesas del exterior, están en crisis. Ahora la situación se ha complicado con las venideras elecciones congresuales y municipales, en la que el Gobierno, a través de la Junta Central Electoral (JCE), tendrá que erogar recursos para el financiamiento de los partidos.
Espero en Dios que ocurra un milagro para que este país siga subsistiendo, que los recursos del Estado sean utilizados para beneficiar a los pobres y que no caigan en bolsillos de corruptos; que en el país se creen fuentes de trabajo, para que desaparezcan las humillantes dádivas a los pobres; espero en Dios que aquí reine la paz y la seguridad ciudadanas y que cesen los intercambios de disparos entre la policía y los supuestos delincuentes; que los programas sociales funcionen, y aprovecho para citar el buen trabajo que realizan, entre otros, el despacho de la Primera Dama, doña Margarita Cedeño, así como el secretario de la Juventud, licenciado Franklin Rodríguez.
No podemos dejar que nuestro país se caiga a pedazos a consecuencia de la corrupción, el crimen, el narcotráfico, la injusticia y demás lacras; y espero en Dios que todos unidos, Gobierno y sociedad, trabajemos con honestidad en bien de este terruño en el que nacimos y moriremos.
Espero en Dios que todos los dominicanos pensemos que en nuestro amado terruño tenemos que unirnos con un propósito, y es ayudarnos mutuamente como hermanos, dejando de lado el egoísmo.
Miguel A. Matos es periodista
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