Hay una inquietud colectiva de muchas personas que ponen en duda su participación como votantes en los comicios venideros a celebrarse el 16 de mayo del año próximo, para elegir a legisladores, síndicos y regidores, desestimando su deber ciudadano de acudir a las urnas, por la actitud de nuestros políticos.
Se entiende esa inquietud, porque durante los regímenes democráticos que hemos tenido, los políticos proclaman en sus campañas acabar con la pobreza, pero no se sabe si es la de ellos o la del pueblo.
Cuando suben al poder, de inmediato les entra una amnesia, olvidándose de sus promesas, ante la protesta e inconformidad aún de aquellos que votaron a su favor.
Este es un país tercermundista, con un alto porcentaje de personas que vive bajo una situación de extrema pobreza y una mermada clase media, con grandes necesidades. La gente espera una mejoría de su situación, la que nunca llega ni llegará por los malos manejos que hacen los políticos de los recursos del Estado.
La mayoría del pueblo consciente no cree en los políticos, y los mide a todos con la misma vara.
Desde hace años los pobres esperan oportunidad para educarse, fuentes de trabajo, salubridad y otras conquistas que les permitan vivir con dignidad, pero solo se benefician “los que se fajaron” en la política, y eso ha desencantado al pueblo.
Los políticos criollos ignoran que la permanencia de un régimen democrático depende del buen desenvolvimiento de la clase política, y de la buena voluntad de sus líderes.
La esperanza de la gente es que aquí surja una nueva generación de hombres y mujeres líderes que le duela su país y esté dispuesta a trabajar con honestidad, y que se conduela de los pobres y los marginados. Pero, la política de ahora es un lucrativo negocio.
Mientras la mayoría de los legisladores, síndicos y regidores se han hecho millonarios de la noche a la mañana, muchos quieren ser reelectos para seguir siendo más ricos y los pobres más pobres, y es por eso que muchas personas, que no pertenecen a ningún partido, son indiferentes a participar en estos comicios congresuales y municipales, desencantados por no seguir con más de lo mismo.
Para colmo, ahora los políticos modifican la Carta Magna a disgusto de una gran mayoría del pueblo, con acuerdos no claros, y hacen lo que les viene en gana sin tomarlos en cuenta. Ahora, los potenciales votantes que, por las experiencias pasadas y presentes, aprendieron a no ser manejados como borregos.
Y por eso es la inquietud de muchos que se preguntan: “Votar, ¿para qué”? Pero, a pesar de todo, hay que acudir a las urnas, para preservar lo que aún tenemos y entendemos por democracia.
Miguel A. Matos es periodista
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