En Latinoamérica se están dando dos preocupantes fenómenos políticos, por un lado la utilización de la modificación de constituciones que prohíben la reelección o la interpretación de sus disposiciones por organismos judiciales complacientes como mecanismo para mantenerse en el poder, y por el otro, el legar candidaturas a familiares o acólitos para conservar cuotas de poder.
Dos casos contrastan, por un lado el de Colombia en el que el tribunal constitucional decidió de manera responsable sobre la imposibilidad para el entonces presidente Álvaro Uribe de volverse a presentar en las elecciones presidenciales, y el de Nicaragua, en el que una corte Suprema, controlada por el presidente Daniel Ortega, llegó al extremo de dictar una sentencia disponiendo absurdamente que la disposición constitucional relativa a la reelección, no tenía efectos respecto de éste.
Luego de coquetear con la idea de reelegirse por un tercer período, Álvaro Uribe promovió como candidato a Juan Manuel Santos, quien fuera su ministro de Defensa.
En Costa Rica, Oscar Arias no intentó repostularse, pero logró traspasar el alto porcentaje de satisfacción con que despedía su mandato a la actual presidente, Laura Chinchilla, quien fuera su vicepresidente y ministra. En Brasil, Lula Da Silva empujó con gran pasión a su ex ministra Dilma Russef, convirtiendo su campaña presidencial en suya, la cual también se benefició del alto nivel de aceptación con que despedía Lula sus dos gobiernos.
En Argentina, los Kirchner simplemente decidieron compartir el poder, sucediendo la actual presidente Cristina Fernández a su esposo Néstor en la primera magistratura de la nación; aunque en una confusión de lecho y gobierno al extremo que, ante el súbito fallecimiento de Néstor muchos aseguran que su muerte equivale a la del presidente en funciones.
En las conflictivas recientes elecciones celebradas en Haití, también se evidenció este fenómeno, ya que los dos candidatos que partían como favoritos eran por un lado Jude Célestin, yerno del actual presidente René Préval, quien abatido por su enfermedad prefirió endosarle el cargo, y la viuda del expresidente Leslie Manigat, Mirlande Manigat.
En Perú, país en el que se celebrarán elecciones el año próximo y en el que el presidente Alan García no ha intentado repostularse, desde ya se tiene como uno de los candidatos favoritos a la hija del ex presidente Alberto Fujimori, Keiko. De tanto utilizar las constituciones para acomodar las pretensiones de reelegirse de algunos líderes o de buscar la manera de conservar cuotas de poder a través de mandatos endosados como si se trataran de oficios ministeriales legados en la Edad Media, vamos a desnaturalizar la democracia, convirtiéndola en dictaduras pseudo constitucionales carentes de legitimidad o en democracias monárquicas en las que la sucesión es decidida por el presidente.
Por eso debemos analizar con seriedad estos fenómenos que amenazan los regímenes democráticos de que actualmente goza nuestra América Latina.
Marisol Vicens Bello es abogada
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