El caso chileno es interesante de analizar, entre otras cosas como la historia de un pueblo que ha sido capaz de transformar circunstancias adversas para extraer resultados positivos, como acaba de suceder con el rescate de los 33 mineros que estuvieron confinados durante más de 60 días en la mina de San José.
El orgullo chileno ha sido exhibido como nunca al mundo, demostrando como señaló su presidente Sebastián Piñera que “dijimos que no nos íbamos a rendir y no nos rendimos”, así como una gran capacidad organizativa y unidad nacional; convirtiendo una tragedia en una gesta heroica.
Mucho se ha debatido sobre el denominado “pesimismo dominicano” y también sobre la supuesta falta de identidad y orgullo de nuestros ciudadanos. Las causas son múltiples, pero sin lugar a dudas una de ellas es la histórica falta de confianza en nuestras instituciones.
No es un azar que los chilenos creyeran en que podrían realizar el rescate actuando unidos gobierno, empresarios, organizaciones y ciudadanos. Hechos fehacientes han permitido a ese pueblo alimentar su autoestima.
Y eso es precisamente lo que nos hace falta, que nuestras instituciones nos den motivos para mejorar la nuestra, razones para sentirnos orgullosos adicionales a las que nos proveen las victorias de nuestros deportistas o los méritos alcanzados por algunos de nuestros grandes artistas o compatriotas. Necesitamos contar con líderes que sean capaces de hacernos creer que aunque sea difícil, es posible transformar nuestra sociedad y superar sus problemas fundamentales.
Lamentablemente nuestras autoridades a veces menosprecian las expresiones de frustración o de apatía de la sociedad, sin hurgar en sus causas o simplemente continúan afanosamente mostrando un mundo que solo existe en su imaginación y que acrecienta la falta de fe de muchos en cualquier propuesta.
Así como en Chile el rescate de esos 33 mineros sirvió para unirlos y acrecentar la fe en ellos mismos y la confianza en sus autoridades, en nuestro país, por el contrario, la reciente selección de los miembros de la JCE sin tomar en cuenta la baja credibilidad que los seleccionados y el proceso generarían, ha aumentado el sentimiento de desconfianza en los dominicanos.
De continuar este círculo vicioso las consecuencias serían muy negativas, por eso necesitamos construir la fe en que podemos como nación lograr en conjunto, lo que individualmente muchos han conquistado, para que ésta no siga siendo una sociedad de oportunidades para unos pocos.
Para lograr eso necesitamos inyectar al pueblo dominicano una alta dosis de credibilidad y confianza, trabajando su lacerada autoestima. Esto sólo se conseguirá con hechos que hagan sentir a cada ciudadano que vive en un Estado donde su opinión cuenta y en el cual se trabaja por su bienestar.
Así construiremos ciudadanos más orgullosos y optimistas, lo demás es pura publicidad.
Marisol Vicens Bello es abogada
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