Cuando se analizan los resultados del último informe de desempeño de República Dominicana, según el índice global de competitividad 2010-2011 del Foro Económico Mundial en el que ocupamos el lugar número 101 entre 139 países, parecería que hay dos países, el que se promueve con cifras halagüeñas de crecimiento sostenido y el que describen estos índices.
Aunque puede justificarse que la pérdida de seis posiciones en este año se debe al ingreso de seis nuevos países, a pesar de que cuatro de ellos son africanos, de todas maneras estos resultados deberían ser motivo de una gran reflexión y contrición, pues si seguimos pensando que estamos haciendo las cosas bien, nunca mejoraremos.
Los resultados en educación no pueden ser más devastadores, ocupamos el lugar 136 de 139 en calidad de educación en matemáticas y ciencias, así como el 133 en calidad del sistema educativo en general.
En institucionalidad también estamos en lamentable situación, llamando la atención entre muchos de los índices el que nos coloca en último lugar, esto es el 139, en favoritismo en la toma de decisiones de funcionarios para asignar contratos, y el del gasto innecesario del Gobierno, para el cual ocupamos la posición 138.
Si seguimos exaltando un progreso y modernidad que sólo existe para una minoría, en vez de avanzar, vamos a seguir retrocediendo, pues estaríamos haciendo lo mismo que el alumno que saca malas calificaciones y no enmienda su conducta.
Nuestras autoridades anuncian resignadamente que no podremos alcanzar algunos de los Objetivos del Milenio, entre los cuales está en primer lugar erradicar la pobreza extrema y el hambre; así como lograr la enseñanza primaria universal, mejorar la salud materna, combatir el VIH/Sida, el paludismo y otras enfermedades, todos con metas específicas de cumplimiento para el 2015.
Y lo triste es que no solamente no podremos alcanzar las metas proyectadas en cinco años, sino que si continuamos sin reflexionar sobre las causas que nos lo impidieron y nos mantienen en los últimos lugares de medición internacional, continuaremos exhibiendo un crecimiento y desarrollo en cifras, que no se justifique en los hechos.
De los cinco principales factores que afectan nuestro país, según el referido Foro, el primero es la corrupción y el segundo la burocracia. Parecería que ni nuestras autoridades ni nuestro liderazgo político entienden que no hay camino hacia el desarrollo que no sea superar los obstáculos que nos tienen atrapados en el subdesarrollo.
Mientras cada gobernante piense que debe gobernar para satisfacer su objetivo de mantenerse en el poder, beneficiando a su partido y amigos, los intereses del país siempre estarán relegados y no habrá espacio para reducir la corrupción y la burocracia. Lamentablemente, si nos resignamos y no luchamos por transformar esta visión, seguiremos teniendo un país con dos realidades.
Marisol Vicens Bello es abogada
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