Si bien Latinoamérica superó la época de las dictaduras y constantes golpes de Estado perpetrados por militares, esto no significa que haya alcanzado la plenitud de la democracia.
Sobre todo si entendemos el verdadero concepto de democracia que como recientemente señaló el ex presidente de Costa Rica Oscar Arias, “… es mucho más que promover constituciones, firmar cartas democráticas o votar en elecciones periódicas; es mucho más que una camisa que se viste en los domingos y en los días de guardar. Es una forma de vida”.
En la última década hemos visto como en nuestra América Latina gobiernos elegidos por el voto popular han cercenado los principios fundamentales de la democracia, la libertad de expresión, de tránsito, de asociación, así como el sagrado derecho de propiedad.
Sin embargo, tales atropellos no ocupan la atención como deberían de la comunidad internacional que en ocasiones se convierte en “gendarme” de las conductas, pero en otras se muestra complaciente, cerrando los ojos ante la gravedad de los atentados cometidos.
Es que lamentablemente riqueza obliga, por eso el comandante Hugo Chávez ha podido hacer y deshacer en su país, expropiando propiedades, desconociendo libertades y derechos, incluso los de multinacionales, sin que haya verdaderamente recibido una reprobación de los gobiernos, ya que ha tenido la habilidad de dejar abierta la llave del petróleo a las naciones poderosas, aunque públicamente tanto ironiza en su lenguaje populista.
En la Conferencia Internacional del Trabajo que se está celebrando en Ginebra, el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela fue llevado nuevamente a la comisión de normas por violación al derecho de libertad de asociación o sindical de los empresarios privados de ese país; denuncia que fue corroborada por un informe de una comisión de expertos designada por la OIT que pudieron constatar las violaciones cometidas contra la cúpula empresarial, sus directivos presentes y pasados, así como contra todos los grandes empresarios, como el caso más reciente del importante Grupo Polar.
Sin embargo, los países del Grupo Geopolítico de América Latina y el Caribe (Grulac), encabezados por Brasil y seguidos naturalmente por Cuba, Argentina y Nicaragua decidieron nuevamente asumir una defensa a ultranza del gobierno bolivariano, perdiendo toda objetividad para juzgar sus violaciones.
Uno de los hechos más simbólicos mencionados en el referido foro fue la denuncia de que las manifestaciones dirigidas hacia la sede de Fedecamaras salen desde las instalaciones de PDVSA, empresa dirigida por el primo del Comandante; lo que deja ver claramente que del seno de la misma no solo destila oro negro sino también política populista y evidencia como actúa el socio que ha escogido el gobierno dominicano para nuestra Refinería.
El respeto al derecho ajeno, a la libertad de expresión, de asociación o de empresa es uno solo, no se pueden desconocer todos los derechos de uno y todavía pretender ser un demócrata.
Lamentablemente, la doble moral de la comunidad internacional e incluso de sectores que permanecen callados en silencio cómplice seguirá permitiendo que situaciones como estas se den bajo la mirada impasible del mundo. Al menos, mientras entiendan que así les conviene.
Marisol Vicens Bello es abogada
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